MAGDALENA HERRERA
Para el 2004 el panorama edilicio teatral habrá cambiado por completo. El Solís volverá a integrarse al circuito cultural céntrico mientras que en MovieCenter de Montevideo Shopping se habrá estrenado la nueva sala de espectáculos, obra que consolida finalmente un fenómeno de descentralización teatral que comenzó tímidamente con propuestas como la del Sótano en el Carrasco Lawn Tennis, el teatro del Instituto La Mennais, la sala del Erwy, la del Club Biguá y el flamante recinto que alberga al grupo La Candela, en el Shopping Punta Carretas.
El Teatro Solís se inaugurará exactamente en un año, según previsiones municipales, devolviendo a la ciudad el patrimonio histórico con 1.200 butacas y otras dos con 220 cada una (ver nota página 2).
Pero antes, en unos dos meses, quedará prácticamente terminada la sala de espectáculos, con 650 butacas, que construye MovieCenter en su complejo de Montevideo Shopping. La inversión incluye escenario y equipamiento de última generación como para albergar cualquier tipo de espectáculo teatral, musical, concierto u otro, nacional y del extranjero. Desde el diseño de su gran escenario, camarines y otros servicios se apostó a generar un espacio de nivel internacional. Tendrá una excelente acústica, cuidada ambientación, climatización, calefacción. Todo eso se sumará a otras dos características que hoy resultan muy importantes a la hora de ir a ver un espectáculo: seguridad y estacionamiento.
"Se apuesta fuerte a los servicios, además de las instalaciones, que cumplirán con todas las necesidades como para albergar cualquier propuesta de espectáculo, sin importar su magnitud. En primer lugar, la sala se beneficiará de la propia sinergia del shopping, de los cines que la rodean y de la zona. Además de contar con todas las ventajas que ofrece un shopping, se le sumará una programación diferente a la actual, que buscará elevar el nivel artístico del medio y también captar todos los públicos. Existe un interés particular en el teatro nacional; se convocará a directores y productores para que desarrollen obras especiales para esta sala", indica Francisco Armas, gerente de MovieCenter.
SERVICIOS. Quienes están al frente de proyectos como el de MovieCenter, La Mennais, La Candela, e incluso El Sótano del Lawn Tennis que ya hace tiempo que funciona, apuntan a ofrecer al público otros servicios, que en mayor y menor medida resultan casi imposibles para la gran parte de los teatros céntricos.
Entre otras cosas, esas salas apuestan al público de su zona de influencia. Y los que ya lo hacen no les va nada mal: con 120 butacas, El Sótano del Carrasco Lawn Tennis, registra un promedio de 52 % de ocupación, bastante superior a la media céntrica que ronda el 28 %. Pero hay más: quien intentó ir a ver Cena para dos anoche habrá notado que las localidades de El Sótano estaban agotadas de antemano. Es un fenómeno que muestra signos de crecimiento.
El recinto del Lawn Tennis funciona desde hace seis años y curiosamente su público era mayoritariamente de Pocitos, Malvín y Punta Gorda. "El de Carrasco iba al teatro en Buenos Aires o en Nueva York, pero no tenía hábito de acudir a las salas montevideanas. Hace cuestión de un año y medio eso comenzó a cambiar, y ahora sí registramos una buena cantidad de espectadores de la zona. Pero costó que vinieran. De alguna manera, al convocar público de Carrasco y otros barrios se está cumpliendo con el objetivo del club, que se debe a la comunidad que lo rodea. Por esa razón también, como una forma de democratizar la cultura, además de las funciones regulares se realizan espectáculos y conferencias con entrada libre", indica la licenciada Daniel Bouret, responsable de la gestión cultural del teatro.
APUESTA. Otra historia, pero con semejanzas con las anteriores, es la que se desarrolla en el teatro del Instituto La Mannais, en Punta Gorda. Fue abierto hace un par de años, pero desde mayo pasado se integró al circuito cultural de la ciudad con espectáculos teatrales y musicales abiertos a todo público. El estreno de la sala contó con la presencia de la Comedia Nacional, con la puesta Benedetti, "Nuestro prójimo". La capacidad, 580 butacas importadas desde Italia, fue absolutamente rebasada en esa y otras ocasiones.
El teatro La Mennais brinda ciertas comodidades que no se encuentran en la mayoría de los céntricos: calefacción, cómodos baños, amplio foyer, estacionamiento privado. Por otra parte, el audio y las luces traídos desde Estados Unidos fueron elogiados hasta por los propios artistas que han pasado por su escenario. "Siempre estuvo dentro de los planes del instituto incorporar el teatro al circuito cultural de la ciudad, como un servicio a la zona de Punta Gorda y otros barrios más alejados del Centro como Punta Gorda, Buceo, Malvín, Carrasco y Costa de Oro. Asimismo, contamos con funciones de extensión para escolares y liceales, con la ventaja que los grupos que nos visitan pueden estacionar en la puerta del teatro o dentro del Instituto, garantizando comodidad y mayor seguridad en el traslado de los niños a la sala", explica Aldo Novick, director del teatro.
También fuera del circuito céntrico, recientemente se inauguró la sala de La Candela, en pleno corazón de Punta Carretas. El grupo había realizado un convenio con la comuna mediante el cual se le cedía por 10 años el subsuelo de una de las casonas de piedra, en la entrada del Shopping, a cambio de la construcción de una sala de teatro. La obra llevó casi tres años, pero se logró y hoy La Candela tiene su propio recinto con 108 butacas, moderno equipo de luces y audio, aire acondicionado y un escenario con 11 metros de boca. "Además del equipamiento, y todos los servicios con que se cuentan al estar en el Shopping, la sala tiene otro atractivo adicional. Esa casona, donde años atrás vivió el casero de la cárcel, es patrimonio histórico y en su reciclaje se conservaron paredes, pisos, techos y hasta algunas aberturas. Eso genera una ambientación muy particular e interesante", señala Alejandro Caballero de La Candela.
Con toda esa infraestructura disponible en el 2004 se contará con más de 1.600 butacas por función fuera del circuito del Centro. "Montevideo tiene muchas más salas y recintos para artes escénicas y musicales dispersos en todo su territorio, que, salvo excepciones, pertenecen a privados sin fines de lucro, como por ejemplo el Colegio Pío en Villa Colón, el Centro Artesano en Peñarol, los Talleres Don Bosco en Parque Rodó o el Maturana en el Prado. En lo edilicio, muchos de ellos son bastante más importantes que gran parte de los del Centro. Se trata de toda una estructura heredada, que sería imposible de construir hoy, y que habilitaría una actividad democratizadora del acceso a la cultura", señala Manuel Esmoris, master en gestión cultural.
Recintos no se adecuan a necesidades
Teniendo en cuenta la situación de las salas en el Centro parecería una locura pensar en nuevos recintos teatrales, a no ser que se adecuaran a otras necesidades de los espectadores como hace 15 años lo hicieron los cines.
En el 2002 se vendieron 269.593 entradas de teatro en Montevideo, según un estudio realizado por Manuel Esmoris, master en gestión cultural. En total, la asistencia al teatro fue de 365 mil, calcula Esmoris, si también se consideran las invitaciones, socio espectacular, extensión cultural y otros registros.
Esas 269.593 personas que pagaron una entrada en el 2002 significan el 28 % de ocupación de la capacidad céntrica. "La capacidad de los recintos en donde se interpretan las producciones de artes escénicas y musicales son una herencia. Quizás en su origen esas capacidades pudieron ser adecuadas para los hábitos de consumo y el flujo de público que captaban. En la actualidad, muy probablemente estemos frente a una inadecuación de la cantidad de butacas: más de las necesarias. Se trata de un proceso similar al que se vieron enfrentados los cines hace 15 años y del cual se reconvertieron".
Según Esmoris, las salas con actividad profesional registran un resultado con un importante déficit de ocupación. Le atribuye ese déficit a razones exógenas que tienen que ver con que actualmente los hábitos de consumo del público no se acompasan con los equipamientos edilicios heredados. Pero también existen motivos endógenos. "Las características y condiciones en que predominantemente se brindan espectáculos artísticos no tienen adecuación con expectativas, necesidades, deseos y posibilidades materiales de los usuarios reales y potenciales. Las salas no se ajustaron a los espectadores, como lo hicieron los cines".
En su estudio, Esmoris hace referencia a la existencia de importantes equipamientos distribuidos por Montevideo, que no son considerados para el desarrollo de las actividades artísticas.
Con tanta oferta sobran las butacas
n Muchos no lo quieren escuchar pero el gestor cultural Manuel Esmoris se encarga de lo contrario. En un minucioso trabajo, Esmoris plantea que una vez que queden inaugurados el Teatro Solís y el Complejo del Sodre no habrá público para tantas butacas. "Cuando abran simultáneamente sus puertas ofertarán 3.100 localidades por función (1.300 el Solís y 1.800 el Sodre). En caso de que lleguen a realizar 100 funciones cada uno, entre ambos estarían ofertando 620 mil butacas al año. En 1998, un buen año de asistencia, la demanda fue de 480 mil. En el 2003 fue de 365 mil", asegura el profesional.
El Solís y el Sodre, según Esmoris, no solo no contarán con la cantidad de usuarios que necesitan sino que además captarán muchos de los espectadores que hoy asisten a una sala teatral céntrica. En su trabajo, el gestor cultural se pregunta si es justo que esos dos emprendimientos públicos pongan en riesgo al resto de los teatros, que provienen del sector privado sin fines de lucro, y que durante todos estos años fueron quienes sostuvieron la actividad artística. "El sector público —nacional y municipal— tendrá que investigar y explicar como harán para gerenciar esas dos salas sin vaciar las actuales, que ya funcionan con una bajísima rentabilidad si es que la tienen. Porque existen dos alternativas cuando el Solís y el Sodre estén funcionando: o se aumenta la asistencia a los espectáculos o se vacían las salas. Por esa razón, se debe realizar un plan estratégico, con una orientación técnica, que estimule y genere un mayor consumo cultural. Mientras que no existan políticas de eficiencia y eficacia en la gestión, la única realidad es que no habrá espectadores para esas dos salas o que las mismas dejarán sin gente a las restantes", señala Esmoris.
Por otra parte, el experto se pregunta si se justifican ambas propuestas, Solís y Sodre, una a cinco cuadras de la otra. "Asumamos la responsabilidad pública y colectiva que significa reconocer que los temas culturales, en su faz administrativa y gestión, no son considerados profesionalmente, sino por aproximaciones y deseos, sin orientación estratégica, de gerenciamiento".