La muestra fue un éxito. El plástico Bruno Widmann expuso pinturas recientes en el Museo de América Latina en Long Beach (California) y obtuvo no sólo una notable concurrencia de público sino algunas reseñas que supieron elogiar la modalidad expresiva de ese uruguayo con frondosa trayectoria. Una de las críticas, firmada por Shirle Gottlieb, señala "la calidad magnética" de la obra de Widmann y observa esa selección "llena de sombras y misteriosa imaginería, en torno a una visión poética del hombre, mientras cada obra cautiva la atención a través del drama colectivo que retrata y las preguntas que formula con sus temas". Otro párrafo de la nota agrega que "en esencia, Widmann basa su serie de trabajos en dos estaciones que recorren todo un proceso vital en la sociedad urbana contemporánea, donde juegan los conceptos de esperanza y liberación".
Lo que la crítica subraya en la propuesta de Widmann es el despliegue de un universo personal que provoca ciertas sensaciones: "pararse en medio de la galería permite sentir que se está en un teatro rodeado por veintiun escenarios en penumbra, y no por pinturas. Cada obra está ejecutada con economía de medios y cada una de ellas tiene una absorbente historia para contar. El artista realiza escenas íntimas pobladas por menudas figuras en un campo oscuro, que constituye la visión de un mundo amenazante. Arrastradas por fuerzas anónimas que las dominan, esas figuras juegan como caracteres minimalistas en medio del burlesco circo de la vida".
"Algunas pinturas —sostiene otra reseña— muestran figuras tratando de escapar de su sombrío confinamiento hacia la luz precaria de su liberación. En estos trabajos recientes de Widmann, cada escena se mueve alrededor de los procesos de la humanidad, como partes de una búsqueda de la libertad". Estos elogios norteamericanos confirman el nivel que el artista ha mantenido a lo largo de una dilatada trayectoria personal. Nacido en Montevideo, el pintor ha llevado a cabo muestras individuales durante las últimas cuatro décadas, con un itinerario que ha abarcado exposiciones en Turín, Buenos Aires, Río de Janeiro, San Pablo, Roma, París, Asunción, México, Caracas y Miami, entre otras. Su nueva escala en Long Beach agrega un nuevo eslabón a esa envidiable cadena de exhibiciones.
El resultado de la muestra de Widmann en Long Beach permite insistir sobre las ventajas múltiples del intercambio a nivel artístico. No se trata solamente de la divulgación de los trabajos de plásticos uruguayos contemporáneos, sino también de afianzar el conocimiento recíproco entre dos o más países habitualmente aislados en materia de integración cultural, territorio en el cual las respectivas autoridades podrían asumir mayores compromisos y viabilizar mejores trámites. Buena parte de la imagen que cualquier país puede tener en el exterior, depende de la muestra de sus talentos: no todo se reduce a gestiones comerciales o políticas, no todo se agota en el campo de los números. El arte puede tener un papel en las relaciones internacionales, y la diplomacia debería desempeñar con otra vitalidad su condición de intermediario en esas áreas.