La fenomenal crisis financiera que nos agarró el año pasado sigue dando motivo y material para una cantidad de análisis económicos y comentarios de economistas. Aunque sea de refilón, también da lugar a que los que no somos economistas nos sorprendamos ante actitudes y comportamientos de los uruguayos que, no obstante ser inveterados, se ven de otro modo a partir de la crisis.
Una de las actitudes o comportamientos sorprendentes quedó de manifiesto cuando se supo la masa enorme de dinero que los uruguayos tenían depositada en los bancos y cuya cuantificación salió a luz al estallar los bancos y conocerse el inventario de los depósitos que habían sido retirados o que se habían evaporado. En julio del año pasado escribí en este mismo lugar bajo el título de "Escondidos y estériles" refiriéndome al volumen de los depósitos bancarios de los residentes: "La primera observación, la más obvia y, sobre todo, la verdaderamente significativa es: ¡qué cantidad brutal de plata tenían los uruguayos! (...) Recuperados del asombro pasamos al siguiente razonamiento: ¿por qué los uruguayos dueños de tanto dinero tomaron la decisión de depositarlo en un banco? ¿Por qué no se compraban una estancia, o invertían en una industria, o abrían un comercio? ¿Un boliche? ¿Una boutique?".
Así como el año pasado lo que sucedió con los depósitos me llevó a esta reflexión sobre los comportamientos de los uruguayos y lo que de allí se puede aprender sobre esta sociedad que formamos los orientales, de la misma manera la discusión actual sobre el endeudamiento levanta preguntas y plantea hipótesis. Hay preguntas que son estrictamente de economía y ésas las dejo para los economistas; cuál sea la proporción tolerable entre deuda y capital; qué se debe hacer para aliviar el peso del endeudamiento; qué consecuencias para la economía global del país traería una suspensión de ejecuciones o una refinanciación por vía legal, etc. Todas estas son preguntas de economía. Pero en este asunto, tanto como en el caso anterior de los depósitos, aparece otro tipo de preguntas. Por ejemplo: ¿por qué los uruguayos piden tanta plata prestada?
Endeudarse, básicamente, es pedir dinero prestado, ¿no? Bueno, sí y no. Endeudarse es comprar sin tener que pagar, dejando eso para más tarde. Pero, sea como sea, el endeudarse es un comportamiento de riesgo: tiene una cuota mayor o menor de incertidumbre.
Pues si todo el mundo concuerda en que los uruguayos somos conservadores y tenemos una marcada aversión al riesgo ¿cómo se explica que nos endeudemos tanto? No estoy hablando del crédito al consumo que es más una tentación que un cálculo. Si el uruguayo es conservador, el hombre de campo lo es más aún. Sin embargo, si atendemos a lo que dice la Federación Rural, el endeudamiento es general, y no se trata tanto de deudas con el fisco por atrasos sino de deudas con los bancos: es dinero que pidieron prestado. ¿Cómo se explica —porque para todo hay una explicación y Ud. lector ya estará concibiendo alguna— que en un país reconocidamente conservador haya tanta soltura para incurrir en el riesgo de endeudarse?
¿Cuál es la percepción de riesgo real que tiene el empresario uruguayo —rural, industrial o comercial— frente al crédito que pide y tiene que devolver? ¿Tiene este comportamiento algo que ver con el anterior, es decir, con la clara preferencia de quienes tienen capital disponible a encaminar su dinero hacia la bóveda de un banco y no a una aplicación directa? ¿En qué contexto es posible imaginarse encarar un emprendimiento empresarial sin capital propio de giro, a puro te debo?