"Armadito"

A pesar del invierno empieza a entibiarse el aire con vientos calientes propios de la próxima estación electoral. Se difunden, se analizan, se discuten encuestas, se trabaja en base a poses, se sale en público con mayor asiduidad, comienzan los golpes bajos, y se nota la preocupación de quienes creían correr con el caballo del comisario y ven que al entrar al tiro derecho no se despega como esperaban. Y empieza también la actividad de los periodistas políticos y de los programas televisivos de la misma naturaleza, que admiten dos modalidades: una el reportaje y la otra la confrontación entre representantes de diferentes partidos con relación a determinados temas. En ambos casos el periodista debe actuar con el equilibrio que asegure su imparcialidad —aunque no la tenga—sin caer en el primer caso ni en complacencia ni en hostilidad contra el reporteado y manteniendo en el segundo la debida distancia en la polémica, sin involucrarse ostensiblemente por respeto al público. En este pecado nos pareció que pudo incurrir una conocida periodista de un canal televisivo en la noche del domingo pasado cuando los senadores Rodolfo Nin Novoa y Francisco Gallinal debatieron sobre un proyecto de ley de voto consular. Con todo aplomo y serenidad, Nin apoyaba el proyecto y Gallinal se oponía a él, cuando la moderadora desde un principio —luego de haber coincidido en que las encuestas telefónicas tenían un valor muy relativo— daba cuenta de los resultados que llegaban de la audiencia al canal a través de un teléfono al que ni se le veía ni se le oía sonar, que iban marcando una tendencia progresiva a favor de la tesis de Nin. En esas estábamos cuando Gallinal sacó de la manga el texto de la Constitución, leyó el primer artículo según el cual "la República Oriental del Uruguay es la asociación política de todos los habitantes de la República" y luego varios más que ponían en evidencia la inconstitucionalidad de la iniciativa. Con toda corrección y naturalidad, Nin absorbió su derrota, pero la periodista pareció desacomodarse al punto que le hizo notar a Gallinal que no esperaba verlo "tan armadito". Sonó a peyorativo, como si Gallinal le hubiera ganado la batalla dialéctica a ella más que a su contradictor, y enseguida anunció que las telefoneadas cuyo valor había relativizado pocos minutos antes llegaban al 80 % a favor del proyecto de ley. No queremos ser injustos y admitimos que nuestra impresión pudo ser equivocada, pero aún así, y para todos, sirve recordar que para expresar el partidarismo político un periodista tiene ámbitos y ámbitos.

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