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Los temas de El País. Hay cien mil animales sueltos en Montevideo. Las protectoras lograron eliminar la perrera, pero no hubo plan alternativo y los refugios no dan abasto
Perros sin destino a la vista

Por Enrique Etchevarren, Rosa Aguirre y Marta Aguiar

Mientras caminan cansinamente por la calle, juguetean con los niños de la familia, acompañan la soledad de sus dueños o los llevan a rastras de la correa varias veces al día para cumplir un ritual natural que enerva a miles de personas, los perros están lejos de suponer que constituyen el objeto de una de las polémicas más feroces que se viven en Uruguay.

Son blanco del enfado de los peatones que protestan por la suciedad de las calles, objeto de la defensa encendida de las sociedades protectoras de animales y, cada tanto, protagonistas de ataques que alertan sobre la responsabilidad de los dueños de los animales.

La dosis de pasión con que se aborda el tema llevó a que en los últimos ocho años no exista ninguna política de control de animales y provoca que muchas autoridades consideren que no existe margen para tomar ninguna medida ante la proliferación de perros callejeros.

El decano de la facultad de Veterinaria, Alberto Cirio, estima que en Montevideo existen actualmente 300 mil perros, de los cuales 100 mil son vagabundos. Cifras similares manejan los responsables de las oficinas de la Intendencia que siguen el problema.

Los cien mil perros vagabundos, que llegan a formar jaurías en las zonas suburbanas de Montevideo y Canelones son un problema latente de seguridad y salud que ninguna de las dependencias consultadas por El País sabe cómo se va a controlar.

Cirio, que además de ser decano de Veterinaria integra la Comisión Nacional de Vigilancia y Prevención de la Rabia del MSP, negó los rumores existentes sobre detección de casos de rabia en el país. Pero la falta de políticas y controles sobre la población canina plantean el desafío de qué pasaría si ello ocurriera.

"En este momento no hay brotes de rabia, pero tampoco la hemos buscado en profundidad, con muestreos, para que la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos declare país libre de ese mal", explica.

Sin embargo, sostiene que existen "otros aspectos que hoy son mucho más graves, como las mordeduras, los accidentes muchas veces mortales, la transmisión de otras enfermedades como la hidatidosis que sí existe en el país y mata gente todos los años".

Aunque la rabia no es un problema, Cirio narra episodios desconocidos que protagonizan jaurías de perros sin dueño en lugares tan inesperados como el Puerto de Montevideo.

"Hay jaurías que han atacado a pasajeros de cruceros. El domingo pasado el tripulante de una nave fue mordido por un animal suelto y debió ser internado en el Hospital Británico. Hubo que coser la herida y se fue del país, pero el riesgo de rabia está siempre latente: no se pudo identificar al perro ni hacer un seguimiento y no hay seguridad de que esta persona no esté infectada, porque el Puerto es una de las posibles vías de entrada de rabia".

Cirio sostiene que lograr el rótulo internacional de país libre de rabia tendría importantes beneficios en materia turística, pero admite que para ello habría que llegar al control de las poblaciones callejeras, unidades de captura y un sistema de refugios para los animales.

"Mucha gente, sobre todo las protectoras de animales, piensan que lo mejor es dejar a los animales sueltos en la calle para no eliminarlos, cuando lo que en realidad sucede es que el animal en la calle sufre más".

Según el decano de Veterinaria "en la situación actual no hay más remedio en una primera etapa que capturar para castrar y marcar, y en última instancia, respetando determinados casos legales, la eutanasia".

Cirio reconoce que la muerte de animales capturados y para los cuales no se consigan dueños o refugios es el elemento que alienta la resistencia de las asociaciones de animales, pero cree que en la situación actual es inevitable.

"Una vez que la situación evolucione, como sucede en países europeos, donde no hay un solo perro en la calle, las capturas dejan de ser dramáticas porque su número es reducido al estar controlada la población".

Cirio vincula la actual situación límite con la inacción de las autoridades que temían la reacción del público. "La situación hoy está tremendamente deteriorada porque las autoridades no hicieron lo que tenían que hacer y por presiones de determinados grupos que llevaron a suspender la captura y el control".

LA TEMIDA PERRERA. La población de perros callejeros quedó fuera de control desde 1995 cuando el Ministerio de Salud Pública, bajo fuerte presión de organizaciones de defensa de animales que denunciaban malos tratos a los perros, suspendió por decreto la captura. Aunque la suspensión era por 180 días y suponía buscar medidas alternativas. Sin embargo la suspensión lleva ya ocho años.

"La captura se dejó en suspenso por 180 días, pero de hecho a partir de ese momento se desmanteló toda la estructura que tenía el MSP que era el organismo encargado del tema en Montevideo", dice Miguel Fernández Galeano, director de Salud de la IMM. Galeano sostiene que la Intendencia no es el organismo competente en el tema de perros callejeros (ver nota aparte).

En cambio, la Intendencia de Maldonado sí tiene esa competencia y desde hace un año está en medio de una fuerte polémica al reimplantar la "perrera" y la captura de animales sueltos.

La decisión se tomó después que una consulta a la población del departamento arrojó que el 80 por ciento de los fernandinos pedía la intervención de las autoridades ante la cantidad de perros sueltos. El 65 por ciento sostenía que había que reanudar las capturas.

El 35 por ciento de las denuncias que recibía la intendencia se relacionaban con perros vagabundos y los reclamos llegaban principalmente desde las zonas turísticas. Las autoridades del departamento estimaban que existían 35 mil perros en el departamento y que al menos 3.500 eran vagabundos.

"La campaña de control y protección animal tiene por objetivo minimizar los problemas que causan los perros sueltos para el bienestar de los vecinos de Maldonado, para la salud del propio animal y para la higiene del medio ambiente", dice Jorge Curbelo, el director de Higiene de la Intendencia.

Pero la reimplantación de la perrera el 1º de junio de 2002, cuando estuvieron listas las obras de construcción del refugio municipal de la ruta 39, se transformó en un contínuo dolor de cabeza para las autoridades, acusadas por protectores de animales de eliminar el problema matando a los perros.

Los activistas llegaron a interponer un recurso de Amparo ante la Justicia sólo cinco días después que comenzaran las capturas. El Juzgado Letrado en lo Civil de 5º turno desestimó la demanda sosteniendo que la Intendencia actuaba dentro del marco normativo.

El refugio oficial, que funciona en el antiguo abasto municipal, tiene capacidad para recibir 500 animales. Se levantaron caniles y boxes techados, consultorios para los veterinarios y cuenta con seguridad y protección del frío, así como de una área de recreación.

Según la Intendencia el régimen es el siguiente: los animales capturados permanecen en ese lugar por el término de 15 días, si no son reclamados en ese lapso las mascotas son puestas en adopción. Si su permanencia se prolonga y se registra superpoblación son derivados a otros refugios y se llega a la eliminación en casos extremos.

Las protectoras de animales sospechan que ya se han matado a muchos.

En un último intento por resolver la polémica, la Intendencia llegó a un acuerdo con una sociedad protectora local a la que derivaría los perros para no matarlos.

Pero responsables de esa protectora reconocieron a El País que están desbordados. Pablo Etchegaray, colaborador de la Sociedad Protectora de Animales de Maldonado, dijo que en las instalaciones que pueden recibir cien perros, hay actualmente 250 animales.

"No podemos recibir más", advierte. "Estamos pasados de la cifra y saturados porque diariamente tenemos que salir a buscar comida para todos".

Etchegaray considera que la Intendencia ha adoptado una posición muy dura, aunque reconoce que el municipio les dió un predio con agua y luz, así como comida.

"La Intendencia proporciona medicamentos para la castración, pero el veterinario es lo más caro", sostiene. "La idea que tenemos ahora es tratar de reducir la cantidad de perros que hay en el refugio, tratar de ir colocándolos y lamentablemente no vamos a poder recibir más perros de la Intendencia, pero eso implica que ellos sacrifiquen todos los que nosotros no podamos colocar", afirma.

REPROCHES. La polémica de Maldonado sigue vigente pero deja en evidencia que, en el resto del país, la demora en tomar decisiones sobre la población de animales sueltos hace que las sociedades protectoras tampoco puedan brindar refugio a todos.

Ricardo Púrpura, presidente de la Asociación Nacional de Protección Animal (ANPA) —que nuclea a 18 organizaciones— calcula que en todo el país existen unas 25 entidades voluntarias de defensa de los animales, pero dice que sólo 7 cuentan con refugios.

Púrpura propone reducir la cantidad de perros mediante la educación, la tenencia responsable y la esterilización. A la vez, critica a la Comisión Nacional contra la Hidatidosis y a la comisión contra la rabia porque afirma que respaldan a la perrera.

"La comisión de hidatidosis ha recaudado entre 1990 y 2001 más de 3 millones de dólares por concepto de patentes. Con el dinero recaudado en un año se podría haber instrumentado el plan de erradicación. La gestión ha sido ineficiente, porque quienes tuvieron los recursos para hacer un plan de esterilización no lo hicieron y además apoyan a la perrera", afirma.

Daniel Orlando, director de la Comisión Nacional de Lucha Contra la Hidatidosis, afirma que su organización mantiene dosificados cada 30 días a 120 mil perros en áreas rurales. Afirmó que en 1990 —cuando comenzó a actuar— 550 personas eran operadas por quiste hidático cada año y 55 fallecían. "Los últimos datos, que son del año 2001, establecen que hubo 194 intervenciones y ninguna persona fallecida".

El tema de los perros callejeros amenaza con convertirse en un problema imposible de resolver mientras los seres humanos siguen sin dar en el clavo de una solución.

El hombre considera al perro como "el mejor amigo", pero quizá los perros no pensarían lo mismo del hombre.

80 perros

La desesperación de los defensores de los animales ante el desborde de las protectoras hace que muchos particulares transformen sus domicilios en verdaderos refugios voluntarios. Ricardo Púrpura, de ANPA, relató a El País que una mujer de la zona de Altántida tiene 80 perros en su domicilio. En Maldonado, Pablo Etchegaray dijo conocer a una mujer que tiene 50 perros en su casa y que "hay como 40 personas que tienen alrededor de diez animales cada una".

Pasión global

Semanas atrás se conoció la historia de una mujer californiana, de apellido Christmas, que pagó mil dólares para que tres perros que había visto abandonados en el desierto de Irak a través de las imágenes televisivas de la guerra, fueran trasladados a su domicilio. Los perros efectivamente llegaron a su nuevo hogar.

No se conocieron reacciones de los iraquíes sobre el suceso.

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