CONSULTORA SERAGRO
La suba de la carne ha provocado una convulsión tal en la sociedad, que ha pasado a ser el principal tema de la calle, el que ocupa el centro de la información nacional, tapa de los diarios, y cabeza de informativos televisivos y radiales. El fenómeno muestra rasgos de cierta paranoia, con consumidores desesperados y desbocados, reclamando, a la puerta de las carnicerías vacías de compradores, la intervención del superior gobierno, la adopción de medidas extraordinarias (como si hubiera una verdadera catástrofe nacional), y hasta la renuncia de los políticos —corruptos e ineficientes—, lo que constituye un colofón natural a estos descontroles.
Buscando "culpables", se lanzan al ruedo disparates de todo calibre, como si hubiera una conspiración de malvados, que lucran con la desesperación y el hambre popular, para obtener ganancias injustas. Así desfilan por la picota del escarnio público, primero los carniceros (que ponen la cara en primer plano), después los frigoríficos y, por último pero mejor, los más sospechosos, los privilegiados de siempre, los malos pagadores, los chivos expiatorios preferidos: los estancieros. Sentados encima de sus novillos, los acaparadores, especuladores, agiotistas (hay que desenterrar categorías que están en desuso), fuerzan con su actitud mezquina la suba del precio del ganado ... y el pueblo que sufra, sin que les importe nada.
Más allá de los dislates, es importante calibrar hasta qué punto es fundamental para los uruguayos el acceso a la carne; pilar de la mesa nacional, sin cuya presencia —en la olla, la parrilla, o el horno—, no saben cocinar las amas de casa, y no llenan la panza los integrantes de la familia. Comida fuerte para el trabajador. Tal es la consigna que forjó la cultura nacional a lo largo de las generaciones; y esto significa una sola cosa: carne en abundancia.
Junto con Argentina, nuestro país ocupa el principal lugar en el consumo de carne vacuna en el mundo. Llegamos a comer más de 70 kgs. por persona y por año; ahora seguramente no llegamos a los 50 kilos, y seguimos bajando.
LO QUE PASA. Al ocupar la atención general, el tema mereció atención por parte de los políticos, y aquí sí puede complicarse la cosa, porque pueden incurrirse en decisiones políticas que afecten el futuro del rubro cárnico, el principal rubro productivo del país.
Por eso es importante señalar algunos aspectos fundamentales que están involucrados en este tema.
1. La producción de carne vacuna representa la principal esperanza para el desarrollo económico; ocupa el principal lugar entre los rubros exportables —con una recaudación de U$S 350 millones esperada para este año—; representa el principal ingreso de mas de 28 mil establecimientos agropecuarios, y aporta miles de puestos de trabajo en la industria, en el transporte, en los servicios conexos. Pero sobre todo, está en crecimiento, y tiene horizontes infinitos para avanzar, si no se le ponen piedras en el camino.
2. En la medida que aumentan los volúmenes producidos, y se recuperan mercados, la porción que se exporta es proporcionalmente cada vez mayor. Entonces, el mercado internacional incide cada vez más en la formación de los precios del producto. A la hora de vender una mercadería, siempre se habrá de preferir al comprador que pague más.
3. La actual suba de precios se debe a la mejora en las colocaciones externas (demanda de EE.UU., aumento del Hilton, etc.), pero más que nada a la escasez de ganados preparados para faena. Y los ganados no se engordaron (o perdieron las gorduras que alcanzaron antes del invierno), porque no hay pasturas de calidad suficientes para producir carne en el invierno. Y no las hay, porque el año pasado, y en menor medida también en este año, no se sembraron praderas, mejoramientos, ni cultivos forrajeros en las cantidades requeridas. Y la razón por la cual no se plantó lo necesario está muy alejada de conspiraciones, ni decisiones seudo masoquistas de producir menos y peor. La retracción se debió a la falta de crédito, al endeudamiento de las empresas y las familias, a la inseguridad respecto al futuro, y primordialmente, a los bajos precios del ganado, que no inducían a invertir en pasturas para producir carne barata. En menor medida, también influyó la competencia de la agricultura comercial —la soja en primer lugar—, que desplazó a muchos ganados de las mejores invernadas del litoral. Y por último, el invierno hizo lo suyo, con duros temporales y heladas en abundancia.
4. Recién esta semana, los precios de los mejores ganados recuperaron los precios (en dólares) anteriores a la aftosa, pero el promedio de todos los ganados faenados aún se encuentra lejos de aquellos niveles. Son muy pocos los lotes que acceden a los valores de punta.
5. Del mismo modo, el precio de la carne en gancho que sale del frigorífico rumbo a las carnicerías, está cotizando (luego de los aumentos), a valores similares a los de abril del 2001: U$S 1,64 el kilo de la media res de novillo.
El dólar y los pesos
En abril del 2001, el dólar cotizaba a $ 12,90, y ahora lo hace a $ 28, lo que equivale a un aumento de 170 % en este período. En ese mismo lapso, los salarios medios aumentaron (en términos nominales, no reales) un flaco 6 % en pesos. Pero como la desocupación trepó hasta casi el 18 %, y bajó también la población activa, los ingresos globales de las familias se deterioraron aún más. Y como la carne se cotiza en base a la evolución del dólar, porque se exporta (como el arroz, o la leche en polvo), sube en la misma proporción: en términos de poder de compra de la población, la carne aumentó por lo menos dos veces y media su valor, aunque no haya aumentado en dólares.
Beneficio
Tanto el ministro de Ganadería como el presidente de la Asociación Rural, el pasado sábado en el cierre del concurso de novillos, dijeron que toda la sociedad debe comprender que mientras más y mejor se exporte, en este caso carne, el beneficio será para la economía del país y, por ende, para toda la población.
Lo peor que se puede hacer hoy
Puede observarse en la gráfica adjunta, lo que representó estos años la faena en el tercer trimestre (julio—setiembre), los típicos meses de "post zafra".
En esos meses, tradicionalmente, caía abruptamente la faena, por la falta de ganados preparados, subía el precio, aparecían los stocks reguladores para bajarlo, y se desestimulaba así a los productores que quisieran producir carne para vender en el momento de precios altos.
A lo largo de la década pasada, la mejora en la condición sanitaria auspició la apertura de los mercados externos, se eliminaron las trabas administrativas que impedían acceder a los precios mejores (stock regulador, exportación en pie), y los productores pudieron utilizar la tecnología disponible para producir carne de calidad en invierno. De paso, con el aumento de la producción, siempre quedaban algunos cortes de bajo precio para el consumo. Por eso, pensar en una intervención es lo peor que hoy se puede hacer.