Entre rejas a los 105 años

| Ya hubo 27 intentos de suicidio y varias huelgas de hambre en Guantánamo

Jorge Abbondanza

Hay 680 presos en la cárcel que Estados Unidos construyó en su base cubana de Guantánamo para encerrar terroristas. Buena parte de esa población rodeada de altos alambrados proviene de Afganistán, remota comarca donde los norteamericanos libraron una guerra a partir de octubre de 2001. Aunque son originarios de 42 países, a esos detenidos se les imputó una vinculación con la red Al-Qaeda o con el régimen talibán: algunos ya han sido liberados, entre ellos un anciano afgano de 105 años "parcialmente sordo, sin dientes y con dificultad para responder hasta preguntas simples". Ese centenario sobrevivió a Guantánamo, donde compartió el encierro hasta octubre de 2002 con "otros afganos de 70 y 60 años" pero también con niños: "fuentes oficiales del Pentágono reconocieron que había menores de 13 y 15 años presos en la base".

Ya hubo 27 intentos de suicidio y varias huelgas de hambre en Guantánamo, mientras el diario The News de Islamabad (Pakistán) señalaba que "esos centenares de presos se han convertido en desechos físicos o casos psiquiátricos": un año antes, Le Monde había dicho que eran tratados "como animales". Para entender tales extremos conviene saber que los detenidos en Guantánamo no pueden hablar entre ellos, no pueden rezar (la gran mayoría es musulmana) y están permanentemente de rodillas, encadenados y a veces vendados. Calificados con deliberada vaguedad por autoridades norteamericanas como "combatientes enemigos", para no conferirles la categoría de "prisioneros de guerra" (que les acreditaría derechos expresados en la Convención de Ginebra), los presos de Guantánamo tampoco entran en la definición de "delincuentes" o "criminales", lo cual les permitiría acceder a un juicio más o menos rápido frente a un jurado imparcial. En su actual condición se encuentran en un "limbo legal": no son ciudadanos norteamericanos ni están en territorio norteamericano, de manera que quedan al margen de toda garantía constitucional. "A ninguno se le han presentado cargos formales ni se les ha permitido tomar contacto con abogados". Por algo el cuadro fue definido por un editorial de The New York Times como "El escándalo en Guantánamo".

Pero ahora saldrán de ese limbo legal, porque Estados Unidos construye en su base una cámara para condenados a muerte, que serán ejecutados mediante la inyección letal. Los candidatos a esa pena capital "son muchos", aseguró una alta fuente del Pentágono. Habrá juicios militares presididos por oficiales que ya han sido designados por el Departamento de Defensa: un coronel será fiscal en jefe, otro será responsable de la defensa, otros siete integrarán un jurado igualmente militar para dictar —llegado el caso— esas penas de muerte. Eso ocurre mientras organizaciones defensoras de derechos humanos han elevado quejas y pedidos por esos prisioneros, pero la Corte Suprema de Estados Unidos "descartó recientemente una petición" formulada por un grupo de sacerdotes, abogados y defensores de derechos civiles. Algo similar había sucedido ante tribunales federales de menor jerarquía, que igualmente bloquearon otros reclamos.

La situación "atenta contra una tradición que el pueblo y el sistema judicial norteamericano se preciaban de conservar y jerarquizar: las garantías de un debido proceso, el derecho a la defensa y a ser juzgado por un tribunal independiente". El fiscal ya designado señala que "ha elaborado una lista de dieciocho crímenes de guerra" entre otros delitos, para juzgar a "por lo menos diez" de los detenidos, afirmación que resulta irónica en momentos en que Estados Unidos logra del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la inmunidad para sus ciudadanos ante la Corte Penal Internacional de La Haya, que justamente se encarga de crímenes de guerra.

En junio de 1898 y en medio de la guerra de Estados Unidos contra España en la isla de Cuba, que todavía era una colonia española, los marines ocuparon la bahía de Guantánamo, que resultaba ideal para cobijar la flota norteamericana y controlar el futuro canal interoceánico de Panamá. En 1903, Estados Unidos logró incorporar a la Constitución cubana un apéndice conocido como Enmienda Platt (por el nombre del legislador que lo propuso) mediante el cual Guantánamo era arrendada al gobierno norteamericano como base naval —y sin fecha de devolución—a cambio del pago de 5.000 dólares anuales. El tratado se renovaría en 1934, pero desde la revolución de 1959 "el régimen cubano no ha hecho efectivo ninguno de los cheques depositados por Estados Unidos en un banco suizo".

Ahora el ministro Donald Rumsfeld sostiene que los detenidos en la prisión de Guantánamo figuran "entre los asesinos más peligrosos, mejor entrenados y más feroces de la faz de la Tierra". Cabe suponer que no se refiere a aquel afgano de 105 años ni a los niños de 13 o 15 años.

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