"El 24 de noviembre de 2001 fui al estudio de mi casa, encendí el grabador, y pasé toda la noche tocando. Había redescubierto una afinación ‘Nashville’ (en la que trabajé hace unos años atrás para el tema The Search) y la apliqué a la guitarra barítono que recientemente había comprado." Así explica el gran guitarrista estadounidense Pat Metheny (1954) la manera en que se generó su último disco solista, donde para el placer de buena parte de sus seguidores vuelve a la guitarra acústica con cuerdas de acero.
Y es que escuchando con atención este hermoso trabajo, uno advierte que los doce temas que Metheny incluyó en él son la consecuencia directa del encuentro entre un guitarrista-compositor y una guitarra nueva de la cual el músico se enamoró a primera vista. Una guitarra de sonido profundo (mucho más bajo que la normal) a la cual afinó de manera también especial. De recorrer el diapasón de ese instrumento surgieron una serie de temas capaces de conmover al más insensible.
Es que cuando un guitarrista comienza a tocar con una afinación diferente se interna en un mundo nuevo, en un instrumento que a pesar de su familiaridad se vuelve ‘desconocido’, ya que la relación tonal cambia: donde la posición de un acorde sonaba equis, ahora suena zeta, etcétera. El verse sorprendido a cada rato por sonoridades que no se esperan produce una sensación de descubrimiento permanente que inspira aún más a la creación.
En este proceso está la esencia de este One Quiet Night en donde Metheny hace confluir todas las vetas estéticas que conforman su personalidad artística como guitarrista acústico. (Conviene recordar aquí que la fama de Metheny ha sido cosechada fundamentalmente como guitarrista eléctrico.)
A esta altura de su trayectoria parece innecesario resaltar las virtudes de uno de los mejores y más conocidos guitarristas del mundo en el ámbito del jazz (en sentido amplio), de un individuo que ha logrado un estilo propio, en el que cuenta no sólo su forma de tocar sino también el sonido utilizado. Que en realidad son cuatro fundamentales: el heredado de Jim Hall, el de su guitarra-sintetizador (eléctricos), el de su guitarra española (electroacústico) y el de sus guitarras de cuerdas de acero (acústico). Utilizado este último tipo de instrumento es que Metheny aplica, de forma estilizada, rasgos de la música folk oriundos de la tierra que lo vio nacer.
Pero por sobre todos los atributos conocidos de Metheny (su sentido de la melodía, toque cristalino, calidad compositiva etc.) impacta en One Quiet Night la sinceridad del material. En otras palabras, escuchar este disco es una forma directa de acceder al alma del individuo que toca, algo estrechamente ligado a la forma en que fue grabado el disco.
Todo el material tiene carácter de diario íntimo, de alguien que elige confesarse a través de un instrumento musical. Hay una atmósfera algo melancólica que impregna todo el disco, aún en composiciones como Song of the Boys en donde utiliza ligeros arpegiados y veloces rasguidos provenientes del folk, que recuerdan al inolvidable New Chautaqua de 1979.
Lo mismo sucede con los tres temas de otros compositores que Metheny incluye (uno de ellos de música pop): están realizados desde un mismo estado anímico y a través de una misma voz. En este sentido es especialmente disfrutable la versión de My Song de Keith Jarret, una composición verdaderamente clásica. Los tres fueron incluidos como pequeños homenajes a ‘melodías’ que el músico siempre admiró.
Seguramente por la novedosa y envolvente sonoridad de esa guitarra barítono afinada de manera heterodoxa o por la calidez y calidad que transmite el guitarrista, la hora y pico de música que contiene One Quiet Night se pasa volando. De ahí que apenas se termina el track 12, uno ya tiene ganas volver a escuchar el disco desde el principio.
En el texto que el propio Pat Metheny escribió para el librillo que acompaña el disco, leemos lo siguiente: "A pesar que la mayoría de nuestras grabaciones han sido hechas teniendo en cuenta infinidad de planificaciones y en sofisticados estudios de grabación, éste disco comienza y termina con una sola guitarra y un sólo micrófono". Justamente ahí reside gran parte de la magia de One Quiet Night.
*** *** ***
CRITICA I EDUARDO ROLAND
ONE QUIET NIGHT
Autores. Metheny, Jarret, Harris, Marsden
Producción. Pat Metheny
Edita. Warner Music
l Estados Unidos, 2003