BRASILIA | ANSA
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, admitió que su gobierno incumplirá su promesa de asentar al menos 60.000 familias de campesinos este año, aunque el Movimiento de Sin Tierra (MST) sigue defendiendo la necesidad de establecer a un millón de familias en los próximos cuatro años.
"Voy a tener que buscar una alternativa para impulsar la reforma agraria", dijo Lula durante un encuentro con gobernadores de la región noreste del país, según el relato de uno de los mandatarios a la prensa brasileña.
La meta de 60.000 familias asentadas este año había sido anunciada en mayo por el propio Lula y su ministro de Desarrollo Agrario, Miguel Rossetto.
Sin embargo, el ajuste por 4.000 millones de dólares aplicado por el gobierno para garantizar el superávit fiscal acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) dejó sin fondos para los asentamientos al ministerio de Rosseto.
De acuerdo a los datos del ministerio, el presupuesto para la compra de tierra donde asentar a los campesinos cayó de 160 a 55 millones de dólares.
El mes pasado, al recibir a la cúpula del MST, Lula ya había adelantado que iba a tener problemas para cumplir la meta de asentamientos. Los Sin Tierra, por su parte, le reiteraron su reclamo de establecer al menos a 120.000 familias este año.
DIFICULTADES. Uno de los líderes del MST, Miguel Stedile, dijo ayer que el movimiento es conciente de las dificultades que enfrenta el gobierno de Lula, "que recibió una política económica viciada, que dificulta sus acciones".
"Siempre tuvimos esa comprensión", agregó Stédile, hijo del coordinador nacional del MST, Joao Pedro Stedile, "y hemos dicho que los cambios sociales sólo se producen si hay cambios en el modelo económico".
Stedile, que coordina en Rio Grande do Sul las cooperativas creadas en los asentamientos del MST, dijo que "es posible asentar un millón de familias en cuatro años. Hay mecanismos para esto, y sabemos que el gobierno va a intentar hacerlo".
"Pero no tenemos la ilusión de que todo pueda suceder por la intención de Lula, agregó. Hay vocación política del gobierno, pero la reforma agraria en Brasil no depende apenas del gobierno federal, depende de la población organizada".
En el primer semestre de este año, el gobierno de Lula asentó a 4.810 familias en 241.000 hectáreas, para lo cual utilizó el 11% de los recursos previstos para la compra de tierras.
La distribución de la tierra es un problema central del campo brasileño, donde el 1 por ciento de los propietarios rurales posee el 44 por ciento de la tierra para trabajar y hay al menos 15 millones de campesinos sin tierra.