CARINA NOVARESE
Más de 43.000 menores dependen de una u otra manera del Instituto Nacional de Menor (Iname). La mayoría de ellos asisten a programas de atención diurna y retornan a sus familias todos los días. Pero muchos viven en hogares del organismo; al mes de marzo de este año eran 5.072 los que estaban permanentemente en uno de estos hogares.
El Iname es, además del organismo que se encarga de velar por la niñez, la única institución pública que posee un sistema por el cual las parejas que quieren adoptar un niño pueden postularse. Adoptarlos, es otra historia. Ahora hay 373 parejas anotadas que esperan recibir alguna vez un hijo. La mayoría de ellas tuvieron o tendrán una espera promedio de cuatro años.
Paradójicamente, de los más de 5.000 niños que viven en hogares permanentes del Iname, 1.977 son atendidos a través de convenios y muchos de ellos viven con familias que los acogen a cambio de un determinado dinero que el Estado les paga para criarlos. "Si bien el Iname tiene un montón importantísimo de niños, la cantidad de los que están en condiciones de ser adoptados es sustancialmente menor que la cantidad de matrimonios que están dispuestos a adoptar", explicó el presidente del organismo, Martín Marzano.
MI HIJO. La ecuación es simple y, a pesar de lo aparentemente ilógica, en buena parte se explica por el propio sistema uruguayo de adopción. Para Marzano, además de las particularidades legales éste se caracteriza por la falta de coordinación de las instituciones públicas entre sí, y de éstas con las privadas.
El Iname tiene su departamento de Adopción, pero también existe una institución privada que cumple una función similar, el Movimiento Familiar Cristiano; y no es todo. Una madre que quiera dar a su hijo en adopción puede arreglar privadamente con un posible padre adoptivo y presentarse ante un juez de Familia que determinará si la legitimación adoptiva es posible. Y la última de las opciones, aunque no necesariamente la menos practicada: una madre y una pareja "arreglan" privadamente, negociación que puede incluir desde dinero hasta compensaciones de otro tipo.
"Para entender la lentitud de todo este proceso, hay que compartir responsabilidades", dijo Marzano y reconoció que una de ellas le corresponde a la gestión del organismo que dirige. El departamento de Adopciones está ahora procesando cambios que intentan agilitar el proceso, lo que incluye más personal, entre otras cosas.
Pero Marzano considera que la otra gran responsabilidad tiene que ver con que la mayoría de los niños que en Uruguay se entregan en adopción ni siquiera pasan por el Iname. Es más, el Instituto no se entera de estos procedimientos judiciales y está esperando la información que al respecto se le solicitó a la Suprema Corte de Justicia.
Según registros del Poder Judicial, entre enero de 2000 y el 13 de junio de 2003 hubo 339 legitimaciones adoptivas en Montevideo. El Iname, en cambio, entregó sólo 53 niños en el año 2000, 47 en 2001 y 67 en 2002. Para los técnicos de este organismo que trabajan en el tema adopción, es vital que se constituya un sistema único, o más bien una lista de espera única. Consideran que, sin importar quién la coordine, le brindaría garantías y mayores certezas tanto a los futuros padres como a los niños.
El Iname intenta ahora impulsar con más fuerza la aprobación definitiva del Código de la Niñez, a consideración del Parlamento. En ese proyecto se le confiere al Instituto del Niño una capacidad "preceptiva" en lo que adopciones se refiere.
"Si pudiéramos lograr que todos los niños que se adoptaran en Uruguay, tal como sucede en muchos países, fueran al menos registrados por el Iname, creo que el tiempo de espera para los padres que se postulan se bajaría sustancialmente. No
tengo dudas de que son muchos más los niños que se entregan fuera del Iname que los que se entregan por el Iname", explicó Marzano.
Aunque el jerarca dice no tener pruebas, afirma que se atreve a suponer que estas descoordinaciones muchas veces dejan lugar a procedimientos más que irregulares. "En la medida en que no se dé un procedimiento lo suficientemente controlado y profesional, corremos el riesgo de que alguna persona inescrupulosa abuse de la necesidad y el deseo que tienen algunas familias de tener un hijo y se los explote en su buena fe. Con la excusa de que hay que ayudar a la mamá del chiquito, se pida dinero u otras cosas. Eso puede suceder", dijo Marzano. Y de hecho, sucede.
En los últimos cuatro años el Iname inscribió a 573 parejas que querían adoptar niños. Ahora mantiene relacionamiento con 373 de ellas. "Esto quiere decir que hay 200 familias que se desinteresaron o, lo que es más probable, deben haber conseguido un niño", estimó el presidente del Iname.
Otros datos confirman la sospecha de que muchos niños son adoptados por otras vías, no siempre legales. Desde 1999 el Iname no recibió ningún niño de Salto pasible de ser adoptado. Tampoco de Artigas ni de Treinta y Tres, así como de Cerro Largo, Tacuarembó, Rocha y Paysandú. Marzano se pregunta: "¿En estos departamentos no nacen niños que puedan ser declarados abandonados o adoptados?".
ABANDONO. El círculo vicioso sigue haciendo de las suyas; si bien la gente sabe que puede recurrir al Iname para pedir un niño en adopción, también sabe que el trámite suele ser muy lento.
El Departamento de Adopción y Legitimaciones Adoptivas del Iname está compuesto por diferentes técnicos —psicólogos, asistentes sociales, medico pediatra y abogado— y es el encargado de recibir a las parejas que solicitan adoptar un niño y sobre todo evaluar su idoneidad para la tarea. El sistema es aparentemente sencillo: la pareja se presenta en el servicio y se le realiza una entrevista personal en la cual se procura ponderar el grado de certidumbre con respecto al deseo e interés que presenta para adoptar.
Luego se comienza un proceso de evaluación de las condiciones psicológicas, sociales, económicas y morales de los posibles adoptantes.
El Iname construye así una "lista de espera", compuesta por los matrimonios solicitantes según su orden de llegada. A ella se recurre cuando hay un niño para entregar en adopción. Y allí empiezan los problemas: si bien son muchos los niños que viven en hogares del Iname, la mayoría no está en condiciones legales de ser adoptados.
Legalmente un niño puede ser adoptado en ciertas circunstancias; una de ellas es cuando un juez declara el "abandono" del menor. Esto sucede en los casos —cada vez menos frecuentes— en que un pequeño es realmente abandonado en un lugar, ya sea la calle o frente a una casa. También se da esta circunstancia judicial cuando el menor pasó por lo menos un año sin tener contacto con su familia biológica.
Los niños a ser adoptados también puede provenir de una familia o madre que resuelve directamente entregarlos en adopción.
"La inmensa mayoría de los niños que están en el Iname, incluso los que están internados e incluso los que están abandonados por sus familias, no son declarados legalmente abandonados. Basta con que los papás se presenten una vez al año y manifiesten el mínimo interés en ellos —unos caramelos y una visita de media hora—, para que no se los considere abandonados", explicó Marzano.
En el hogar del Iname El Retoño viven 39 niños, la mayoría de ellos de tan solo meses. Fue creado para albergar a menores de "alto riesgo social" y en él viven sobre todo pequeños derivados por los juzgados por casos de abandono, violencia familiar o desnutrición. Susana Rapalín, su directora, y el equipo de asistentes sociales y otros técnicos de la institución, conocen bien los vericuetos judiciales que a veces determinan una declaración de abandono y que, en otros casos, la dilatan.
"Cada caso depende de muchas cosas", dice Rapalín. La historia de dos hermanitos sirve para describir esta situación. Ambos fueron internados en el hogar luego que al menor de ellos, de tan solo siete meses de edad, se le descubrió que tenía una costilla fracturada. Después de un tiempo y debido a que su madre mostró interés en ellos, el personal de el Retoño se vio obligado a dejar que los niños volvieran a su casa, con la condición de que volvieran al centro cada 15 días para que los viera el pediatra y el psicólogo.
En la primera visita el más pequeño, entonces de poco más de un año, tenía un marca en la cabeza. Su madre y el hermano mayor dijeron que se había pegado. Quince días después, cuando la directora le levantó el buzo al más chico, vio que su pecho estaba cubierto de hematomas. Instintivamente buscó una cámara y le sacó fotografías. Luego retuvo a los dos hermanos.
En cuestión de horas la asistente social presentó las pruebas en el juzgado, el caso pasó a Penal, los niños fueron revisados por el médico forense y la madre y el padrastro, encarcelados. Ahora el niño menor vive con sus padres adoptivos y Rapalín espera que en poco tiempo suceda lo mismo con su hermano. El le dice, a quien quiera escucharlo, que "Susana me va a encontrar papás que me quieran mucho".
"Todo depende del criterio de los jueces y también de quién mueve los trámites", consideró la directora del hogar. En otros casos no hay tanta "suerte" y los pequeños ven pasar meses vitales de su niñez, sin padres. Desde que el hogar fue creado, en mayo de 1999, hasta diciembre de 2002, fueron entregados en adopción 57 niños y cuatro en tenencia. En el mismo período pasaron por el lugar 125 pequeños.
LOS NIñOS. Tal como explicó la directora del departamento de Adopción del Iname, Ana María Brisco, el objetivo es siempre "buscarle padres a los niños y no niños a los padres".
En cuanto a los postulantes para la adopción, la mayoría llegan con un largo camino de desilusiones recorrido, que en muchos casos incluye tratamientos médicos que buscan solucionar sus problemas de infertilidad.
Si bien la tendencia viene cambiando en los últimos años, según explicaron los técnicos del Iname, la gran mayoría de las parejas solicitan niños recién nacidos. De los 141 matrimonios que ya pasaron la etapa evaluatoria y fueron calificados como aptos para adoptar, 118 exigieron bebés. "La mayoría piden niños recién nacidos, varones y blancos", dijo Marzano.
La tendencia, solo en el Iname, demuestra que cada vez hay más parejas interesadas en adoptar niños; desde 1999 ingresaron solo en Montevideo 326. A ellos se le suman 247 matrimonios más del interior del país. "En este momento estamos entregando niños a parejas que se anotaron en mayo de 2000", dijo Marzano.
EXPERIENCIA | María y su esposo conocieron en profundidad los vericuetos del sistema uruguayo de adopción
Cuatro historias muy diferentes para cuatro hijos
María (*) y su esposo tienen cuatro hijos. Los cuatro fueron adoptados, cada uno en una situación particular, muy diferentes entre sí. Entre procedimientos judiciales y muchas vueltas, la pareja vivió varios años de tensiones y angustias, que sin embargo se transformaron en cuatro alegrías.
El matrimonio decidió adoptar luego de varios años de casados y el primer paso fue anotarse en el departamento de Adopción del Iname y en el Movimiento Familiar Cristiano.
Pero antes de que llegara cualquiera de sus hijos, María y su esposo pasaron por una gran desilusión. Desde el interior alguien les avisó que una mujer embarazada quería entregar a su bebé cuando naciera. La pareja compró alguna ropita y pañales y partió a buscar al niño. "Cuando llegamos nos enteramos de que esta señora lo había vendido", relató María. "La angustia fue grande. El nene para nosotros ya tenía nombre; ahora digo que nadie me puede quitar lo bailado porque ahí experimenté lo que debe ser la pérdida de un hijo en el parto".
El primer hijo no provino de ninguna de las dos instituciones con "lista de espera"; la pareja se enteró por una amiga sobre un niño de tres años que estaba en condiciones de ser adoptado. Luego de conocerlo María inició todos los trámites legales y se presentó ante el juez para concretar la legitimación adoptiva. El nene había sido reconocido por su madre por lo cual la pareja debió esperar más de un año para que cesara el derecho a la patria potestad.
Una de las realidades a las que muchas veces se enfrentan los padres adoptivos, es la espera de unos 12 meses en la que el niño ya vive con ellos y se ha transformado afectivamente en su hijo, pero donde la madre biológica tiene derecho a reclamarlo. María recuerda sobre todo su ansiedad ante la última audiencia. "Tenía miedo de que la madre planteara vaya a saber qué cosa", recuerda ahora. La mujer no se presentó y terminó el proceso.
Pronto surgió la posibilidad de adoptar a un segundo hijo. El nene, que tenía poco más de cuatro años, vivía en un hogar del Iname del interior. Cuando María y su esposo llegaron a verlo les dijeron que probablemente tuviera problemas intelectuales; el nene era muy retraído y casi no hablaba, pero decidieron adoptarlo. "En ese momento nos dimos cuenta que habían intereses que obraban por detrás para la retención del niño, por parte de la gente del hogar", explicó María.
VERICUETOS. A diferencia de su primer hijo, el segundo no había sido reconocido por sus padres por lo cual sólo debió mediar el proceso de legitimación adoptiva. A pesar de eso, el proceso no estuvo libre de angustias. Mientras que María estaba en el juzgado escuchó que la madre biológica del niño sería citada a una audiencia, cuando esto no correspondía ya que el abandono ya había sido declarado. "Me indigné y el juez enseguida lo solucionó, pero eso me dio para preguntarme qué pasará con otras parejas que tal vez no entienden el proceso o no tienen abogados que los asesoren tan de cerca", dijo María. Ella tampoco sabe por qué el niño no fue destinado a alguna de las parejas en lista de espera del Iname.
Con dos hijos, el matrimonio no aspiraba a más, aunque la fantasía "de la nena" todavía estaba presente. Pocos años después la misma amiga que les había acercado a su primer hijo los llamó para contarles que una mujer quería dar a su futuro hijo en adopción. Luego de las dudas, María y su marido —y también sus dos hijos— se dispusieron a esperar al primer recién nacido de la familia.
El nuevo hijo-hermano ya tenía nombre, Florencia, pero fue un varón. Aunque de nuevo los planes familiares no incluían a un cuarto niño, dos años después terminaron aceptando a la pequeña que les llegó por intermedio del Iname.
En éste último caso María cree que el Iname actuó en forma sensata y correcta; "me ofrecieron a mi hija menor después de que pasó el tiempo establecido en la lista de espera. Y además fueron sensatos porque pensaron en la nena y en la familia que podría tener detrás".
María vuelve a decir que cuatro son suficientes, aunque su esposo prefiere no ser tan radical y, ante la negativa de más niños, intenta sumar perros a la familia.
(*) El nombre de la entrevistada fue cambiado a pedido de ella.
La ley uruguaya diferencia entre legitimación adoptiva y adopción. La primera coloca al adoptado en la misma situación de un hijo legítimo y éste deber ser menor de edad (21 años). Para poder aspirar a adoptar a un menor es necesario haber estado casado durante cinco años. También pueden hacerlo los viudos o divorciados que acrediten que durante el vínculo matrimonial medió la conformidad de ambos. Todos deben tener como mínimo 30 años, aunque el criterio es flexible.
Los menores que pueden ser legítimos adoptados son aquellos con calidad jurídica de abandonados, así como menores huérfanos, pupilos del Estado, hijos de padres desconocidos o reconocidos por uno de los legitimantes.
En el caso de la adopción el adoptado continúa perteneciendo jurídicamente a su familia de origen. Puede ser una persona de cualquier edad. Para ser adoptante no importa el estado civil, pero la persona también debe tener una edad mínima de 30 años y una espera no inferior a los dos años.
Cuando se adopta a otra persona ésta recibe el apellido del adoptante, que se agrega a su apellido propio. Mientras que la adopción se realiza a través de una escritura pública, la legitimación adoptiva necesita de un juicio para concretarse.