Menos Sopranos

| H. A. T.

Mucho telespectador debió quedar sorprendido con el final repentino de la serie Los Sopranos, tras la trasmisión por el canal HBO de su último capítulo (junio 14), después de lo cual el título desaparece de la programación mensual. Quedaban muchos cabos sueltos en las seis o siete líneas argumentales recientes y el cine americano ha habituado a su público con la norma de que los argumentos terminen. La costumbre es que un joven llega a campeón, dos novios se casan, un escritor publica su libro, un compositor estrena su ópera, un villano se muere. En Los Sopranos, faltan finales en algunas líneas de la anécdota, pero su creador David Chase debe haber razonado que inventar una culminación para cada uno de los pequeños conflictos terminaría por sumar un artificio, con lo cual dejó alguna línea abierta, para arrancar seguramente con una nueva colección en el año 2004.

Sin embargo, ese final de interrupción pudo ser pronosticado por el aficionado, examinando algunos episodios recientes, cuando Tony cortó su tratamiento con la psicoanalista (Lorraine Bracco) y cuando mató en pelea a su conflictivo lugarteniente Ralph. El otro lugarteniente Chris quedaba internado en un sanatorio, para un tratamiento por drogadicción, con plazo indefinido. El verdugo Furio, traído de Italia, se iba de vuelta a Europa, sin previo aviso, visto que no podría progresar su silencioso romance con Carmela, esposa de Tony. Alguna rencilla entre Tony y el lugarteniente Paulie insinuaba que éste también desaparecería a corto plazo. Todo pensado, el elenco iba a disminuir, porque algunos contratos de intérpretes no serían renovados.

Pero el último episodio dio sorpresas y dejó otras incógnitas para el futuro. La competencia entre Tony y Carmine, jefe de una banda rival, derivaba a que el terco Carmine sería asesinado por dos negros villanos bien pagados, pero después el plan quedó cancelado, los negros serían los asesinados y la competencia entre ambos jefes mafiosos seguiría vigente con final incierto, discutiendo porcentajes de un negocio que el espectador no llega a entender. Allí hay un futuro por narrar. Los reiterados adulterios de Tony provocan el enojo de su mujer Carmela, el regreso del nombre de Furio a la incómoda conversación entre ambos, la ruptura con presumible divorcio, la angustia para dos hijos de padres separados y otra incógnita para los futuros episodios, si los hubiere. La separación lleva también a que se suspenda la compra de una hermosa casa al borde del mar y provoca una pelea entre Tony y el abogado Alan, que no quiere devolver una seña de 200.000 dólares. Esa pelea deriva a que Tony hace instalar un parlante a todo volumen frente a la casa de Alan, pasándole música y programas de Dean Martin en la radio, durante 24 horas, para no dejarle dormir. Ese es un suplicio chino muy astuto, que pueden comprender de inmediato los vecinos de discotecas y clubes nocturnos en Montevideo y otras ciudades civilizadas.

También es una de las villanías más sutiles en este amplio cuadro de la Mafia. Como fuera señalado en una columna reciente de este suplemento (junio 9), la serie deja muy bien establecido que estos mafiosos utilizan la mentira, el chantaje, el soborno y el asesinato como usan cubiertos en la mesa, pero en cambio rara vez presenta a las víctimas que pagan con disgusto esos peajes para seguir viviendo. En la fallida compra de la casa junto al mar, el abogado Alan tiene toda la razón, pero la última ruidosa escena insinúa que perderá el partido y devolverá 200.000 dólares. En cambio, el anciano Junior, mediante el soborno de un jurado, gana el juicio que le seguía el gobierno, y eso cancela una línea argumental que nunca se explicó bien. Ya fue escrito que la dispersión y la incoherencia fueron rasgos habituales de la serie, donde hay poco dato sobre los delitos de Junior y sobre la posible intervención del FBI, que está vigilando a la Mafia pero hace poco o nada. Junto a mucha paliza y mucho crimen, la policía no existe cerca de estos mafiosos. A cambio de esos defectos de estructura, que derivan de un excesivo plantel de productores y libretistas, Los Soprano siempre supieron tener diálogos concisos y casi espontáneos, más un dominio de los silencios y las miradas, como lo sabe hacer el mejor cine sonoro. Durante algunos meses se les va a extrañar.

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