Eduardo "Lalo" Fernández
En las estadísticas ya figura un partido más entre los rivales del Río de la Plata y eso es lo que fue, un partido más, sin el fuego sagrado de antaño, el que hace tiempo se apagó dejando para el recuerdo lo que era el clásico mayor de Sudamérica. Ahora la fogata se prende cuando juegan argentinos y brasileños y mucho menos se podía pedir que las llamas volvieran a alumbrar cuando los dos equipos no eran, ni por asomo, la mejor expresión de cada país. Argentina puso una Sub 23 preparando sus baterías para los próximos torneos internacionales y Uruguay presentó un equipo con las incoherencias propias de una preparación incoherente dentro de un fútbol incoherente. Y vayamos al grano. ¿Cuál fue la finalidad que se perseguía al pactar este partido? Se supone que no fue otra que la de preparar el equipo con vistas a la eliminatoria. ¿Qué equipo?... Alguien puede pensar que este elenco que jugó frente a los argentinos va a ser el que enfrente a Bolivia? El que piense así delira. Uruguay jugó con el uniforme de alternativa y nunca tan bien elegido, porque fue un equipo de alternativa. Se dice que en el Uruguay la gente lee poco, pues viendo el partido del otro día hay varias lecturas que se podrían hacer. En el primer tiempo cuando el equipo se paró de acuerdo al "nuevo estilo" a los 40 segundos los rivales ya habían perdido dos goles, luego hicieron dos y erraron cuatro; se confiaron y fueron sorprendidos con dos trazos largos, vulgo pelotazos, jugados por Liguera con su rara habilidad para lanzarlos, llegadas que lejos estuvieron del publicitado nuevo sistema pero que terminaron en un gol de Chevantón y el empate del generoso Milito con su cabezazo en contra. En el medio campo el sudor de Sosa regó el césped pero otra vez jugó tan solo que fue clarísimo el dominio de los argentinos los que se hicieron por momentos un festival, sobre todo con las subidas del 4 Clemente Rodríguez el que, (para felicidad de Uruguay culminó siempre mal), haciendo el dos-uno con el puntero Delgado, el que enloqueció a Regueiro. Ni hablar de D’Alessandro el que jugó como un veterano y al que pararon sólo revolcándolo. Las famosas tres puntas no agregaron nada a la ofensiva por la sencilla razón que Sánchez se perdía por izquierda ya que ni bajaba ni subía, Pandiani insólitamente pegado a la raya por derecha no existió y como consecuencia la soledad de Chevantón fue alarmante.
El primer tiempo salió barato. En la parte final las cosas mejoraron porque todo fue más sensato. Se juntaron mejor, se adelantaron en el terreno y cuando tuvieron que bajar lo hicieron más compactos igualando el juego pero, ya fuere jugando más o menos abiertos, lo sorprendente fue que Uruguay nunca llegó como ahora se pretende. Se argumentará y con razón que estos jugadores, salvo excepciones, están en pleno descanso y que por tal causa no rindieron. Pues señor entonces habrá que esperar que agarren fútbol para pensar en ellos y no se sabe mucho cuando será. Contra Perú jugará otro equipo y la selección, quizás para estar a tono con la época, es un "banco de pruebas". Por encima de tanta "invitación" lo más preocupante es la forma como se para el equipo, sistema que necesita de mucho tiempo, contracción al trabajo, y sobre todo de piezas adecuadas. Contra Argentina el equipo que jugó de rojo no convenció y no podía hacerlo porque no tiene la automatización necesaria para el sistema que se pretende. Lo importante es que la tengan los que jueguen contra Bolivia, y para ello no se puede cambiar de equipo cada semana. Cómo conseguirlo no será sencillo y por ahora son más las dudas que las realidades.