Lula prometió a Bush que habrá ALCA para el 2005

| Lula recibió críticas en su país porque pese a su gesto no logró apoyo de Bush para ingreso al Consejo de Seguridad

BRASILIA | AFP

El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, dejó atrás las críticas al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) a la que había tildado de "anexión" de América Latina por Estados Unidos y prometió a su homólogo estadounidense, George W. Bush, que trabajará para concluirlo en el plazo previsto: enero del 2005.

Lula acordó con Bush que las negociaciones del ALCA deben concluir en el plazo previsto, a pesar de que las nuevas autoridades brasileñas se habían quejado desde que llegaron al poder, en enero pasado, de la falta de tiempo para negociar la amplia agenda que contempla.

En la Cumbre del Mercosur en Asunción, Lula advirtió que había que evitar la "anexión" de los países latinoamericanos a través del ALCA, algo que había repetido en la campaña electoral que lo llevó al poder en octubre.

El diario O Globo ha sido el más crítico después de esta histórica Cumbre entre Brasil y Estados Unidos el viernes en Washington.

"A pesar de haberse mostrado más receptivo a adherir al ALCA dentro del plazo, Lula no consiguió el apoyo de Bush a la candidatura de Brasil a un sillón permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU", asegura el diario carioca en su edición de ayer sábado.

Lula no consiguió el compromiso de Bush de apoyarlo en su aspiración de ocupar un escaño permanente en un Consejo de Seguridad renovado.

El canciller brasileño, Celso Amorim, ha reiterado que Brasil quiere sacar de las negociaciones del mayor acuerdo comercial regional en el que participan 34 países del hemisferio, con excepción de Cuba, los capítulos más sensibles para discutirlos en el ámbito de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

NEGOCIACION. Brasil quiere dejar para la Ronda de Doha de la OMC los servicios, las inversiones y las compras gubernamentales, al igual que Washington quiere hacer con la agricultura, un sector vital para los brasileños y negociar bilateralmente lo que sea posible, en un acuerdo del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), en la fórmula 4+1.

A los estadounidenses no les ha gustado nada esta idea, pero Amorim se ha mostrado firme. En la reunión de 14 ministros de las Américas celebrada el pasado día 13 en Estados Unidos, reiteró que "estamos tratando de ver qué podemos acordar entre nosotros (en el seno del ALCA), qué tendremos que resolver en la OMC y qué tendremos que hacer de manera bilateral".

Este esquema es el "más realista para terminar a tiempo", según el ministro.

Brasilia cuenta con el apoyo de los nuevos gobernantes de Argentina y Paraguay en este proyecto, al igual que Uruguay.

En Washington, Lula se mostró optimista sobre las negociaciones y aseguró que Estados Unidos y Brasil podrán "quebrar las barreras si perseveran", después de que las autoridades brasileñas recibieron en febrero como un jarro de agua fría la oferta diferenciada de Washington para abrir su mercado a los diferentes bloques de la región.

Muchos analistas destacan la política "pragmática" en materia externa del gobierno Lula, cuya prioridad es el fortalecimiento del Mercosur y la integración sudamericana.

Pero al mismo tiempo quiere crear una alianza estratégica con los países emergentes, en particular, India, Sudáfrica y China, así como Rusia, e inaugurar una nueva era en las relaciones bilaterales con Estados Unidos, su principal socio comercial.

El diario Estado de Sao Paulo subraya ayer que el trato que Washington dispensó a Lula y su equipo de 10 ministros, está habitualmente reservado a Canadá y México, sus dos socios en el Tratado de Libre Comercio Norteamericano.

Antídoto

-"Lula se ha transformado en un potencial antídoto, tal vez definitivo, contra las tesis revolucionarias, rescoldos de las Guerra Fría, con la ventaja adicional de diluir el propio antiamericanismo que a veces se infiltra en buena parte de la élite del continente", destacan los analistas de la consultora Goes & Consultores Asociados.

- "De ahí la dimensión estratégica de la aproximación, en un momento histórico en que las políticas promovidas por Estados Unidos son particularmente contestadas en la región", concluyen.

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