Es un plato condimentado en la cocina de Mr. Bean que, como se sabe, es un inglés torpe que hace morisquetas a partir de la nariz. Además es compatriota de la Reina Isabel II, del agente secreto James Bond y desde esas alturas elabora una nueva receta: la del agente Johnny English, nombre que da título a la comedia que desde hoy aterriza en varias salas montevideanas.
Por descarte, este seguidor de 007 tiene que vérselas con un caso crucial para su país. Una sucesión de muertes en los servicios de inteligencia británicos impide que el despliegue sea hecho por otros especialistas más agudos. Con la ayuda de un compañero primero y de una bella mujer después, English debe revelar públicamente los planes que un multimillonario francés tiene para apoderarse de la corona británica, en una especie de venganza histórica.
El personaje no es original de la película. El agente apareció como integrante de una serie publicitaria que Rowan Atkinson realizó para una tarjeta de crédito entre los años 1992 y 1997. "Esos anuncios sólo duraban unos sesenta segundos pero tenían un cierto aire cinematográfico. Estaban muy elaborados, tenían ambiente y excelentes valores de producción. Parecían una mini película así que era lógico hacer una maxi película", afirma el actor. Para el productor Tim Bevan, "la idea de hacer una película de espías a la inglesa nos pareció perfecta. Lo curioso del cine inglés es que parece sobresalir en dos géneros, la comedia y el cine de espionaje, y esta película era una forma de combinar ambos".
Para asegurar la puntería de la historia, la idea fue trasladada a dos libretistas que conocían muy bien los movimientos del super agente secreto que inspira esta comedia, porque Neal Purvis y Robert Wade venían de escribir el guión de El mundo no basta. A pesar de que estuvieron trabajando durante dos años, la pareja debió conseguir un aliado para finalizar la historia, William Davies, mientras ellos encaraban el guión de Otro día para morir, la más reciente aparición de James Bond.
La impronta de los libretistas es más que notoria. Los ambientes super lujosos, la aristocracia, la tecnología de punta, los deportivos más espectaculares, los planes más osados, son ingredientes que se trasladan desde aquel modelo a esta parodia que tiene el cuidado de no transgredir los esquemas que sostienen al agente original.
"Johnny es inteligente pero le falta la intuición", sostiene el director Peter Howitt. "No es un completo incompetente, no es un desastre, simplemente tiende a entrar en acción en el momento más inoportuno, aunque sigue adelante porque tiene una exagerada confianza en sí mismo". Con estas características, el humor emergente está mucho más próximo a la diversión ligera que al absurdo practicado por algunos maestros del género en Inglaterra, como Peter Sellers.
Porque además si Bond es la fuente inspiradora, la producción esta ideada para uso de Rowan Atkinson y de su famoso personaje televisivo: las muecas y los estereotipos empleados por Johnny son los mismos que identificaron a Mr. Bean, de tal manera que entre uno y otro personaje no hay mayores distancias. No es una aproximación casual ya que el mismo Rowan reconoce que "les eché una mano a los guionistas" porque nadie mejor que él conocía a aquel personaje creado para la ITV y HBO en 1989, tras una larga trayectoria por los teatros del West End y Broadway, y con el cual recogió varios premios, incluyendo un Emmy. Tras haber continuado con la explotación de Bean a través de un largometraje (en 1997) y de un seriado producido el año pasado donde se resucitaba al personaje en veintiséis episodios, sólo le quedaba inventar a un primo hermano y es más que probable que también a este torpe agente de Su Majestad le llegue la fiebre de secuelitis.
¿Quiéres ser mi enemigo?
Aunque pueda parecer un show unipersonal, Johnny English no descuida lo que está más allá de su protagonista. Sobre todo a quien compone al enemigo del agente secreto reservado para Rowan Atkinson: ni más ni menos que John Malkovich. Casi como un anacronismo, el actor estadounidense interpreta a su segundo personaje francés consecutivo.
Radicado en París, Malkovich había participado en el 2002 en la miniserie Napoleón, componiendo a Charles Talleyrand en medio de un elenco que incluyó otras celebridades (Gérard Depardieu, Anouk Aimée, Isabella Rosellini). Inmediatamente después el agente de quien inspirara-interpretara Quieres ser John Malkovich propuso a los productores que reservaran el personaje para su representado. "John es el clásico villano de calidad, así que fue increíble que no se nos ocurriera pensar antes en él", dijo Bevan, uno de los artífices de Johnny English. Como el megalomaníaco Pascal Sauvage, Malkovich debe hablar inglés con acento francés: "Pascal", dice el director Peter Hewitt, "tiene como todo villano, un lado bueno, un lado implacable y un lado desquiciado. John es capaz de sugerir todas esas facetas, cambiando de una a otra en un abrir y cerrar de ojos".