En la Academia Nacional de Medicina, los profesores doctores Mario Berta y Fernando Mañé Garzón presentaron su nuevo libro "Metahistoria". Ponen en valor la capacidad del hombre para mirar frontalmente el pasado y ascender por dentro, proponen interpretaciones y plantean nuevas síntesis humanistas. Respaldados por su espléndido bagaje de ciencia, historia y filosofía —que amasaron con libros leídos, vidas vividas y reflexión propia—, complementan tesis que el primero de los nombrados expuso dos años atrás en su libro "La era de la imaginación simbólica".
El profesor doctor Miguel Langón Cuñarro publicó una segunda edición —revisada— del primer tomo de su "Curso de Derecho Penal y Procesal Penal". Al entroncar el Derecho Penal de fondo con las reglas de procedimiento, sale implícitamente al cruce de la primacía que los trámites han adquirido —deplorablemente— sobre el Derecho sustancial. En 540 páginas de sólida estructura conceptual, el autor enseña pensamiento ajeno al tiempo que expone sin ambages el propio, yendo de lo general a lo particular y regresando a lo general casi sin que se sienta, con lo cual cumple una función pedagógica trascendente: enseña a discurrir orgánicamente, costumbre que viene perdiéndose y cuya recuperación es condición necesaria para salir del actual marasmo. Lo cual se facilita porque el autor edifica sobre una verdad frecuentemente olvidada: "el orden jurídico no es contradictorio" ya que "es un todo unitario", a cuyo respecto el Dr. Langón cita a Dante Barrios de Angelis, otro catedrático en profundidad, capaz de revivirnos verdades como esa, que tiene siglos.
Los deportistas que acudieron a los Juegos Panamericanos de República Dominicana subieron a los podios, con modestia pero con brillo: al oro de Milton Wynants lo acompañaron la plata y el bronce de múltiples atletas, cuya conducta —no es poca cosa— fue ejemplar.
En la Catedral colmada, la Orquesta Sinfónica del SODRE, solistas y cuerpo coral entregaron una versión memorable del Stabat Mater de Rossini. Obra sacra escrita por autor operístico de tan alta vocación popular como la que demostró al inmortalizar en la música al "Barbero de Sevilla" de Beaumarchais, el Stabat Mater tiene varias melodías pegadizas, de esas que nos dejan mucho más en la Tierra que en el Cielo. Eso pone a prueba la destreza de los intérpretes. Pues bien. Orquesta, solistas y coro, que viven el avatar de estos duros tiempos, fueron capaces de imprimir alma, soplo y pneuma, bajo la batuta de Martín Bergengruen, joven Director uruguayo de gesto quijotesco, entrado por puerta grande al empíreo de la música.
Y ya que el devenir de la cosa pública ha puesto en el tapete la salida del Dr. Alejandro Atchugarry —que en las más arduas condiciones venció a la extenuación y merece gratitud—, veamos en la unánime consideración personal con que se fue del Ministerio de Economía y Finanzas, la ocasión para revaluar un activo hoy perdido: la capacidad para admirar a los hombres que se entregan incondicionadamente a vocaciones creadoras, que los distinguen como personas y nos redimen como pueblo. No va a ser achatando la mente sobre los números que están, que hemos de salir adelante hacia el país sin emigrantes forzados que queremos ser y hacia los ideales de justicia y libertad que debemos encarnar. Será restableciendo nuestra aptitud para pensar con valentía hasta las últimas consecuencias, a partir de la estima en que tengamos modelos que nos regalan libros que siembran ideas no pensadas todavía, hazañas de la voluntad y el músculo, apoteosis del sentimiento artístico o sacrificios cívicos.
Chesterton, con su mirada puesta en las alturas, enseña que el hombre moderno cree que no hay milagros porque se ha familiarizado tanto con ellos que no se da cuenta de que ocurren a cada rato. A nosotros, con la mirada puesta en la llanura, nos está pasando algo parecido. A fuerza de hablar de "el sistema" como una unidad monolítica, pasamos distraídos ante el valor de los ejemplos personales, cuya fe y cuyo esfuerzo son nuestra mayor garantía de esperanza por encima de divisas.