Blancos e internas

El acápite del artículo dominical del amigo "Cucho" Sienra —el de ayer— rezó así: "Hoy les iba a transmitir a los blancos mi opinión sobre la importancia de que el Partido tuviera sólo dos candidatos, pero ya habrá tiempo para ello".

Por mi parte, hace ya tiempo que tenía pensado referirme al panorama electoral del nacionalismo y a la estrategia que éste debiera elaborar y ejecutar en vista de las elecciones internas. Diversas razones y urgencias determinaron que no llevara a la práctica dicho propósito. Hoy sí lo haré, motivado por el anuncio del Dr. Sienra Roosen y por la circunstancia notoria de que algunos pingos —léase candidatos y precandidatos— van enderezando para las gateras electorales.

Estimo del caso formular algunas aclaraciones preliminares. Primera: cultivo buenas relaciones personales con cuantos, en nuestras filas, se sienten presidenciables o los quieren hacerse sentir tales. Así les consta a todos ellos, más allá de diferencias puntuales con pasadas definiciones o actitudes políticas. No es mi intención, pues, incidir en contra de las aspiraciones de cualquiera de los correligionarios que los hechos —o los dimes y diretes— perfilan como presuntos presidenciables a nivel interno.

En segundo lugar, no voy a cruzarme en el camino de ninguno de ellos. Por diversas y bien meditadas razones, no voy a anotarme en la penca presidencial de entrecasa, como bien lo saben todos mis amigos, políticos y no políticos.

En tercer término, las internas del Partido Nacional no le atañen sólo a éste. Podemos llegar al balotaje, por la obvia razón del desgaste sufrido por el Partido Colorado en el gobierno. Pero primero tiene que haber balotaje. Ello dependerá de un conjunto de circunstancias y definiciones a darse en el año largo que aún nos separa de los comicios nacionales. Una de esas circunstancias —y no la menor, por cierto— será que los blancos recuperemos, o no, las varias decenas de miles de votos que, como mínimo, perdimos en beneficio del Frente el 31 de octubre de 1999. Revertir tal emigración o fuga de nacionalistas hacia el "EP-FA" será, si lo logramos, uno de los principales elementos determinantes de que haya balotaje. Y ello sólo se obtendrá si nuestra estrategia electoral es la adecuada para alcanzar ese objetivo prioritario.

En condiciones, entonces, de que no se malinterpreten mis propósitos, diré que, por conocidas razones históricas, existen en nuestra colectividad dos grandes y definidas tendencias: la herrerista y la del viejo nacionalismo independiente, sucedido por la U.B.D. y, más tarde, por el wilsonismo. No interesan, hoy, los avatares electorales de esa histórica bipolaridad. Cuenta sí, que la misma se restablezca como tal, en términos de competencia electoral pareja, que es la que motiva a militantes y votantes. El herrerismo, liderado una vez más por el Dr. Lacalle, está listo para afrontar la pulseada cívica en condiciones de homogeneidad y disciplina sectorial.

La otra tendencia, por el contrario, aparece fraccionada en varios nucleamientos, la mayoría de los cuales respaldan, de manera más o menos explícita, diversas aspiraciones de ganar las internas y ser, luego, el presidenciable blanco. Pero, si ese panorama no cambia, si esa dispersión de fuerzas y esfuerzos no es sustituida por un nucleamiento unificado y compacto, por un haz de voluntades convergentes hacia la victoria en lo doméstico y en lo nacional, veremos por segunda vez la película de abril del 99. "U séase", una lucha despareja, con resultado previsible y confirmado en las urnas. Y lo que, tras ella, cosechó el Partido, no es necesario recordarlo ni explicarlo.

Cierto es que, en aquellos comicios internos, se cometieron otros graves errores, cuya reiteración todos suponemos que no se producirá. Pero con ello no alcanza. Los nacionalistas debemos evitar la proliferación de candidaturas y marchar hacia las internas tras dos sectores fuertes y sus respectivos presidenciables. Ello no significa negar aspiraciones y ambiciones, que son humanas y comprensibles.

Significa anteponer a toda otra consideración el interés de nuestro viejo y querido Partido Nacional, tantas veces coincidente con el interés de la patria.

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