BRASILIA | ANSA
La llegada al poder de Luiz Inácio Lula da Silva, el primer sindicalista que gobierna Brasil, amenaza ahora con dividir a la Central Unica de Trabajadores (CUT), que el propio presidente brasileño fundó en los años 70.
"Por más de una década, los ocupantes del Planalto (la casa de gobierno) estimularon la creación de centrales sindicales para enfrentar a la poderosa CUT. Pero bastaron seis meses de mandato del ex sindicalista y fundador de la CUT, Luiz Inácio Lula da Silva, para que la mayor central sindical del país fuera a parar al diván", dijo la analista Marta Salomon.
El eje de las disputas es la polémica reforma que impulsa Lula del sistema de previsión de los empleados públicos, un sector que tradicionalmente conformó la base electoral del Partido de los Trabajadores (PT) del presidente.
El plenario del Congreso brasileño recibirá este mes los proyectos de reforma y el Gobierno confía en su rápida aprobación.
La reforma que impulsa Lula extiende la edad mínima para aspirar al retiro, fija un techo máximo para las jubilaciones y prevé la aplicación de impuestos a los pensionados.
Los sindicatos de empleados públicos impulsan para la semana próxima una huelga general reclamando que el gobierno retire del Congreso su proyecto de reforma. El presidente de la CUT, Luiz Marinho, amigo personal de Lula, ya adelantó que no la apoyará.
NUEVA CENTRAL. Ahora, 52 de los 1.700 sindicatos que existen en todo el país están impulsando la creación de una nueva central obrera.
El germen de la nueva central fue el llamado Movimiento en Defensa de la Previsión Social y del Servicio Público, creado para reforzar la presión contra la reforma impulsada por el gobierno.
Con la presencia de representantes de sindicatos de jueces, policías, diplomáticos y fiscales de la Justicia, entre otros, el grupo se reunió la semana pasada y acordó crear una nueva central sindical.
"Este núcleo está compuesto en un cien por ciento por personas que durante toda su vida trabajaron por la elección de Lula. Naturalmente, hoy están decepcionadas", dijo Ezequiel Nascimento, líder del sindicato del personal legislativo, uno de los impulsores del movimiento.
Para Nascimento, la nueva central "ya es inevitable. Ahora sólo nos toca definir los aspectos jurídicos", y adelantó que representará al menos a "ocho millones y medio de empleados públicos de todos los niveles".
Las principales entidades que reclaman la formación de una nueva central —la de empleados del Poder Legislativo, la de Fiscales del Sistema de Previsión y la de Técnicos del Tesoro— no forman parte de la CUT, pero han atraído a otras que sí, como la del sindicato de los policías civiles.
Aunque se concretara la salida de los gremios de empleados públicos, la CUT seguiría siendo la mayor central sindical brasileña. Reúne a 3.353 sindicatos y representa a más de 200 millones de trabajadores.
Marinho, al igual que Lula, es un crítico recurrente del "corporativismo" de los empleados públicos, cuyos "beneficios" y conquistas sindicales, dice, son muy superiores al de los trabajadores sindicalizados del sector público.
EN LA LUNA. El líder de la CUT defiende una negociación con el gobierno para modificar los puntos resistidos por los empleados, pero rechaza reclamar que se retire el proyecto del Congreso. "El que pide eso, vive en la luna", dijo.
"En los últimos 20 años los empleados públicos fuimos víctimas de campañas difamatorias. Primero fuimos los marajás, después los vagabundos, y ahora los privilegiados", se quejó Nacimiento.
La protesta de los empleados públicos forma parte de la resistencia que varios sectores tradicionalmente aliados al PT de Lula, e incluso dentro del propio partido, tienen ante la política económica ortodoxa que desarrolla su gobierno.
Desde su asunción, el 1º de enero, Lula aplicó un ajuste de 4.000 millones de dólares en el gasto público, mantiene altas tasas de interés para controlar la inflación y amplió el superávit primario para garantizar el pago de la deuda externa, todas medidas resistidas por los trabajadores.