Sainete lírico en dos actos con música de Pablo Sorozábal y libreto de Ramos de Castro y Anselmo Carreño
Puesta en escena. Jorge Angel Arteaga
Dirección musical. Paolo Rigolin al frente de la Orquesta Juvenil del MEC
Solistas. Sandra Silvera (Ascensión),
Sandra Scorza (Clarita), Alfonso Mujica
(Joaquín), Ruben Boyadjian (Ricardo),
César Moreira (Capó), Espasa
(Alejandro Pampurro) y Carmen Figares
(Doña Mariana), entre otros
Lugar. Sala Brunet, domingo 6 de julio
Como sucedió con Luisa Fernanda hace tres meses, las cuatro funciones programadas para representar La del manojo de rosas agotaron las entradas, y seguramente de haber agregado una función más, se hubieran vendido todas las localidades disponibles.
Esta realidad habla a las claras —para beneplácito de los amantes del género— de la vigencia y el arraigo que la zarzuela tiene en Uruguay, aspecto que confirma como un acierto el hecho de que el Sodre haya apoyado la iniciativa de armar una temporada dedicada al teatro lírico para el 2003, algo inédito desde la creación del organismo estatal en 1931. Aún resta la puesta en escena de La revoltosa para octubre en la Sala Brunet, y el broche de oro: La verbena de la paloma montada en la Plaza Matriz, para diciembre.
APUESTA. La fórmula que los responsables del espectáculo aplicaron para representar esta pieza fue la misma probada en las anteriores producciones: una puesta tradicional con elenco nacional y con la Orquesta Juvenil del Ministerio de Educación y Cultura encargada de la parte musical. Todo hecho con pocos recursos materiales pero con mucho entusiasmo. El resultado: una representación muy digna, sin excesivos brillos pero que el público disfrutó de principio a fin, que al fin y al cabo es lo que cuenta en una expresión artística netamente popular.
Sin duda que esta pieza es de menor categoría que Luisa Fernanda, sobre todo en lo que respecta a la partitura, menos elaborada y, para que se entienda, más jugada al paso doble. Desde el punto de vista de la trama, La del manojo de rosas es efectiva como comedia con su necesario toque de enredo, sus infaltables "gags", y la cuota melodramática que siempre surte efecto en el corazón del público que busca emociones directas.
Dentro de la ligereza de trazos con que están dibujados los personajes, el más rico es a todas luces Espasa, y en menor medida Capó (tenor cómico), ambos muy bien interpretados por Pampurro y Moreira respectivamente.
La actuación del trío protagónico en el cual descansa el nudo del conflicto (Ascensión y sus dos pretendientes) estuvo acorde con ese nivel de dignidad que dijimos era la tónica general de la puesta. En cuanto al desempeño de los actores en tanto cantantes, debe advertirse que el volumen demasiado alto de la orquesta (sobre todo en el primer acto) jugó en contra de sus perfomances. Por ejemplo, en muchos momentos de hizo difícil seguir las letras, fundamentalmente cuando le tocó el turno a la soprano Sandra Silvera, que por otra parte mostró buenas condiciones histriónicas.
Tal vez lo más destacado en materia vocal hayan sido algunas intervenciones del barítono Alfonso Mujica, cuyo timbre es muy agradable, aunque en los finales de frase de notas largas le costó mantener la afinación exacta, con seguridad por estar más entrenado en las lides del canto camerístico, que requiere menos esfuerzo a nivel de emisión sonora.
Un pasaje muy logrado fue el dúo entre Silvera (Ascensión) y Mujica (Joaquín), cuando se encuentran la segunda vez que Ascensión le lleva un ramo de rosas a la madre de éste. Es el momento lírico por excelencia de la pieza, cantado con mucha propiedad, y por suerte la orquesta tuvo allí una intervención muy ajustada y expresiva lo que fue decisivo para conformar el logrado pasaje, generosamente aplaudido por un público que siguió con singular atención cada paso de la zarzuela.
Sandra Scorza (Clarita) cumplió con creces su papel cómico a la vez que cantó siempre en un nivel aceptable; incluso cuando tuvo que bailar lo hizo con conocimiento de causa y con gracia, algo que contrastó fuertemente con su ocasional compañero de baile (Paco, el camarero andaluz), quien tiene menos gracia que un alemán bailando flamenco: algo que el responsable de la escena debió reparar ya que como bien dijo Chesterton, "en arte no hay detalles", todo es igualmente importante
Otro aspecto que no convenció fue la actualización del libreto: en el contexto epocal que inevitablemente comunica cada momento de una pieza costumbrista por definición (incluyendo la escenografía), que se hable de "euros" en lugar de "pesetas" o que para mencionar a un personaje vivo en la ficción se nombre a Antonio Banderas, parece por lo menos totalmente innecesario.
JUVENTUD. La orquesta, no obstante los problemas de volumen antes mencionados, y ciertas desafinaciones notorias, supo cumplir con la responsabilidad que tenía. No olvidemos que se trata de una orquesta no profesional y que cada año debe reestructurar su plantilla. Incluso exhibió un momento de nivel muy destacado durante todo el preludio instrumental del segundo acto, el pasaje más inspirado que Sorazábal escribió para La del manojo de rosas.
Hay un aspecto de la condición juvenil de la orquesta que no es menor y que cala hondo en el público, esto es, la alegría y el entusiasmo que cada uno de los chicos pone en la tarea que le toca, disfrutando incluso de todo lo que pasa sobre el escenario en aquellos momentos hablados donde se detiene la música.
En síntesis, de acuerdo a lo visto (tanto en Luisa Fernanda como en La del manojo de rosas) puede augurarse un exitoso futuro para el resto de esta temporada ideada por Jorge Scorza y Jorge Angel Arteaga, dos luchadores incansables por la causa `zarzuelera`.