No tengo un tema para escribir este domingo, tengo
una sopa de temas, pero no me sobran espacios para
todos. Me saldré de la línea y aprovecharé la ocasión
para exponerlos y opinar entre reflexiones y
comentarios desordenada e inconexamente, pues
muchos no tienen nada que ver entre sí. En algún caso
omitiré nombres y en otros seré lo suficientemente
ambiguo como para que el lector que se interese
sobre lo que digo me busque, que se lo explico
susurrándole al oído con mucho gusto.
1) No me gusta el proyecto de ley que le asegura a las
mujeres posiciones parlamentarias. En lugar de
dignificar al sexo femenino —apto de por sí para
cualquier emprendimiento humano compatible con su
organismo— tengo para mí que lo menoscaba
innecesariamente. En el Poder Judicial en su conjunto,
de hecho ya hay una ginecocracia. Hillary Clinton, si se
lo propone, puede aspirar a ocupar el cargo de mayor
poder en el planeta y el primero que si pudiera la
votaría sería este servidor.
2) Ya que llegué a Estados Unidos pregunto si
después del confeso macanazo de la CIA y del lío entre
Blair y la BBC puede haber algún terrícola que crea que
la causa de la devastación de Irak fueron las armas
escondidas.
3) Y terminando con Estados Unidos, con todo respeto
al señor Silverstein, ¡qué importante es que los
embajadores sepan expresarse públicamente en el
idioma del país en donde se acreditan!...
4) Volvamos. Antes de aterrizar ya se siente la voz de
bajo de un Senador que fue el adalid de la poda con
motosierra de los sueldos llamados "altos" de los
funcionarios públicos cuya prédica logró además un
IRP de campeonato para los trabajadores del Estado y
también del sector privado, y sin embargo ahora un
año antes de las elecciones, clama por reducirlo o
suprimirlo. "No coments" diría Mr. Silverstein.
5) Ahora una reflexión etérea de periodista aficionado:
cuando se invoca a alguien desconocido que escribe
en otro medio de prensa es útil que antes de
identificarlo en la publicación se averigüe si el aludido
no padece de alguna carencia intelectual o aún
orgánica que le afecta su equilibrio emocional, mental,
en fin, su equilibrio.
6) No le cayó bien a nadie, pero alguien tiene que
decirlo, la evocación de un atentado al país y a sus
Instituciones con las especies biográficas y la difusión
de la opinión de protagonistas que pretenden
justificarse caminando por la cornisa de la apología
del delito. Antes y después, era, es, fue y será siempre
preferible el silencio.
7) Es colateral al tema la depresión al comprobar la
ignorancia de nuestros jóvenes y no tan jóvenes
compatriotas sobre la historia nacional. Para muchas
generaciones de uruguayos, de la gesta artiguista casi
hasta Jorge Batlle, el vacío de su paréntesis de
conocimientos es desolador.
8) Y no deprimen menos los programas televisivos de
preguntas y respuestas, ahora a estudiantes, antes a
cualquiera. La fragilidad de la cultura es alarmante. La
gente, los muchachos, no han leído ni leen nada.
9) Sorprende, para quien conoce los hechos tal como
sucedieron, apreciar cómo con una finalidad política se
puede deformar tanto el resultado de una investigación
judicial y a la inversa, cómo determinados jueces
sugieren a autoridades de entidades estatales
conductas imposibles de llevar a cabo con un mínimo
de fundamento jurídico ¿No entendieron nada, verdad?
Algunos pocos quizás sí. Me alcanza.
Quedan otros temazos, como el del referéndum contra
la ley de Ancap, o sobre la seguridad que la gran
mayoría de los que voten su derogación creerán que
así salvan a una empresa nacional, o sobre el margen
de libertad que concederá el Hombre de la Máscara de
Hierro a los legisladores de su parroquia para que
digan lo que piensan, y hasta sobre el peligro de
perros y bicicletas en la rambla, pero para esto hay
tiempo.