Gente distinta

El nombre de Robert H. Goddard debe figurar hoy en la sagrada lista de científicos postergados o aniquilados por sus contemporáneos, como de diversas maneras lo fueron Galileo, Pasteur, Miguel Servet o Ignaz Semmelweiss. Fue el autor de experimentos en cohetería que condujeron a viajes espaciales y a poner al hombre en la Luna, pero tropezó con las dudas ajenas y además no llegó a ver el triunfo.

La obra de Goddard (nacido en Massachusetts, 1882) comenzó en verdad a sus 16 años, cuando descubrió La guerra de los mundos de H.G.Wells, lo que le llevó a fantasías adolescentes. Las continuó estudiando en el Worcester Polytechnic Institute, de su ciudad natal, donde después se graduó y donde emitió sus ideas sobre cohetería en un folleto de 1919, que tituló "Un método para llegar a grandes alturas". En el Instituto fue profesor de física y realizó constantes experimentos en sus laboratorios. Probó que era posible el viaje a través del vacío, ensayó numerosos combustibles, combinó series de cohetes. En 1926 consiguió el primer envío de un cohete impulsado por combustible líquido y en 1935 obtuvo un record al obtener el primer cohete que viajó a velocidad supersónica. Para sus gastos obtuvo el apoyo del Smithsonian Institute, del aviador Charles Lindbergh y después el de la Fundación Guggenheim. Aunque él lo ignoraba, otros experimentos y otras teorías similares se habían realizado en Rusia (por K.E.Tsiolkovsky, desde 1903) y en Alemania (por Herman Oberth, desde 1923), lo cual llevaría después a la habitual controversia nacionalista sobre Quién Llegó Primero.

Las ideas de Goddard fueron combatidas y su nombre aparecía a menudo junto al calificativo "el loco de la luna". Ya en 1921 el New York Times lo condenó en un editorial, sugiriendo que el científico ignoraba verdades del sentido común. Al llegar la guerra, Goddard ofreció sus servicios al gobierno, pero la revista Scientific American se pronunció contra esa extravagancia (1940) y la Fuerza Aérea le rechazó por escrito sus propuestas de experimentos (1941). Con la negativa, el gobierno americano se estaba condenando a un grave retraso. En esos momentos Alemania nazi preparaba sus cohetes V-1 y V-2, basados parcialmente en las teorías de Goddard, para lanzarlos sobre Inglaterra en la contra-ofensiva de 1944. Esa ofensiva alemana debió significar a Goddard una dolorosa reflexión sobre su fracaso personal. Falleció de cáncer el 10 de agosto de 1945, cuatro días después de la bomba atómica sobre Hiroshima.

En 1957 la URSS lanzó su famoso Sputnik, iniciando una competencia con Estados Unidos en viajes espaciales. En 1958 el presidente Eisenhower inauguró la National Aeronautics and Space Administration (NASA), que estaría respaldada por un enorme presupuesto. Pero la NASA advirtió de inmediato que no podría trabajar sin violar algunas de las 214 patentes que Goddard había registrado en las décadas previas. Eso llevó a un acuerdo final, cuando el gobierno pagó un millón de dólares a la Fundación Guggenheim, que había respaldado aquellos experimentos de Goddard. En julio 1969, cuando los tripulantes del Apollo bajaron en la Luna, el New York Times publicó una peculiar retractación a sus pronunciamientos de 1921. El homenaje se prolongó cuando la NASA designó a su departamento de ensayos como el Goddard Space Flight Center.

En 1981 el People’s Almanac N‚ 3 dedicó siete páginas de un libro a personalidades de fama póstuma, que merecieron la gloria pero no la tuvieron en vida. Su lista empieza con Juan Sebastián Bach y sigue con Schubert, Emily Dickinson, Paul Gauguin, Vincent Van Gogh, Franz Kafka, Anne Frank y Bix Beiderbecke. Allí figura también Goddard. La nómina obliga a reflexionar sobre la necesaria tolerancia a las ideas distintas y la necesaria reserva sobre el "sentido común", que legisla en lo que ignora. Hoy se escucha a demasiada gente que no cree en platos voladores porque su lógica no se lo permite.

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