Odisea

En estos días, el Uruguay está siendo mencionado en la prensa australiana, y en otros países, no para destacar las hazañas de nuestros deportistas, o los avances del programa económico, sino como el país de registro del buque pesquero Viarsa 1. Esta embarcación navega, en algún lugar del embravecido Atlántico austral, donde los vientos llegan a los 120 kilómetros por hora y donde pueden encontrarse icebergs desprendidos de la Antártida. El pesquero es perseguido, muy de cerca, por el Southern Supporter, un buque patrullero australiano. De acuerdo a la información suministrada por el Ministerio de Pesca de Australia, el Viarsa 1 habría sido detectado el 7 de agosto, en una posición próxima a las islas de Heard y MacDonald, pertenecientes a aquel país. Allí comenzó la persecución, que todavía continúa. Los dos buques ya llevan recorridos más de 1.800 millas náuticas (3.300 km). El gobierno australiano ha anunciado que su patrullero tiene la orden de perseguir al Viarsa 1, y llevarlo de nuevo a Australia, para ser investigado y, si existen fundamentos, para que se presenten en su contra cargos por pesca ilegal.

El Viarsa 1 es un buque equipado para la captura de la merluza negra. Una especie que vive en aguas muy profundas y que, para su desgracia, obtiene precios muy altos en los mercados mundiales. Los estudios indican que las poblaciones de merluza negra en el océano Indico están siendo sobrepescadas y que, si no se toman medidas de conservación adecuadas, corren el riesgo de colapsar. Australia observa con creciente preocupación cómo los buques pertenecientes a países en otras regiones se dedican a la pesca ilegal de los recursos pesqueros en las aguas adyacentes a sus costas y sujetas a su jurisdicción. El ministro de Pesca australiano indicó que tenían motivos para sospechar que el pesquero transportaba un cargamento completo de aquella especie.

Es difícil no sentir simpatía por la intrepidez de los audaces marinos del pesquero, y también de los marinos a bordo del patrullero australiano. También es muy posible que la persecución termine como una de las leyendas del mar. Sin embargo, todo ello no debería distraernos del problema fundamental: la necesidad de que los Estados ribereños en el Hemisferio sur se pongan de acuerdo y actúen en forma coordinada para proteger los recursos vivos marinos en las aguas que bañan sus costas.

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