En una jugada imprevista y donde la fatalidad le jugó una mala pasada a Fernando Machado, se produjo el penal cometido por dicho jugador, que posibilitó que el arco de Munúa cayera y se cortara una ilusión. Pero a su vez, ese tanteador parcial de 2 a 1, fue una inyección de ánimo para Peñarol y una cuota de incertidumbre para el resultado final. "No lo vi, quise restar la pelota de derecha y sin ninguna intención me encontré con la pierna del rival, que llegó de atrás; entonces, era imposible que lo viera. En ese momento me quería morir, ya que estábamos 2 a 0 y tranquilos. Pero no me puse a pensar mucho en lo que había hecho, eso sí, me dije: ‘bueno, ahora tengo que convertir algún gol para revertir esta situación’. Y me fuí varias veces al área rival buscando meter algún cabezazo, pero tampoco se me dio".
Después de esa jugada del penal, Machado reconoció que "todos mis compañeros me apoyaron, de inmediato me hablaron. Incluso, en el entretiempo le dije a Gustavo (Munúa) que lo lamentaba por él y me respondió que eso era secundario".