La lucha entre alumno y mentor

Antes que una versión actualizada de Rambo —soldado altamente entrenado reniega de la sociedad y se refugia en un bosque, territorio que defiende con uñas y dientes— esta es una película sobre la crueldad, al menos en la primera parte. Antes de que comience la acción, una voz recita parte de la letra de Highway revisited 61, de Bob Dylan. Dios le dice a Abraham que mate a su hijo. "Si no lo haces, la próxima vez que me veas, será mejor que corras". El fragmento citado por el legendario cantante ‘country’ Johnny Cash es la antesala de una secuencia inicial que retrata con crudeza una masacre perpetrada por serbios contra albaneses. Las imágenes son tan parecidas a lo que muchas veces se ha visto en noticieros y documentales que el pop se hace difícil de tragar.

Un grupo de soldados de Estados Unidos tienen como misión, cuándo no, de detener la matanza, mediante el asesinato de un general serbio. La tarea recae en Aaron Hallam, interpretado por Benicio del Toro. Este es un integrante de un cuerpo militar de elite, experto en camuflaje y asesinato con cuchillo.

El soldado cumple con la misión y es condecorado posteriormente. Sin embargo, lejos de enorgullecerse por sus logros, Hallam repasa mentalmente una y otra vez las imágenes de su misión en los Balcanes, incluso la mirada acusatoria y aterrada del general serbio, un instante antes de morir degollado por Hallam luego de un combate mano a mano.

El personaje de Del Toro es todo lo opuesto a los tantos que Bruce Willis, el John Wayne de hoy, gusta encarnar últimamente: el soldado orgulloso que no duda ni deja dudar y que siente compasión solo por el "american way of life". Hallam es atormentado por sus recuerdos y decide abandonar el servicio militar y refugiarse en un bosque. El problema con Hallam es que por un lado posee conocimientos sobre sensibles y secretas operaciones del gobierno. Por el otro, su psiquis no ha soportado el peso de los tormentos, dando lugar a una paranoia galopante que no distingue entre civiles y lo que él cree son agentes encubiertos que vienen a buscarlo.

Luego de Hallam mata, de una forma que lo emparenta con un personaje de un película de terror, a dos cazadores, el FBI comienza sus investigaciones y recibe la ayuda del hombre que entrenó a Hallam, un experto en ecología que nunca mató a nadie, L.T., interpretado por Tommy Lee Jones. Este también prefiere olvidar el trabajo que hizo para los militares, al tiempo que siente culpa por haber participado en la "creación" del monstruo en que se ha convertido Hallam, definido por uno de los personajes como "una máquina de matar". A esto hay que sumarle que L.T es una de las pocas personas en las cuales Hallam confía luego de desertar del ejército. Le envía cartas en las cuales le dice que necesita hablar con él, "usted ha sido como un padre para mí".

A partir de que L.T. comienza a rastrear al elusivo ex-discípulo, La cacería deja de indagar en las consecuencias de un adoctrinamiento como el que llevó a cabo L.T., para centrarse en la persecución de Hallam, realizada por alguien tan diestro como él las artes del camuflaje y la defensa personal. Y en ese cambio, el film pierde fuerza y singularidad. Lo que sigue se parece demasiado a una película del montón, una de esas que Hollywood produce con alarmante frecuencia. Jones, quien se consagró masivamente con su papel de sheriff Gerard en El fugitivo realiza aquí una idéntica actuación: lacónico, antipático y siempre con lenguaje corporal ansioso.

PREVISIBLE. El director William Friedkin también pone el piloto automático y todos los acontecimientos llegan como una carta por correo: la previsibilidad impera, aunque hay que agradecer que al espectador se le ahorre los estruendos de balas y explosiones. Aquí, el silencioso cuchillo es lo que mayoritariamente se usa como arma. El actor puertorriqueño es la excepción. Del Toro emplea un registro casi humorístico para retratar a un personaje que vive todo el tiempo en una situación límite, siempre en fuga, siempre a las corridas y con mucha sangre en sus manos y su conciencia: "Tienes que pagar por lo que has hecho", le dicen. Del Toro se ríe: "Tengo que vivir con lo que he hecho", responde. Pero su presencia no alcanza para convertir a La cacería en algo más que un rato de entretenimiento liviano y pasajero.

critica | fabian muro

LA CACERIA

Dirección. William Friedkin

Guión. David Griffiths, Peter Griffiths,

Art Monterastelli

Fotografía. Caleb Deschanel

Edición. Augie Hess

Música. Brian Tyler

Elenco. Benicio Del Toro, Tommy Lee

Jones, Connie Nielsen, José Zuñiga

l Estados Unidos, 2003

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