JOSE MASTANDREA
En un campo de juego de 105 x 72, ponga once jugadores dispuestos a cumplir al pie de la letra las indicaciones del técnico. Bata bien. Cuando juegue de local ubique una línea de tres en el fondo, tres volantes en el medio (sólo uno de marca), un enganche y tres puntas veloces. Cuando vea que el rival está dominado, acorralado y sin salida, busque por los costados ingresar al área adversaria. Si no puede, jamás utilice el pelotazo. Vuelva a empezar, a tocar, a juntarse y cuando vea un hueco, intente llegar al gol. Eso sí: no deje la comida más de 90 minutos en el horno. Se le puede quemar".
La receta casera de Juan Ramón Carrasco anoche dio sus frutos. Permitió que Uruguay derrotara a Perú en el Centenario por 1 a 0 y sumara su cuarto partido amistoso sin conocer la derrota.
Para algunos quizás le haya faltado algo más de sal y pimienta. Un poco más de fútbol, y por ahí, un par de goles más. Pero va al gusto de cada paladar.
Para otros, la receta estuvo a punto. Fue balanceada y dio con el sabor exacto de la victoria.
Sea como sea, los ingredientes de la receta fueron los mismos de siempre: fútbol bien jugado desde el fondo hacia adelante. Así fue como se elaboraron casi veinte situaciones de gol ante el arco rival. Hubo jugadas clarísimas frente al arquero Erick Delgado (la figura de Perú) pero no se concretaron. Pero lo más importante fue que se mantuvo la identidad. El sello de Carrasco, el que el técnico quiere imponer.
La de anoche no era una prueba más en esta corta carrera hacia las Eliminatorias —fue, y será el único partido de local en esta preparación— pero Uruguay volvió a sortearla con la misma receta de fútbol prolijo y ofensivo que mostró hasta ahora, aún con la presión que supone tener que ganar jugando en Montevideo. Con menos suerte a la hora de definir. Con poca puntería. Pero siempre apuntando al arco de enfrente.
Esta vez los condimientos fueron otros pero tuvieron el mismo resultado que no fue otro que la victoria.
El gol de Martín Ligüera, a los 10 minutos del complemento, fue la frutilla de la torta. Alcanzó y sobró para dejar por el camino a un Perú tibio, demasiado tibio como para pensar que los rivales de la Eliminatoria van a calzar sus puntos.
Uruguay, este Uruguay diferente de Carrasco, se salió con la suya. Y no precisó apretar el acelerador a fondo. Con la clase de Ligüera, la inclaudicable entrega del "Pato" Sosa, las apariciones del "Chino" Recoba y la magia de Horacio Peralta, fue más que suficiente para dejar atrás a los incaicos.
Que en la Eliminatoria va a ser diferente, todos lo saben. Pero nadie puede negar que la receta casera de Carrasco también da resultado.
Lo peor
Los goles errados
Los celestes malograron la mayoría de las situaciones de gol que fabricaron.
Las pelotas quietas
Aunque estrelló un remate —con pelota en movimiento— en el travesaño, el "Chino" Recoba estuvo extrañamente impreciso en la ejecución de pelotas quietas: le erró por demasiado al arco contrario.
Algunas intermitencias
† Pese a que el equipo tuvo circulación de pelota y dinámica, por momentos dejó que el ritmo de su funcionamiento, y del partido, cayera al de una práctica.
Lo mejor
Las situaciones de gol
El equipo fabricó muchas situaciones de gol pese a que Perú, por lo general, se abroqueló de la mitad de la cancha para atrás, cerrando los caminos hacia su arco.
El equilibrio
Aunque jugó con Sosa como único volante de marca, como Ligüera y el "Pollo" trabajaron a destajo a los costados del "Pato", el equipo tuvo más balance que en los tres partidos que había jugado antes.
El orden
A pesar de que demoró en encontrar el gol, Uruguay no perdió la línea, ni salió del libreto impuesto por Carrasco. Al contrario: fue fiel al mismo y mostró que cree en él a rajatabla.