DESPUES de la cumbre del Mercosur que acaba de realizarse en Asunción, la presidencia del bloque quedará a cargo del Uruguay. Es entonces un momento oportuno para que el gobierno uruguayo reafirme, tanto frente a la propia sociedad, como vis a vis las naciones socias, cual es su posición. Que la opinión pública y los sectores políticos puedan tener una noción acabada del enfoque gubernamental es primordial respecto de un tema tan significativo, como lo es el desarrollo del Mercosur, y es esencial la claridad del mensaje, para obtener un respaldo político y ciudadano, que lo potencialice de adentro hacia afuera.
Este acuerdo que ya ha cumplido 12 años de existencia, fruto de una visionaria acción del gobierno de Lacalle, en momentos en que Argentina y Brasil transitaban hacia un trascendente pacto bilateral, despertó grandes expectativas y produjo altos dividendos en un principio. Luego de ese buen comienzo, no continuó dando, sin embargo, los resultados esperados. Diversos motivos, como las diferencias macroeconómicas, la inestabilidad característica de la región, devaluaciones como la brasileña en el 99, contribuyeron al fiasco.
FIGURANDO en su origen mismo, la expansión económica y comercial, es de suma importancia estar atentos para tratar de evitar propuestas que lo desvíen hacia horizontes con otro tipo de connotaciones, como el expuesto en Brasilia, durante el encuentro previo a la Cumbre mercosuriana, ocurrido entre los dos nuevos presidentes de los países vecinos.
Las enormes diferencias de peso económico y geográfico de los cuatro socios, son un indudable factor de desequilibrio que obliga a los responsables de conducir las negociaciones y armar las estrategias de las naciones más pequeñas, a aguzar la inteligencia y a tener bien definidos los objetivos, así como a afinar la capacidad de maniobra. Es lógico que exista una inclinación hacia el bilateralismo entre Brasil y Argentina, la cual no puede sorprendernos, pero al mismo tiempo, no debe aceptarse que de sus encuentros surjan proyectos que han de ser considerados dentro del marco del propio Tratado, tomando en cuenta sus aspectos formales, máxime cuando hacen a algo tan delicado como lo es un concepto de supranacionalidad institucional.
CUANDO el Mercosur aún adolece de una notoria escasez en los beneficios comerciales y económicos que promovía este acuerdo; cuando gran cantidad de las decisiones aprobadas por los socios, nunca comienzan a regir en los países (sólo el 30% de todas las resoluciones aprobadas); cabe preguntarse que sentido tienen estos floreos de la imaginación que no harán más que complicar todavía más su funcionamiento, como la ocurrencia de crear un Parlamento del Mercosur. ¿Acaso esta idea del flamante Lula, aparentemente secundada por el novel presidente argentino, podrá contribuir eficazmente a mejorar el intercambio comercial, a satisfacer las demandas de nuestra gente que reclama por una reactivación económica, o será el nacimiento de una nueva y seguramente onerosa burocracia internacional, en la que Brasil siempre tendrá una mayoría absoluta, sea cual sea el sistema de representación que se ofrezca?
UN proyecto que Uruguay difícilmente podía haber analizado en profundidad, ya que el llamado Objetivo 2006, presentado en la cumbre por los brasileños, llegó a la Cancillería el viernes de noche, mientras la reunión estaba fijada para el lunes. Otro tanto sucedió con la proposición de un instituto monetario, planteada por Argentina formalmente en Paraguay.
Por el momento, lo que se puede rescatar de esta reunión a la que seguirá otra dentro de 60 días, es el acuerdo marco de apertura comercial con la India, semejante al firmado con Sudáfrica y la confirmación del arancel cero hasta fin de año, que permite al Uruguay las importaciones de bienes de capital dentro de esta excepción al AEC (Arancel Externo Común). Por su lado, el Canciller uruguayo pretende conseguir la instalación de algunos organismos operativos del bloque y piensa abocarse a ello mientras dura la presidencia temporaria, con la esperanza de que esto afiance el papel de ciudad sede del acuerdo regional. El Ministro aspira a que de esa forma Montevideo se asemeje en el futuro a una Bruselas, Ginebra o Viena, aunque esta comparación parezca un poco atrevida. Basta pensar en los carros de basura que hoy atraviesan la ciudad a toda hora y en toda dirección, inclusive frente al bonito edificio del Mercosur, para recibir un duro golpe de realismo.
ALGO que sí entra en el terreno de las concreciones, es la incorporación a la institución del bloque, de un mecanismo largamente reclamado, como lo es el de solución de controversias comerciales, que podrá actuar en el futuro. Su carencia obligó a que las diferencias surgidas dentro del grupo, fueran apeladas en los tribunales de alzada de la Organización Mundial de Comercio (OMC), donde se produjeron ya varios dictámenes. Estos antecedentes informan la creación del Protocolo de Olivos y en la cumbre que acaba de realizarse se aprobó su reglamentación, si bien todavía faltan varios pasos como la internalización de esa normativa en la legislación brasileña.
Es de esperar que se pueda poner en práctica de una vez por todas, ya que se trata de un instrumento que debería ser más adecuado y ágil, para lidiar con las crisis comerciales domésticas que muy a menudo aparecen, a pesar de las declaraciones de buena voluntad integracionista de los gobernantes.