BERLIN | EFE
Los Verdes alemanes, coaligados con los socialdemócratas en el Gobierno, dieron su visto bueno a las reformas estructurales del canciller Gerhard Schroeder, que comportarán duros recortes sociales, en un congreso que se cerró con victoria de la línea pragmática de su líder y ministro de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer.
Las dos jornadas de encendido debate en Cottbus (este del país) entre la cúpula del partido, abanderada de la Agenda 2010, y su ala izquierda se saldaron con el respaldo de un plan defendido como gran desafío de esta segunda legislatura rojiverde para rescatar a Alemania del estancamiento económico. Los delegados verdes dieron su bendición al plan, punto por punto, con más de un 90 por ciento de los votos.
Un porcentaje incluso algo superior al logrado por Schroeder ante su Partido Socialdemócrata (SPD), hace quince días, en el congreso que el canciller planteó como un voto de confianza a su gestión.
Fischer, cuyas intervenciones en los congresos verdes suelen derivar en batalla entre vítores y abucheos, no tuvo que forzar esta vez su habitual pulseada con la izquierda ecocooogista, sino que ganó la partida holgadamente con el argumento del desempleo.
BARRERA. Alemania podría alcanzar en invierno los cinco millones de desempleados, dijo Fischer, que se convirtió así en el primer ministro de Schroeder en lanzar la temida posibilidad de que se cruce una nueva y dramática barrera psicológica.
No es momento de lanzarse con consignas del tipo "quitarle a los ricos para darle a los pobres" —al gusto de la izquierda romántica—sino de animar a los inversores.
Es hora, en cambio, de adaptar el sistema social alemán a la realidad, dijo Fischer, por encima de los sacrificios que comporte.
La cúpula verde, encabezada por el presidente del partido, Reinhard Bütikofer, había elaborado una plataforma casi simétrica a la Agenda 2010 defendida por Schroeder ante el SPD.
RECORTES. Sus puntos más controvertidos son los recortes de los subsidios del desempleo, la equiparación de desempleados crónicos y perceptores del auxilio social, la liberalización de la ley de protección contra el despido o las limitaciones en las prestaciones sanitarias.
La izquierda verde, encabezada por el diputado berlinés Christian Stroebele, un "clásico" de la disidencia interna, había anunciado una dura batalla contra unos apartados que, a su juicio, suponen cargar sobre los débiles y dejar como están a los más privilegiados.
Pero Stroebele entró en Cottbus con menos fuerza que otras veces. Su tren llegó con retraso, lo que además de llevarle a prometer que el viaje de regreso —unos 100 kilómetros— lo hará en su bicicleta, le dejó algo desmarcado.
Tras presentar, punto por punto, modificaciones a casi todo, el diputado berlinés tuvo que conformarse con una victoria moral: la de su propuesta de impulsar ante el Parlamento la reimplantación del impuesto sobre el patrimonio, abolido en Alemania hace unos años.
Se trata de un "gesto a favor de la justicia social", asegura Stroebele. Para su eterno rival interno, el ministro Fischer, el triunfo de esa moción era sólo la "habitual válvula de escape" que se reservó a los críticos.
Fischer, quien desde hace años se mantiene en los sondeos como el político más popular del país, salió de nuevo vencedor y recibió la felicitación telefónica de Schroeder.