Diversidad cultural

En dos aspectos fundamentales de la evolución humana se están orientando las decisiones que han de conformar el mundo en que tendremos que desenvolvernos en el futuro inmediato: la cultura y el comercio.

En ambos sentidos la característica humana es de la variedad, la constante superación y, por lo tanto, de la libre iniciativa. De otro modo se amordazaría la invención y la creación literaria y, desde luego, la caracterización propia de cada país, aspecto fundamental en tiempos de la creciente integración internacional. Toda limitación propicia a una regimentación tendería a perjudicar a la imaginación creadora de los individuos, de las entidades y de los países.

Afortunadamente ha prevalecido el buen sentido y el espíritu creador, ya sea nacional o individualista, está garantizado por la concepción de la Unión Europea.

Lo mismo sucede en cuanto al comercio cuya libertad tiene que ser cada vez más completa; compartida sí, pero abierta a toda iniciativa. Así el comercio tiene que avanzar, y de hecho lo está haciendo, hacia sistemas de mayor libertad, de nuevas aperturas e iniciativas; es decir de oportunidades, sobre todo para los países en crecimiento.

Para salvar tales diversidades están ya todos de acuerdo, es decir que, en ello, hay unanimidad o sea el compromiso colectivo de que no se las toque. Eso genera un sistema de protección que se escuda en la norma de la unanimidad. Allí tienen voz y voto los grandes y los pequeños. Con ello los países tienen libre el campo para desarrollar su propia fisonomía.

Con acierto el campeón de la gran integración continental europea de nuestro tiempo, Valery Giscard d’Estaing, se ha declarado partidario rotundo de la diversidad cultural, la misma que, tal como la comercial, va a deshacer las objeciones de los euroescépticos.

Por lo demás, el trabajo que ha logrado la Comunidad con sus especialistas de todos los países miembros de la Unión Europea, ha sido enviado en su versión francesa a la Academia de Francia para su revisión idiomática, la cual ya ha sugerido unas 900 correcciones, incluidas comas y mayúsculas. A continuación han movido al conjunto resultante los juristas y esperan que las academias de los otros miembros hagan lo propio en los once idiomas de la Unión. Los hombres de la ley consideran que el documento puede salir adelante con un mínimo de observaciones y entrar en vigencia para su destino mundial cubriendo la historia europea de los próximos 30 años.

En las escasas tres semanas en que el proyecto ha estado en trance de estudio, si bien ha merecido lejanos comentarios de sentido reformista, es muy poco lo que parece va a llegar a la reunión de análisis de Roma, en temas como el de la presidencia permanente del Consejo Europeo como institución básica de la Unión, en lo cual se han interesado Finlandia y Dinamarca. Aparte de eso, no han aparecido otros grandes planteamientos, por lo menos al principio, y así el ánimo de la aprobación general parece contar con campo despejado. PARIS

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