Europa: una crisis jaquea a los partidos de izquierda

| El PSOE no ha capitalizado el rechazo a las políticas de Aznar; los franceses intentan resistir a sectores radicalizados

MADRID | LA NACION-GDA

Casi al mismo tiempo, el alerta sonó en los principales partidos socialistas de Europa, que —lejos de la gloria de los 90, cuando sus líderes gobernaban en buena parte del continente— están ahora no sólo derrotados en las urnas, sino, lo que es peor, sumidos en una crisis de liderazgo, propuestas y espíritu ganador de la cual aún no se ve salida.

Los casos más extremos se advierten en España, Francia e Italia, donde sus estructuras no encuentran el modo de sacar ventaja de las enormes dificultades de la derecha en el poder.

"Necesitamos un diagnóstico claro de la situación", se escuchó anteayer en un plenario desesperado del legendario Partido Socialista Obrero Español (PSOE), incapaz de capitalizar el rechazo del 90% de los españoles al alineamiento de José María Aznar en la guerra de Irak.

Lejos del carisma extraordinario de Felipe González, que gobernó en España durante catorce años, su actual líder, José Luis Rodríguez Zapatero, se perfila con mal pronóstico para los comicios de 2004 —los sondeos le daban ayer una intención de voto inferior al 30%— y su estilo todavía vacilante y escasamente aguerrido le valió el apodo de "Bambi".

Las cosas no están mejor en el Partido Socialista francés (PS), necesitado urgentemente de intelectuales capaces de devolverle brillo y espíritu, tras la derrota electoral del año pasado ante la ultraderecha de Jean Le Pen y la derecha de Jacques Chirac.

"Los socialistas están regresando", aseguró en mayo último su líder, Franois Hollande. Pero, cuando faltan pocos meses para las elecciones regionales, de eso y de su promesa de un socialismo unido se ve poco y sí bastante más del avance de expresiones de izquierda radicalizada, que lo aventaja en convocatoria, con el líder agricultor José Bové a la cabeza.

DISCURSOS ROBADOS. "La izquierda europea no supo reacomodarse a la liberalización de la derecha, que sí se desplazó más al centro y conquistó un electorado independiente que, en otro momento, se habría identificado con ellos. El drama de la izquierda es que su discurso está en un extremo donde no tiene a quién moderar, dijo a "La Nación" el profesor Mariano Castañeira, decano del posgrado en Acción Política de la Universidad Francisco de Vitoria.

"El comportamiento suicida de la izquierda francesa en los últimos comicios demuestra una muy profunda crisis en la izquierda europea. El no apoyar a un solo candidato y la incapacidad de movilizar votantes revelan que perdieron la visión precisa de su país y la disciplina para ganar", acotó Michael Leeden, columnista de The Wall Street Journal.

Hasta Santiago Carrillo, el legendario ex secretario general del Partido Comunista Español, habla sin ambages de la "crisis de la izquierda" en el continente, donde quienes aún gobiernan en países centrales —el laborista Tony Blair, en Gran Bretaña, y el socialdemócrata Gerhard Schroeder, en Alemania— no hacen mucho por levantar la bandera.

Blair desafió las bases de su partido con propuestas para privatizar servicios de transporte y salud y mucho más al convertirse en el principal aliado de los Estados Unidos en la guerra de Irak. Y Schroeder lleva adelante reformas laborales y del sistema de pensiones que deleitan a liberales y agitan a los sindicatos.

"Eso es lógico. Tener perfil de izquierda no significa ser un voluntarista suicida. Schroeder, al igual que Blair, practica una izquierda realista que enfrenta situaciones de recesión y de crisis del aparato público como debe hacerse. Incluso en la época difícil de González en España se realizaron reformas sin que desapareciera la imagen de partido de izquierda", terció el politólogo Ludolfo Paramio.

Director del reconocido Instituto de Estudios Sociales Avanzados de Madrid, Paramio puso en duda la tesis de crisis en la izquierda europea.

"Tras el triunfo de Blair, se habló de un giro a la izquierda en Europa. Luego Lionel Jospin perdió en Francia y se habló de giro a la derecha. Los partidos ganan y pierden; no hay que exagerar un cambio que, en realidad, no se produjo. Esto no es un sismo ni significa un declive imparable", dijo.

Al problema de discurso en el socialismo se une el de liderazgo. La prensa francesa advierte sobre el riesgo de que la izquierda de Hollande se radicalice para no perder espacio ante el éxito de grupos opositores a la globalización. Pero, más grave aún, lo que se está viendo es su incapacidad para hacerse oír por esos sectores radicales, que se le muestran hostiles, como ocurrió en la reciente cumbre de Larzac, donde los globalifóbicos destruyeron el local del PS, furiosos por la falta de programas de partido.

ITALIANOS DIVIDIDOS. La crisis de liderazgo es más costosa en Italia, donde varias fuerzas de izquierda explotan los flancos del gobierno de derecha de Silvio Berlusconi y suman, en conjunto, un caudal de votos interesante. Pero a la hora de estructurar ese poder, su atomización puede más y pierden eficacia.

Volvió a ocurrir tras las elecciones de 2001, cuando el triunfo de la derecha fue un mazazo demasiado fuerte para la frágil coalición de izquierda agrupada bajo El Olivo, del desgastado Romano Prodi, y volvió a fragmentarse.

Las campañas despuntan en Europa y las citas comiciales por venir dirán hasta qué punto la izquierda fue capaz de superar las horas difíciles que ahora vive.

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