Dos museos en Florencia

Hay recuerdos argentinos en Florencia. Un partido, por ejemplo contra la Fiorentina, antes del mundial del 82. Los albicelestes ganaron 5 a 2 y Maradona alcanzó dimensiones futbolísticas propias de Michelángelo. Un David perfecto como el que se deja ver desde la calle al ingresar a la galería de la Academia, pero zurdo.

Años después, en el Mundial del 90 fue aquí donde Diego erró un penal en la definicion con Yugoslavia. Y fueron entonces las manos de Goycochea, las que esculpieron la victoria.

Ahora llegan argentinos y uruguayos, tan italianos en la construcción artistica de la vida, para modelar sus equipos con vistas al futuro inmediato. Llegan de la mano de un pasado tan rico que parecen, como la ciudad que los recibe, un museo de las glorias y los sueños de antaño. A trazar un panorama acaso definitivo de cara a las Eliminatorias, pintando sobre la misma tela en la que hicieron sus esbozos en la ciudad de La Plata.

Perdieron la inocencia del virginal partido de aquella fría noche, cuando se lanzaron desde ambos lados a un desborde ofensivo que regaló una jornada como para celebrar el buen fútbol. Ahora, seguramente un poco más recelosos, algo inevitable, conociendo mejor el paño, se parecerán un poco más a las selecciones que se verán desde el inminente setiembre.

La Argentina es otra. Es la que es. Cuando salga a la cancha este miércoles pondrá sobre el tapete toda su estatura de indiscutible gran equipo. Para quien esto escribe, el rival de la celeste el miércoles, sigue siendo uno de los tres mejores equipos del mundo.

Que Juan Ramón le haga pensar tanto a Bielsa cómo formar el equipo, es desde ya un reconocimiento al potencial que amenaza desarrollar una más respetada seleccion uruguaya.

Por ejemplo: ¿jugarán Caballero, Ayala, Quiroga y Samuel, atras? Sería lo lógico, dejando a Zanetti para el mediocampo con Almeida, Verón, Aimar y Sorín, pero se teme que Carrasco insista con tres puntas. Entonces, por ahi, Bielsa arma casi por primera vez una linea de cuatro que para el caso podría ser Zanetti, Ayala, Samuel y Placente.

Florencia dejará algunas certezas. Lo hizo con la propia humanidad y de ello dan cuenta sus catedrales y palacios, su Ponte Vecchio y su Piazza de la Signoria, donde acaso nació el futbol, o donde ocurrieron, al menos los primeros simulacros, vestidos con bombachones coloridos que tomaban los escudos de los príncipes.

Y si así lo hizo con la propia historia, cómo levantar, con arte y con gracia claro, los velos que aún ocultan esas verdades futbolísticas que con impaciencia, se buscan.

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