JORGE ABBONDANZA
Agosto y setiembre son los meses en que tiene lugar todos los años el festival cinematográfico de Venecia, conocido generalmente como la Mostra. Se trata del festival más antiguo entre todos los que se celebran en el mundo: fue inaugurado el 6 de agosto de 1932 y organizado por un ente autónomo italiano, la Biennale di Venezia, que durante décadas también se ha ocupado de lanzar cada dos años la prestigiosa muestra de artes plásticas en los Jardines Públicos de la ciudad lacustre. Aunque hace 71 años de aquel inicio, la muestra, con accidentes históricos de por medio, celebrará este año su edición número sesenta, un número redondo que servirá para realizar la que posiblemente sea la fiesta cinematográfica más importante del año, habida cuenta la ausencia de talentos presentada por Cannes y la cantidad de celebridades que esta vez eligieron a la muestra italiana.
En aquellos mussolinianos comienzos de 1932, lo que oficialmente se denominaba Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica di Venezia exhibió —en idioma original, sin el doblaje que es habitual en el circuito de salas de Italia— veinticinco películas de siete países, entre las cuales figuraban dos soviéticas (hecho insólito en la era fascista), una francesa de René Clair (director entonces vetado en pantallas de la península), varias alemanas y hasta El hombre y el monstruo de Rouben Mamoulian, con Fredric March en el papel central, por el cual ese actor obtuvo un Oscar pocos meses después.
La segunda Mostra se llevó a cabo del 1 al 28 de agosto de 1934 y ya figuraban ochenta y una películas de diecisiete países, marcando la veloz expansión de un festival que todavía no tenía premios: a los participantes se les entregaban diplomas. Después vendría el León de San Marcos, posteriormente conocido como León de Oro, para galardonar al mejor film de cada edición. Luego Venecia siguió albergando su Mostra, que inicialmente ofrecía sus proyecciones en un cine al aire libre del Lido y que desde 1937 dispuso del flamante Palazzo, con 1.350 butacas para acomodar a los invitados, a una altura en que el festival ya recibía el conocido desfile de estrellas y grandes directores, como una vidriera que su competidor de Cannes todavía tardaría nueve años en imitar.
LA COMPETENCIA. La Mostra mantuvo su puntualidad en 1938 y 1939, operando siempre entre los majestuosos hoteles del Lido, aunque en 1940, 1941 y 1942 pasó a exhibir sus películas en una sala de Venecia a causa de la guerra mundial que ya estaba en curso. Por culpa de ella no hubo festivales en 1943, 1944 ni 1945: el regreso de esos revuelos en 1946 coincidió con la primera edición del Festival de Cannes, que con los años comenzaría a ser el otro polo en materia de primicias de alta calidad y de premios de valor internacional.
Con el paso del tiempo, la aureola de Venecia fue atenuándose mientras Cannes ganaba en promoción, concurrencia de celebridades y volumen como mercado de películas: el crepúsculo de la Mostra forzó reformas nada felices en su reglamento, que dejó de otorgar el León de Oro y al perder el mecanismo competitivo perdió también buena parte de su relumbrón.
RESURRECCION. Pero Venecia ha ido resucitando de sus cenizas en los últimos tiempos, y en ese desafío (la difícil pulseada con Cannes, ante todo) están empeñados sus directivos: actualmente quien rige la Mostra es el alemán Moritz de Hadeln, quien ahora estuvo en Cannes aprovechando la nube de periodistas mundiales, para anunciar algunas cosas de la próxima Mostra, que será la sexagésima de la historia. Ese dirigente se quejó de que el festival de Montreal había modificado sus fechas y ahora se superpone a Venecia, aunque agregó —con arrogancia muy adriática— que los festivales importantes en el mundo son apenas tres o cuatro "y Montreal no figura entre ellos". Lo que adelantó Hadeln no es una programación definitiva, pero sí una lista de cosas importantes que podrán figurar en la Mostra número 60.
Entre los títulos mencionados por Hadeln cabe mencionar unos cuantos que no estaban listos para su lanzamiento en Cannes pero en el mejor de los casos enjoyarán la cartelera de Venecia dentro de dos meses: Kill Bill de Quentin Tarantino, Saraband de Ingmar Bergman, Cantando dietro i paraventi de Ermanno Olmi, Intolerable Cruelty de los hermanos Coen, The Company de Robert Altman, Matchstick Men de Ridley Scott, In the Cut de Jane Campion, Master and Commander de Peter Weir, 2046 de Wong Kar-Wai. Pero al margen de esa lista, que ya bastaría para cargar de interés cualquier certamen de cine, el director de la Mostra se empeña en festejar los 60 años de Venecia con bombos y platillos que además podrían incluir películas de Bertolucci, Angelopoulos, Bellocchio, Kusturica o Jacques Rivette, nada menos. Habrá que esperar y ver: por el momento, las perspectivas para el festival veneciano parecen brillantes.
Homenaje a un grande de la comedia
n En el marco de la Mostra veneciana, el Sindicato Nacional de los Críticos de Cine de Italia llevará a cabo un homenaje al veterano comediante y realizador italiano Nino Manfredi, otorgándole un premio especial por el conjunto de su carrera. En la fundamentación del premio se señala que con sus interpretaciones y su trabajo detrás de la cámara, Manfredi ha aportado "una contribución importante al cine italiano".
A lo largo de varias décadas de carrera, Manfredi se afirmó como uno de los principales cómicos italianos, uno de los pocos de los verdaderamente grandes como Sordi, Gassman y Tognazzi con los que a menudo compartió cartel. Actuó a las órdenes de casi todos los grandes realizadores del género (Dino Risi, Luigi Comencini, Ettore Scola), desempeñándose en films tan diversos como Los complejos del hombre (1962) de Dino Risi, Franco Rossi y Luigi Filippo D’Amico, El verdugo (España 1963) de Luis G. Berlanga, Pan y chocolate (1973) de Franco Brusati, Nos habíamos amado tanto (1974) de Ettore Scola o Sucios, feos y malos (1979, también de Scola), en muchos de los cuales exhibió una más que atendible veta dramática. Cuando se colocó detrás de la cámara aportó entre otros un brillante episodio del film colectivo Amores difíciles, y los largos Veo desnudo y Por gracia recibida.