Frente al Frente

CONTRA la opinión de algunos y las puntuaciones de las encuestas sobran razones para creer que el Frente Amplio tendrá serias dificultades para acceder al gobierno nacional. Es elocuente el indicador de las encuestas que refleja que en los momentos más difíciles que ha vivido y sigue viviendo el país, su tendencia al crecimiento electoral se ha estancado. Así, por ejemplo, una de esas encuestas que le daba el pico más alto al que llegó toda la izquierda —Nuevo Espacio incluido— de un 54% de intención de voto en setiembre de 2002, o sea en el momento más crítico que siguió al descalabro bancario, desde entonces marca un progresivo descenso que la sitúa en julio pasado en el 49%. Y un descenso de cinco puntos son alrededor de cien mil votos menos. Por otra parte son notorios y reiterados los desencuentros entre sus sectores y personalidades de mayor relevancia. El único factor de cohesión de la fuerza política como tal son eslóganes y frases hechas y ahí queda todo. Carece de un discurso y de un programa de gobierno serio y coherente. Se empantana permanentemente en enfrentamientos entre moderados y radicales predominando en general las posiciones de estos últimos.

TAMBIEN ha demostrado una peligrosa permeabilidad a constituirse en rehén de los intereses de sindicatos que lo catapultan a tiquiñazos. En ese aspecto, el ejemplo de su entrega con armas y bagajes al reclamo del gremio de Ancap en contra de la ley que le quita al monopolio al Ente y hace posible su asociación con capitales privados y de la cruenta contradicción de esta actitud ante su postura inicial de apoyo a la iniciativa legislativa, desairando a sus legisladores que redactaron el proyecto, no le pasó desapercibido a nadie. Los aplausos con que Tabaré Vázquez recibió el año pasado a una representación de Adeom que reclamaba a viva voz aumentos salariales exorbitantes, retumban todavía en los tímpanos de quienes presenciaron la escena por televisión. El rechazo que inspira la figura del candidato presidencial en el votante de centro es también evidente. La desconfianza de la gente va en aumento porque advierte cómo se afilia la izquierda a prácticas de proselitismo político que siempre condenó, como el ganarse la simpatía de los funcionarios aumentando sus sueldos hasta la desmesura, como lo intentaron hacer en el Poder Legislativo y como lo hacen en la Junta Departamental de Montevideo.

SE siente también el deterioro de la imagen del gobierno comunal capitalino, de desastrosa gestión en todos los aspectos que debe atender en beneficio de la ciudad, y se ha acelerado un proceso de pérdida de popularidad progresiva de un Intendente sin autoridad, jaqueado, desautorizado, desprestigiado y hasta denunciado por sus correligionarios. No alcanzarían decenas de editoriales para relacionar todos los detalles que influyen en la percepción de la gente, en la que a medida que pasa el tiempo se incrementa el arraigo de la convicción que si el Frente ganara las elecciones no sólo no cambiará nada sino que lo más probable sería que sus tensiones internas terminasen explotando en el gobierno para generar el caos o lo imprevisible. "Sin ninguna duda" afirmó recientemente el general Seregni en diálogo privado dado a publicidad por una tan oportuna como sobresaliente travesura periodística, cuando su ocasional interlocutor le preguntó si no creía que una eventual presidencia de Tabaré Vázquez sería un desastre.

SIN embargo cuando en los corrillos se comenta y se admite la contundencia argumental que debería descartar la posibilidad de un gobierno frentista, la pregunta que enseguida aflora es: ¿y quién le gana al Frente Amplio? Y se explica porque, no se puede negar que en parte injustamente pero en buena parte también con razón, los partidos tradicionales han perdido credibilidad. Dejemos constancia del hecho —creemos que indiscutible— sin entrar a analizar las causas. Este es un dato que aflora de la realidad.

A esta altura de los hechos es poco el tiempo para intentar revertir ese sentimiento escéptico o negativo de la gente. No quedaría otra, entonces, que cambiar las caras de los postulantes a cargos de gobierno en general y a la Presidencia de la República en particular. Ese deterioro de la izquierda da margen para avizorar con fundamento que habrá segunda vuelta electoral, pero ninguno de los potenciales candidatos que cuentan con mayor caudal de adhesión dentro de cada uno de sus partidos, los ex presidentes Dres. Sanguinetti y Lacalle, parecen por ahora con posibilidades de captar de una manera clara y rotunda el voto de los electores del otro partido político. Esos electorados, si bien en ambos casos en su mayoría tienden a ser gradualmente más fluctuantes que militantes, igual se caracterizan por perfiles antagónicos. Tenemos que admitir que en muy poco tiempo hemos cambiado muchísimo, que ya no somos los mismos que en 1999 y menos los que éramos antes.

DEJEMOS estas reflexiones aquí. No pretendemos ser los dueños de la verdad y podemos equivocarnos como cualquiera. El tiempo —que lo hay, pero que vuela— dirá. No somos de los que creen que para que muchos se saquen la venda de los ojos hay que pasar por la experiencia de un gobierno frentista. Es que está el país de por medio.

Errónea afirmación

Quienes promueven la iniciativa para determinar por ley que los cuerpos electivos tengan por lo menos un tercio de componentes del sexo femenino han afirmado, según glosamos en reciente editorial, que solamente una vez el máximo órgano del Poder Judicial estuvo integrado por una dama.

Es errónea dicha afirmación. Cuando se le había dado la denominación de "Corte de Justicia" estuvo integrado, hacia la primera mitad de los años 80, por una magistrada de sexo femenino.

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