El maldito rencor

El general Líber Seregni, referente histórico del Frente Amplio, brindó importantes declaraciones a la prensa argentina, que difundidas el domingo pasado, detonaron de inmediato aquí. En poco espacio y pocas palabras Seregni dijo mucho, lo cual será objeto de análisis en el comentario especializado del diario. Pero de eso que dijo vamos a quedarnos ahora con la brevísima pero contundente respuesta que dio a la pregunta de cómo ve que por hendijas jurídicas se busque castigar a figuras de la dictadura: "No lo veo prometedor" contestó. "Esta época es fundamentalmente, más que nunca, para mirar al futuro, no hacia el pasado". La oportunidad de la pregunta y la riqueza docente del mensaje que encierra la contestación, son inapreciables. Vivimos tiempos de remoción del pasado en los países que con mayor crueldad sufrieron los gobiernos y la represión militar. En Chile, con la excepción de Pinochet a quien le dieron salvoconducto expreso, hubo y sigue habiendo revisionismo. Argentina ha de ser en estos momentos el ejemplo más elocuente de la incrustación de los ojos del país en la nuca de su pueblo. Así parecen indicarlo algunos gestos del novel Presidente de la Nación. No tanto por la remoción de la cúpula militar, porque está en las reglas elementales del juego político que un cambio de gobierno se acompañe con el advenimiento de personal de confianza en los cargos de poder. Pero en cambio el impulso que se le dio a un proyecto de ley para anular las leyes de punto final y obediencia debida que están en vigencia, es una aberración jurídica allí, aquí, y en cualquier parte del mundo.

Y ni qué hablar de la oportunidad del mérito del mensaje de Seregni a nuestro país y a nosotros. En nuestro Uruguay parece mentira pero a medida que transcurre el tiempo en lugar de distanciar el ánimo, la atención y las pasiones de los dolorosos sucesos de treinta y tantos años atrás, parecería que una diabólica combinación de sed de justicia —que por sí sola no sería condenable pero que sí lo es cuando figura la sed de venganza— con el resentimiento y con el rencor, enardece el deseo de algunos se seguir estancados en el libro de la historia sin dar vuelta la página acatando lo que dispone la ley, que el pueblo además ratificó con su apoyo.

Los tiempos son peligrosos para alentar castigos y revanchas.

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