Dra. Marianela Martínez
Odontopediatra de UCM.
El miedo al dentista se puede explicar por motivos subjetivos, o bien por experiencias previas que fundamenten ese temor. En muchos casos la aprehensión que sienten los niños ante la consulta odontológica no se relaciona con la consulta propiamente dicha, sino con el recuerdo de una experiencia anterior negativa. A veces se conserva la memoria de una vivencia más o menos desagradable, otras, se trata sólo de un recuerdo subconsciente que al enfrentarse con el sillón del consultorio dental, genera igualmente miedo o inseguridad.
La relación de los niños con el odontólogo está pautada psicológicamente por la presencia del familiar que les acompaña: no se trata de una relación de uno a uno, sino de uno a dos. Este aspecto es de capital importancia para prevenir, desde la primera entrevista, el posible futuro miedo del niño a la consulta odontológica.
EXPERIENCIA POSITIVA. El objetivo que se persigue es la motivación del niño hacia la consulta, procurando que se interese y colabore con la tarea que se ha de realizar en su boca. Para ello se debe contar con elementos condicionantes como la edad del niño, su peculiar situación de salud (por ejemplo si tiene dolor), sus experiencias odontológicas previas y su historia clínica. El odontólogo deberá enfocar los perfiles psicológicos más adecuados a partir de esos antecedentes.
Cuando el niño acude a la consulta ansioso y con temor, tiene grandes riesgos de transformar la visita en una experiencia negativa. Por ello es preciso tener en cuenta que si bien la ansiedad es un rasgo de la personalidad, puede alimentarse o inhibirse por los estímulos externos. En la medida que se maneje adecuadamente la entrevista, se podrá impedir que se potencie una natural tendencia al temor. Deben descubrirse los estímulos más oportunos para revertir la aprehensión.
Pueden existir antecedentes de experiencias negativas, aún fuera de experiencias médicas u odontológicas, que pesen en el momento de la consulta dificultando una participación activa y positiva del niño. Es preciso tener en cuenta esas situaciones.
Existen diferentes tipos de conducta en los niños frente a la consulta que permite catalogarlos como: cooperadores, con falta de capacidad para cooperar, o potencialmente cooperadores.
Los del primer grupo, que son la mayoría, aceptan el tratamiento y participan de la consulta con una actitud relajada, con disposición y hasta con entusiasmo.
Dentro de los no cooperadores se encuentran los niños con los que la comunicación se hace difícil, fundamentalmente los que son muy pequeños, con quienes se debe lograr la comunicación a través de juegos hasta que acepten la consulta.
Los niños potencialmente cooperadores son aquellos que tienen problemas de conducta, pero pueden ser superados promoviendo su capacidad de cooperación en la relación con el odontólogo.
ROMPER EL HIELO. Las técnicas utilizadas por los odontopediatras para la consulta infantil pasan por sucesivos períodos que evolucionan a lo largo de las consultas.
La primera etapa es romper el hielo entre el niño y su odontólogo a través de un intercambio de gestos y palabras que los lleve a conocerse. El odontólogo debe conocer el nombre del niño, su edad, su grado escolar, sus programas de televisión preferidos, el equipo de fútbol que le gusta, etc. Los padres que lo acompañan han de participar de este tipo de relación, para lograr que el odontopediatra no sea nunca una figura distante y desconocida.
El entorno es especialmente importante para esta relación, sobre todo en la primera entrevista. El sillón odontológico no debe presidir la consulta como elemento central del escenario. Se debe de utilizar el espacio físico del consultorio para evitar la indeterminación de ambientes, y al mismo tiempo para lograr que el niño lo asocie con lugares que le son conocidos, gratos y acogedores, fuera de su propio hogar. El reconocer algunos elementos que le recuerden otros lugares donde transcurre su vida diaria (como el jardín de infantes, el preescolar o un club deportivo), le transmitirá sensación de confianza. Basado en estos principios, el consultorio odontopediátrico deberá contar con muebles de colores hechos a su medida, y mesitas con juegos didácticos.
DOLOR. Sería preferible que la primera consulta con el odontólogo no sea, por ejemplo, cuando el niño padece un absceso dentario ya instalado y la magnitud de la infección afecta más seriamente su salud. El dolor que le ocasiona dicho proceso y las molestias ocasionadas durante su tratamiento, influirán en el niño psicológicamente y en el futuro, si el odontólogo no se manejacon prudencia, inmediatez y eficacia.
En estas circunstancias, resulta especialmente importante el papel que desempeñan los padres al no dejarse llevar por la ansiedad normal que experimentan al comprobar el sufrimiento y la aprehensión que padece su hijo.
Existen algunas técnicas, que a pesar de las molestias experimentadas pueden ayudar a desviar la atención del dolor para fijarla en los medios que se pondrán para aliviarlo. Por ejemplo, se pueden utilizar nombres para los elementos utilizados en el consultorio con palabras sustitutivas que sean de fácil comprensión y aceptación para el paciente. Se les habla de "gotitas dormilonas" en lugar de inyección anestésica, o del "avión" en lugar de la turbina.
El papel de los padres en la consulta
Resulta fundamental la permanencia del padre durante la consulta, ya que es la situación más natural de los primeros años de vida, y también de las situaciones especiales. Es de vital importancia la actitud de los padres durante el tratamiento y la coordinación de esfuerzos con el médico.
No conviene que los padres usen la expresión "no tengas miedo" como una advertencia, pues sugiere el miedo que aún no existía en la mente del niño y le predispone contra un peligro
También deben evitarse comentarios entre adultos respecto a la consulta odontológica porque a pesar de que no vayan dirigidos al niño, éste los puede recoger como una experiencia negativa de sus padres.
Existe una estrecha relación entre la ansiedad de los padres y el comportamiento del niño durante la consulta, en la medida que los padres ansiosos pueden afectar negativamente la conducta de sus hijos. Esta ansiedad puede revestir la forma de una conducta sobreprotectora que fomenta el temor e influye para que el niño no se adapte a la consulta odontológica. Esto se ve fundamentalmente en los niños menores de cuatro años con fuertes lazos de dependencia emocional.
Los padres deben conocer la conveniencia de acudir a la primera consulta odontológica (antes de que exista un problema odontológico) sólo a modo de control preventivo. De esta manera, no sólo se realizará la prevención sino que se facilitará el manejo de futuros posibles problemas, para que el niño no asocie el dolor con la primera consulta generando resquemor y desconfianza para las sucesivas entrevistas de control preventivo.
Prevención prenatal
El adiestramiento de los padres sobre la salud bucal del niño debe comenzar durante el período prenatal, dentro de un esquema global de educación en salud, con criterio preventivo, que la madre debe estar dispuesta a recibir para su propia salud y la de su bebé. El odontopediatra debe trabajar en equipo junto con el obstetra y el pediatra.
PARA TENEREN CUENTA
Los conceptos odontológicos fundamentales que deben transmitirse a la madre son:
La caries dental es una enfermedad infectocontagiosa, y por lo tanto transmisible, de adultos a niños.
El recién nacido no tiene microbios en la cavidad bucal.
Investigaciones científicas suecas revelaron que los niños infectados tenían los mismos gérmenes que sus madres.
El principal germen productor de caries, el streptococus mutans, puede sobrevivir hasta 8 horas sobre la superficie de una cuchara o de cualquier utensilio.
El pasaje del cubierto por la boca materna transferirá al niño cientos de colonias de bacterias. Lo mismo ocurre cuando se "lava" el chupete con su propia boca, o "prueba" la mamadera.
La alimentación con mamadera nocturna, sin higiene posterior, genera las "caries de biberón" en los dientes de leche.
Los alimentos con alto contenido en azúcares (alimento de bacterias)incrementa el riesgo de caries.
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