"Aproveché la impunidad del éxito"

| Pese al éxito, el director de "Tumberos" y "Disputas" asegura que no volverá a la televisión

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FABIAN MURO

La sala de la Escuela de Cine del Uruguay estaba atiborrada de público, que esperaba el arribo de Adrián Israel Caetano. Es que el director uruguayo radicado desde hace años en Argentina es casi una estrella entre estudiantes de cine y gente afín a la creación audiovisual, gracias a películas como Bolivia y Un oso rojo y a las series televisivas Tumberos y Disputas, ambas en emisión uruguaya en la actualidad.

Caetano formaba parte del "Desembarco argentino", una delegación de realizadores y críticos que se encuentra en Montevideo para difundir varios títulos del Nuevo Cine Argentino, y que tendrá una réplica uruguaya a fines de octubre en Buenos Aires.

El primer tema que abordó el director y guionista fue el de la televisión, medio al que dijo que no volvería: "Es demasiado agotador. Fíjense que, en el caso de Tumberos, me levantaba a las seis de la mañana para escribir el capítulo que se iba a empezar a filmar ese mismo día y dos horas después tenía que entregarle lo que había escrito a los actores, que lo fotocopiaban y lo estudiaban ahí, a pocas horas de empezar a rodar. Era una demencia, un vértigo increíble. La principal razón por la que me metí a hacer tele fue que me quería probar a mí mismo, ver si podía hacer algo de alcance masivo, más allá de las veinte o treinta mil personas que van al cine a ver mis películas".

Antes de adentrarse en los aspectos que hacen a la realización, Caetano hizo referencia a la censura a la que fue sometida al menos uno de los episodios de Tumberos. A pesar de que tiene fama de iracundo y combativo, la postura del director fue más bien resignada: "Cuando vivía aquí y miraba tele, siempre me daba la impresión que lo que estaba viendo estaba cortado, así que no me sorprende que hayan cortado Tumberos. No me agrada por supuesto, pero la tele en Uruguay siempre fue muy pacata". El director señaló que en Argentina, "era más bien lo contrario, como que se alentaba la inclusión de escenas fuertes, porque eso daba rating. Desde ese punto de vista, nunca tuve ningún problema".

Para Caetano, la realización de Tumberos fue disfrutable, aunque algunos de los desencuentros que tuvo con la productora, Ideas del Sur, hicieron que deseara renunciar en varias oportunidades. "Fue divertido hacer Tumberos, principalmente porque la serie en sí fue una oportunidad para hacer cosas diferentes en TV. A mí me llamaron de la productora con esta premisa: ‘tenemos un espacio de once capítulos y queremos hacer algo que tenga que ver con la cárcel’. Aunque parezca mentira, eso es una idea, así se expresó el proyecto Tumberos inicialmente. Como era así de laxo, vi que había una oportunidad de hacer algo jugado y dar rienda suelta a la imaginación. En los primeros episodios, duplicamos el nivel de rating que se esperaba de nosotros. Eso nos dio la impunidad del éxito, pero aún así surgían problemas. Me acuerdo que venían con diagramas de rating, se parecían a electrocardiogramas. Me decían, ‘mirá, acá cuando aparece tal o cual personaje, sube el rating, así que hacé que aparezca más’. Yo los miraba con asombro. ¿Qué querían? ¿Que hiciera un unipersonal sobre ese personaje? Teníamos fuertes discusiones, pero como dije antes: tenía la impunidad del éxito". Esa impunidad fue la que le permitió a Caetano jugar con la historia carcelaria: "No sé por cuál capítulo irán aquí, pero la serie se va, perdón por la expresión, literalmente al carajo. Creo que si hubiésemos filmado un par de capítulos más de la serie, el próximo paso hubiese sido hacer aterrizar naves alienígenas en la prisión".

Ya para su segunda incursión en la tele, Disputas, Caetano se enfrentó a otras condiciones de trabajo: "Y sí, pasamos de trabajar para el canal de aire más chico al más grande. Era una sensación irreal, a veces me parecía que estaba trabajando en un ministerio, todo era tremendamente burocrático. Además, la relación con Ideas del Sur era mucho más complicada, había otro tipo de expectativas. Hicimos dos capítulos y los bocharon, por lo que tuve que volver a hacerlos, pero de acuerdo a pautas que no eran mías. Para mí, Disputas es una serie renga. Es como si te quitaran una pierna antes de jugar un partido de fútbol y te dijeran que juegues como se te de la gana. A mí me cuesta mirarme, pero cuando vi algunos capítulos de Disputas encontré cosas muy buenas y otras muy malas. Esos dos capítulos iniciales eran una carga muy pesada para todo lo que vino después. Debería agregar que el último capítulo de Disputas fue hecho como si fuese el primero. Creo que al ver ese episodio, todo va a quedar más claro".

Un país de cineastas

La proyección internacional del cine argentino fue reconfirmada también en el recién terminado Festival de Venecia, donde la película La quimera de los héroes de Daniel Rosenfeld, un cineasta de 30 años, no sólo acaparó elogios de la crítica sino que además obtuvo el Premio Ciudad de Roma-Arco Iris Latino como mejor debutante latino.

El film fue calificado como "simple y sincero" por el diario La Repubblica. Narra con el estilo del documental, la pasión por el rugby de un personaje contradictorio, Eduardo Rossi, profundamente autoritario y pronazi, obstinado en defender con el deporte a un grupo de indígenas argentinos. Rosenfeld, que participó con su primer largo, Saluzzi-ensayo para bandoleón y tres hermanos, en Berlín 2000, fue elogiado por el lenguaje que emplea en su película. "El cine de Rosenfeld, que parece fabricado con nada, es difícil de realizar por su extraordinaria y deseada simplicidad, algo que termina por tocar en forma profunda", escribió el crítico del Gazzettino.

Sin despertar tanto entusiasmo, pero igualmente ponderado, Venecia mostró otro film argentino: Ana y los otros, de la debutante Cecilia Murga, quien a los 30 años cuenta el viaje de una joven a su ciudad natal en Paraná.

Aplaudidos por el público, los dos films fueron ubicados como ejemplos de la vitalidad del nuevo cine argentino, cuya creatividad se ha convertido en punto de referencia. Los italianos igualmente recordaron un dato revelador: la escuela de cine de Buenos Aires, a pesar de la crisis económica y social del país, cuenta con más de 12.000 alumnos.

Una verdadera invasión

La idea del "Desembarco argentino" nació en Rosario, a partir de un encuentro entre Manuel Martínez Carril, director de Cinemateca, y Fernando Martín Peña, director del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) y crítico de cine. El desembarco consta de un cuerpo de películas argentinas que, según Carril y Peña, "son las más representativas de esta época. Se trata de películas que nacieron bajo una lógica diferente a la económica. Por el contrario, responden a una necesidad de expresión y comunicación auténticas. Tanto para Peña como para mí, estos son los autores del futuro, los que se consagrarán como lo hizo Aristarain luego de un auspicioso comienzo en los años setenta".

Peña, quien se presentó a la prensa en la Embajada de Argentina en Uruguay, coincidió con Carril y agregó que el desembarco busca corregir un azaroso sistema de distribución, para que el acceso a títulos más "alternativos" sea más amplio. "Es absurdo que no exista una estructura de distribución más razonable, para que las audiencias de nuestros respectivos países tengan una oportunidad de ver lo que sus vecinos hacen en materia audiovisual. Este emprendimiento busca corregir eso".

Las películas que desembarcan en Montevideo vendrán en muchos casos acompañadas por los realizadores. Así, Adrián Caetano estuvo hasta anteayer presentando su primer largometraje en solitario, Bolivia, mientras que en la conferencia de prensa encabezada por el embajador Hernán Patiño Mayer, también estuvo el actor Walter Cornás, de Plaga zombie: zona mutante. El film en cuestión es, como lo dice el título, una película de género: "Es, en realidad, una secuela de Plaga zombie y está filmada en video. A la película le ha ido muy bien afuera, sobre todo en España. Nos tomó cuatro años de obsesivo trabajo terminarla", dijo Cornás.

Otros títulos que estarán presentes en la muestra son Nadar solo (mañana), Tan de repente (ídem), Mercano, el marciano (jueves), El investigador de ciudades (jueves), Todos juntos (viernes), Yo no sé qué me han hecho tus ojos (viernes) y Sábado (sábado). Además, se emitirán dos episodios de Okupas una de las series más inquietas y personales de la TV argentina de los últimos tiempos junto a Tumberos y dirigida por Bruno Stagnaro, socio de Adrián Caetano en Pizza, birra, faso. Todas las películas irán en La Linterna Mágica, en Soriano 1227.

El desembarco uruguayo en Buenos Aires se realizará en la última semana de octubre. Ahí, llegarán a las salas del Instituto Nacional de Cine y Artes audiovisuales y el MALBA varias películas nacionales: 25 Watts, En la puta vida, Los días con Ana, La espera y documentales como Acratas y Aparte y cortometrajes como Nico y Parker, entre otras. Por información más detallada, consultar la cartelera de esta sección o llamar a Cinemateca, teléfono 9028290.

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