BOMBAY, India | AFP y ANSA
El más célebre mercado de Bombay, desde el que se domina el mar de Omán, se transformó ayer en un teatro del horror cubierto de fragmentos de carrocería, de sangre y de cristales rotos tras los dos atentados con coche bomba que costaron la vida al menos a 47 personas y heridas a otras cien.
Una multitud de turistas y de vendededores ambulantes que pasaba tranquilamente la tarde en la Puerta de India, un arco situado en el sur de la ciudad, corría hacia todos lados en busca de refugio cuando un taxi, estacionado en el aparcamiento, estalló, lo que provocó que saltaran por los aires los cristales de las ventanas del hotel Taj Mahal, el más prestigioso de Bombay, la capital comercial de India.
Siete minutos más tarde otro taxi explotó cerca de uno de los templos hindúes más populares del viejo Bombay, destrozando un distribuidor de zumos de frutas que se encontraba cerca.
Se trata del ataque más grave después de la cadena de bombas que ensangrentaron la ciudad en 1993, en el que fue considerado como un ciclo de venganzas organizado por el extremismo religioso y llevado a cabo por la criminalidad organizada.
Pocas horas después de las explosiones, la policía ferroviaria de Bombay encontró sobre las vías cercanas a la ciudad 100 detonadores, informó el canal televisivo NDTV.
Los detonadores estaban sobre las vías de la línea Thane-Igatpuri, habitualmente usada por millones de peregrinos para ir a la mayor fiesta hindú, la Kumb Mela, que se realiza en estos días.
BLOQUEO. La policía ferroviaria de Bombay también halló durmientes levantados y puestos como para bloquear los trenes rumbo a la zona donde se realiza la fiesta. Un tren lleno de peregrinos fue detenido tras el hallazgo de los detonadores.
La explosión se produjo en el momento de máxima concurrencia en ambos lugares, poco después de las 13, cuando los empleados salían para la pausa del almuerzo y las calles del bazar se llenaban de curiosos y compradores llegados de otras ciudades del estado de Maharashtra, cuya capital es Bombay.
No se trata, por lo tanto, de atentados simbólicos para atraer la atención de la opinión pública, sino de ataques proyectados y ejecutados para obtener la mayor masacre posible.
Kanak Raja acababa de aparcar su Mitsubishi cerca de la Puerta de la India cuando explotó el primer taxi, proyectando pedazos de cristales y de carrocería en todas direcciones.
"La explosión arrancó el techo del taxi que voló al menos cien metros, hasta cerca de la entrada del Taj Mahal", declaró Kanak Raja, en referencia al famoso hotel de lujo en el que han pernoctado huéspedes como el príncipe Carlos de Inglaterra o el cantante estadounidense Michael Jackson.
"Era el caos. La gente corría intentado protegerse y gritaba. Algunos estaban cubiertos de sangre", relató este testigo.
MIEDO. A Tanaji Pawar, un conductor de autobús, le invadió el miedo cuando escuchó la detonación mientras circulaba en dirección de la Puerta de la India.
"Di marcha atrás a toda velocidad al oir la explosión", rememoró el conductor.
"Ayudé a algunas personas heridas metiéndolas en vehículos privados y taxis o enviándolas sin demora al hospital", añadió.
"Era una escena de total anarquía y de caos. Sabía, cuando dejé a algunos heridos, que éstos no tenían ninguna posibilidad de sobrevivir. Estaban muertos", afirmó.
Toda la zona de los atentados fue rodeada por un cordón de seguridad con objeto de despejar el lugar para facilitar la investigación. Las autoridades trasladaron al lugar a perros policías para detectar la presencia eventual de otras bombas en este sector sur de Bombay, el pulmón financiero de la megalópolis.
Pocos minutos después de la explosión del primer artefacto, un segundo taxi saltó por los aires cerca del templo hindú Mumba Devi, el nombre de la diosa protectora de la ciudad.
Tras la detonación, los cuerpos de las víctimas fueron alineados en el suelo mientras algunos voluntarios ayudaban a los médicos y las enfermeras a transportar a los heridos de las salas de urgencias a las salas de operación. La violencia de la explosión dificultó la identificación de algunos cadáveres, totalmente desfigurados.