LUIS ROUX
La camioneta para al borde de una ruta. Baja un grupo de personas, cruzan el alambrado y empiezan a revisar la tierra. Al caer la tarde vuelven con un montón de piedras. Las limpian, las etiquetan y las guardan en cajas. Después escriben conclusiones sorprendentes.
Esos seres enigmáticos son arqueólogos. El campito que hurgaron es un yacimiento arqueológico. Las piedras son, en realidad, cuchillos, hachas y puntas de lanzas de pobladores primitivos del territorio.
Con perseverancia, conocimiento y buena suerte se pueden encontrar cosas muy viejas. Ugo Meneghin, un estudioso del tema desde hace cuatro décadas, se jacta de haber encontrado los objetos más antiguos hallados en territorio uruguayo. Son dos puntas de proyectil que estaban al norte de Pan de Azúcar y que, según el análisis de un laboratorio de Estados Unidos, tienen 12.960 años de antigüedad.
Es bastante. Anterior a todo vestigio de civilización. Los arqueólogos miran las piedras y son capaces de ver a aquellos artesanos, acaso más bárbaros de lo que se pueda imaginar. Gente incapaz de cultivar ni de quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, con una expectativa de vida de 30 años, una edad en la que ya eran abuelos.
Los últimos hallazgos establecían que se habían encontrado objetos que databan de hace unos 12 mil años, en Playa Hermosa. La apreciación de la fecha se basaba en análisis tipológicos, por el aspecto de las piedras, similar a otras que datan de esa fecha. En este caso, en cambio, se trata de un análisis con el método científico que se ha comprobado como más eficaz: la prueba de Carbono 14 (ver recuadro).
El hallazgo de las puntas de proyectil de punta pisciforme, correspondiente al período peleoindio, de casi 13 mil años, se produjo en enero de 2001 y partir de entonces se planteó un trabajo de mayor volumen, tal como explica Meneghin. Hasta el lugar llegó un grupo de expertos para analizar las características de las piedras y hasta se hicieron estudios del polen, para investigar qué tipo de vegetación había en el lugar 13 mil años atrás.
En marzo de 2002 se enviaron los restos de carbón fósil ubicados en el entorno de las piedras halladas, para realizar la prueba de C 14. El 26 de marzo de 2002 llegó el resultado, que indicaba que los esfuerzos no habían sido en vano: el informe del laboratorio Beta Analytic indica que las puntas de proyectil líticas tienen una antigüedad estimada entre 12.960 y 12.620 años calendario.
FUNDADOR. Ugo Meneghin descubrió que la arqueología podía ser apasionante hace 37 años. Sucedió cuando conoció a Antonio Tadei. "Yo tenía una empresa constructora y Tadei vendía baldosas. Fui a comparar y me enteré de que el hombre era un gran arqueólogo. Me dio curiosidad y entonces me mostró una caja llena de piedras. Yo pensé: ‘me está tomando el pelo’ pero después aprendí a ver y distinguir las piedras", cuenta Meneghin.
En febrero de 1967 fue al Catalán, un yacimiento arqueológico enorme en el departamento de Artigas y empezó a trabajar descubriendo tesoros arqueológicos. "En 1970 Tadei me llevó al Cerro de los Burros (cercano a Playa Hermosa, Maldonado) y me dejó ahí, investigando. Yo iba los fines de semana, pero hasta 1974 no encontré nada relevante", admite Meneghin.
La clave estaba en escalar. Hasta entonces el trabajo se había circunscripto a la ladera, pero en la cumbre esperaban las sorpresas. Fue entonces que apareció un yacimiento.
Se trataba, presumiblemente, de un taller. Por esa razón es que aparecían las puntas de lanza, hachas y cuchillos, aunque estaban quebrados.
"Ellos trabajaban con la piedra y las piezas que se les partían quedaban ahí. Doce mil años después venimos nosotros, agarramos las piedras y las ensamblamos", explica Meneghin, mostrando una serie de viejos utensilios recuperados.
Si había esperado cuatro años ensuciándose las manos de barro sin encontrar nada, a partir de entonces el entusiasmo de Meneghin fue invencible.
Actualmente Meneghin preside una fundación, Arqueología Uruguaya, cuya financiación depende de sí mismo, en forma exclusiva. También es investigador asociado del Museo de Historia Nacional y ha publicado los resultados de diversos descubrimientos en estas tierras en más de tres décadas de trabajo.
Todo eso a pesar de que Meneghin no pasó por la facultad. "Yo hago esto porque tengo medios y porque me apasiona", dice. También aclara que se lo toma muy en serio: "Estoy al tanto de todo lo que pasa en arqueología y hago trabajo de campo cada día que puedo", señala.
Sus investigaciones han sido reseñadas en escritos académicos y su colección de hallazgos es destacada, también, en el ámbito universitario.
"Yo no concibo el ocio ni la desprolijidad", dice, y muestra sus diferentes cajas de piedras debidamente etiquetadas con las iniciales del yacimiento al que pertenecían.
HOY. El yacimiento donde aparecieron las puntas líticas de casi 13 mil años sigue en estudio. Se trata de una zona al norte de Pan de Azúcar, en el departamento de Maldonado.
Meneghin muestra una página cuadriculada en la que cada cuadrado representa un metro cuadrado. Aparecen concentraciones de piedras en unos pocos cuadrados, en tanto que casi la totalidad de la enorme hoja está vacía.
Se presume que en el lugar donde aparecieron las piedras, una tribu hizo un alto en su camino nómade, hace más de 120 siglos. "No era una choza, ya que se entiende que todavía no se construía, sino que hacían unos paravientos", comenta con entusiasmo.
"Este último descubrimiento es de suma importancia, ya que no existen antecedentes de un hábitat con esas características a nivel continental con la antigüedad mencionada", explica Meneghin.
Según el estudioso, el yacimiento sugiere que allí había un asentamiento de "actividades múltiples", ya que se determinó la existencia de un área de combustión, restos de pigmentos, los vestigios de un taller lítico y los rudimentos de la vivienda de un grupo de personas.
En una superficie de unos 50 centímetros de lado se encontraron 26 piedras. Se cree que se trataba de un "pozo culinario" o un "pozo de ebullición". La teoría es que una vez que cazaban una presa, comían la carne cruda del animal, pero hacían un hoyo, ponían el cuero del animal, calentaban piedras al fuego y las echaban en el agujero, junto con los huesos y agua, para recuperar la grasa y conservarla.
Después de 13 mil años, los únicos testigos que quedan son las piedras, y ése es el material con el que trabaja Meneghin y el resto de sus colegas.
CONCLUSIONES. "Es comúnmente aceptado por la mayoría de los investigadores —estableció Meneghin— que este tipo de cultura se ubica cronológicamente en el Finiglacial o el Pleistoceno Final. Se trataría de una población de tipo mongoloide o premongoloide. La duda estriba en que los restos humanos provenientes de tan remota antigüedad son sumamente escasos", explicó.
Estos antiguos pobladores del suelo que hoy es Uruguay, quienes se alimentaban de la caza, la pesca y la recolección, "fueron contemporáneos de los últimos especímenes de la megafauna autóctona del continente sudamericano, que ya estaba en franco proceso de extinción, un proceso del cual el hombre no habría sido ajeno", sostuvo Meneghin.
El investigador entiende que el descubrimiento no hace más que alentar a redoblar el esfuerzo por encontrar los vestigios más antiguos de vida humana en territorio uruguayo: "No tengo ninguna duda de que, a medida que las investigaciones avancen, esta fecha de casi 13 mil años será sobrepasada, ya que a nivel regional, especialmente en Argentina, sur de Chile y Perú, se han encontrado objetos de entre 15 mil y 17 mil años de antigüedad".
El horizonte de búsqueda es tan vasto como el pasado milenario expuesto bajo la paciente lupa de estos incansables investigadores. Meneghin, al igual que todos sus colegas, sueña con el momento en que con emoción vuelva a descubrir el débil trazo, la huella inteligente del primer hombre que utilizó sus manos para fabricar el primer instrumento. La recompensa de un arqueólogo es, paradojalmente, un paso más hacia el pasado más ignoto, borrado para siempre de la memoria del género.
Una pasión temprana por la ciencia arqueológica
Ugo Meneghin nació en Italia, en 1941, y emigró a Uruguay en 1950, cuatro días después de que el equipo celeste ganara la final del mundo contra Brasil. Desde entonces vive en el país. Tiene dos hijos, María Victoria (23) y Maximiliano (19).
Fue dueño de una empresa constructora durante décadas y hoy se dedica a los negocios inmobiliarios. Desde 1967 se dedica a la arqueología como pasión y dedica tiempo y dinero a esa actividad.
Preside una fundación, Arqueología Uruguaya (Andrés Cheveste 1485) por la cual debió depositar 10 mil dólares en el Banco República. Cada incursión al campo a buscar restos arqueológicos, le cuesta una cifra cercana a los 1.500 pesos. El análisis mediante Carbono 14 de las puntas líticas pisciformes, en un laboratorio de Miami, le costó 630 dólares.
Afirma que no compra hallazgos arqueológicos, pero cita una excepción a esa regla, una gran piedra, que en realidad es un hacha. "Hay muy pocas de estas piezas en el mundo. Pagué 12 mil pesos, en su momento; no sé cuánto sería ahora pero lo pagué con gusto", dice.
Los armarios de la fundación están repletos de piedras que en su momento fueron "ejemplos excelsos de tecnología".
Un estudio académico de arqueología cita la colección de Meneghin y su trabajo en el Cerro de los Burros como algo muy importante, pero advierte que el poseedor "Es muy celoso de su material". Meneghin dice que no es tan así, y que aquel investigador que esté interesado y que trate el asunto con respeto y con cuidado, puede acceder a esos tesoros.
El hallazgo de las puntas líticas pisciformes todavía no ha sido publicado.
La prueba Carbono 14
El Carbono 14 (C 14) es un isótopo radiactivo que se produce en la parte alta de la atmósfera, donde los átomos de nitrógeno son bombardeados por la radiación cósmica. El C 14 es incorporado en moléculas de dióxido de carbono del aire, que son absorbidas por las plantas. Cuando las plantas son consumidas por animales herbívoros, el C 14 se introduce en sus tejidos y así pasa a través de toda la cadena alimenticia.
Al morir una planta o un animal, deja de absorber C 14 y empieza una lenta disminución de los átomos radiactivos con los que contaba. La mitad de los átomos de carbono radiactivos continúan existiendo una vez transcurridos 5.370 años; la mitad de ellos desaparece en los siguientes 5.730 años y así sucesivamente.
Cualquier cosa que haya tenido vida es datable por este método; madera, hueso, semillas, telas de lana, fibras vegetales, pero la mejor datación se obtiene del carbón. Tiene ciertas limitaciones en muestras anteriores a los 50 mil años.