Diego Lamas
Dedicándole con sencillez el histórico triunfo a la abuela Luisa, tan asturiana como él, Fernando Alonso con sólo 22 años, daba la confirmación histórica de su condición de gran volante frente a los mejores pilotos y las mejores marcas. Hacía volver a Renault a la época de Prost, 20 años atrás y daba razón al brillo de una increíble carrera deportiva, inscribiendo la gloria de España y la de su nombre, en la Historia de la Fórmula Uno.
El 24 de agosto de este 2003 el circuito de Hungría no sólo vivió el gran momento; asistió a una notable competencia y colocó en el podio a una genial y juvenil generación, que en la pista decidió mostrar que comenzó el tiempo de dar vuelta la hoja. Protagonistas de un Mundial de Fórmula Uno que tal como va podría consagrar al mejor en Suzuka, millones de espectadores volvieron encantados por el espectáculo, dando razón a las reformas reglamentarias que nos hicieron escépticos al comienzo y que hoy muestran su acierto.
Todo se ha vuelto impredecible, el puntaje se disputa, unidad por unidad, marcas han subido su organización y rendimiento y ganadores continuos deben pelear por un punto más y en posiciones que lucían inamovibles.
Los Himnos Españoles y Franceses y los pabellones respectivos dieron marco a una ceremonia iluminada por caras juveniles que piden paso y se lo toman, ayudando así a dar, vuelta a vuelta, una hoja que fue inolvidable. El otro Príncipe de Asturias fue Rey, en la tierra de los magyares.