Jorge Abbondanza
Los montevideanos dedicados a la faena teatral actúan donde pueden. Es frecuente encontrar carteleras de salas donde se aglomeran varios espectáculos en diferentes horarios y días de la semana, a lo que se agrega el uso de espacios no convencionales que se suman al circuito para remediar la escasez de escenarios, compensando con la singularidad de su marco las habituales precariedades de equipamiento. Todo eso ocurre mientras la ciudad sigue careciendo de sus dos mayores recintos teatrales (el Sodre y el Solís) que continúan en proceso de obras sin disponer en el primer caso de fecha de inauguración conocida y en el segundo caso con reapertura prevista para fines de 2004. Cabe recordar que el desaparecido Estudio Auditorio se incendió hace casi treinta y dos años y que el Solís fue cerrado para refacciones hace cinco años, lo cual permite apreciar el ritmo que los organismos públicos dedican a la recuperación de sus ilustres centros culturales.
Al margen de ese panorama, sin embargo, hay noticias alentadoras. Por un lado La Candela abrió una flamante salita en el subsuelo de los pabellones frontales del Shopping Punta Carretas, en la esquina de Ellauri y García Cortinas. Ese teatrito dispone de capacidad para 108 espectadores, sus obras estuvieron a cargo del arquitecto Joaquín Molas y desde hace cinco días ya está ofreciendo una pieza para niños, pero será inaugurado oficialmente el miércoles que viene, ocasión en que también se lo bautizará formalmente con el nombre de Andrés Castillo, múltiple teatrero (actor, dramaturgo, director y dirigente gremial) que como indomable luchador del movimiento de grupos independientes estuvo vinculado a varios elencos y en fechas recientes al primer ciclo de La Candela, desde su desaparecido reducto de la calle 21 de setiembre y Coronel Mora.
Por otro lado, se anuncia para setiembre la apertura de una sala de dimensiones más vastas en el complejo Moviecenter del Montevideo Shopping, cuyo proyecto lleva la firma de la arquitecta Beatriz Testa. Al fondo del corredor que abre acceso a las diez salas cinematográficas de ese lugar, está instalándose ese teatro que tendrá 670 localidades repartidas en platea y tertulia, con escenario de once metros de boca (y otros tantos de profundidad) en el que actuarán compañías nacionales y extranjeras. La empresa a cargo del nuevo espacio teatral es la misma que explota los cines de ese establecimiento y desde ya promete copiosa programación a partir de la primavera.
No es un hecho usual que se inauguren teatros en Montevideo, donde la lucha de viejos grupos independientes (Circular, Gaviota, Galpón, Tinglado) por mantener habilitadas sus instalaciones, enfrenta dificultades económicas cada día más severas. Esa realidad convierte las dos aperturas señaladas en un hecho doblemente valeroso y estimulante, capaz de levantar el ánimo de cualquier observador. El caso demuestra que la iniciativa privada tiene un brío que los planes oficiales deberían envidiarle, sobre todo cuando se piensa en el Odeón.