aEl ser humano es creativo por naturaleza. Todo niño nace con un enorme potencial creativo en su interior. Sin embargo, pocos llegan a la adolescencia con la genialidad creativa que pudieron haber tenido durante su primera infancia.
Ultimamente ha surgido un creciente interés en la creación y aplicación de métodos, técnicas y hasta psicofármacos destinados al desarrollo y mejoramiento de la creatividad infantil. Desde mi modesto punto de vista el problema central no es cómo lograr "crear" la creatividad infantil sino cómo podemos hacer nosotros los adultos para evitar anularla.
Casi siempre el niño más creativo es el que más inquieta, estresa y "molesta" a padres y educadores, con sus preguntas, comentarios y comportamientos.
Lamentablemente la tendencia más frecuente suele ser "aplacarlo", "aquietarlo", e intentar igualarlo al promedio de los otros chicos de su edad.
La creatividad se alimenta de la libertad, libertad para estar más allá de preconceptos, prejuicios y formas convencionales y "correctas" de ver las cosas. Debido a ello es que los niños menores de 4 años de edad suelen ser tan genialmente creativos. Pero la libertad e independencia de pensamiento en los niños puede ser una situación preocupante y atemorizante para los adultos.
El niño creativo siempre va a estar soñando con lo imposible con lo que nunca se ha hecho o por lo menos nunca se ha hecho de esa manera. Naturalmente esto lo va a conducir por caminos no transitados, por caminos desconocidos y eso puede llegar a ser muy atemorizante para los padres. El camino no trillado es peligroso, el niño puede toparse con el fracaso, la frustración y el sufrimiento.
La tendencia natural es querer guiarlo con nuestra experiencia de adulto por el camino "correcto". Pero nuestro mapa puede estar repleto de temores, prejuicios, preconceptos e ideas pasadas de moda que ahogan paulatinamente la genialidad de esa creatividad infantil incontaminada.
Entre los 7 y los 14 años la mayoría de las personas pierden la mayor parte de lo que es su genialidad creativa. Neurológicamente durante este período ocurre un cambio sorprendente en el funcionamiento cerebral.
El hemisferio derecho es el hemisferio de la creatividad, la poesía, el amor, la música, la pintura, etc., y es el que está fundamentalmente activo durante la primera infancia.
En algún momento entre los 7 y 14 años este hemisferio cede terreno al hemisferio izquierdo, sector de lo racional, lo lógico, lo matemático, lo convencional.
Esta tendencia a funcionar preponderantemente con el hemisferio izquierdo promueve la disciplina, la competitividad, la búsqueda del poder y la fama e incluso el interés por el dinero, sin embargo, aparta al individuo de su natural potencial creativo.
Hoy en día se sabe que este proceso de cambio en la ‘predominancia hemisférica que opaca la creatividad’ es en gran medida inducido por el entorno interpersonal.
Tal vez lo ideal sea alcanzar el equilibrio entre ambos hemisferios con una educación que a la vez que fomente la racionalidad y la lógica no apague la chispa de la creatividad infantil por miedo a que se convierta en un fuego incontrolable.
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