Fue una jornada de fiesta. Después de un paréntesis de cinco años y medio, volvió a vivirse la emoción de las carreras en el Hipódromo de Maroñas. Lo que pareció imposible durante un tiempo demasiado largo y había llevado a la desesperanza a los protagonistas de la actividad hípica, así como a los habitantes del barrio, se convirtió en agradable realidad en la jornada dominical, cuando el hipódromo abrió sus modernizadas instalaciones —que son consecuencia de un proyecto y una obra imaginativa que no desdeñó detalle— a un público ávido por disfrutar del espectáculo turfístico, para marcar el comienzo de un tiempo con renovados bríos en la actividad hípica.
Con un público desbordante, Maroñas —un hipódromo con rica historia— volvió a ser gran escenario del turf y por lo visto en la jornada inaugural, tiene todo —debido a una millonaria inversión realizada por Hípica Rioplatense que no escatimó recursos, esfuerzos ni planificación— para situarse en el liderazgo de los escenarios hípicos de las Américas.
Ayer se disputaron cuatro carreras, pero el espectáculo comenzó para todos al llegar a Maroñas y advertir —en el caso de quienes conocían los tiempos anteriores—cómo fue transformado el hipódromo, y descubrir —para quienes concurrían por primera vez— un lugar de entretenimiento para toda la familia.
Además de lo que significa como espectáculo y paseo para los fines semana —por ahora están programadas carreras sábados y domingos— el Hipódromo de Maroñas constituye significativa fuente de trabajo —tanto por vía directa como indirecta por todas las actividades conexas que mueve— que debe valorarse más en tiempos en los que no se abren posibilidades laborales. La inversión no es solo en el hipódromo, sino también en salas de entretenimientos y juegos que son acondicionadas en otras zonas de Montevideo.
En un país que busca superar el duro golpe asestado por la crisis económica, la reapertura de Maroñas debe ser vista como ejemplo de las posibilidades que pueden forjarse cuando existen apropiada planificación, voluntad de asumir riesgos característicos de una gran inversión y de generar beneficiosas repercusiones sociales.