SAN PETERSBURGO, Rusia - El presidente ruso Vladimir Putin presidió ayer la celebración del tricentenario de su ciudad natal, con danzas de niños en la restaurada plaza de San Petersburgo, y a continuación se reunió con los líderes de las ex repúblicas soviéticas en una cita informal a bordo de un crucero.
Putin inauguró tres días de conversaciones de alto nivel organizadas con motivo del aniversario, cuyas celebraciones comenzaron hace una semana, con una reunión con el primer ministro Junichiro Koizumi, y una visita a la escuela de artes marciales.
El presidente ruso se reunirá hoy con los líderes de 14 países de la Unión Europea y otros 10 de las naciones que aspiran ingresar el próximo año. El presidente del gobierno español José María Aznar canceló su viaje después de la explosión de un coche bomba que mató a tres personas en su país.
Antes de un cónclave con los líderes de la Mancomunidad de Estados Independientes (un grupo de 12 ex repúblicas soviéticas), Putin inauguró la nueva plaza central, que fue restaurada y renombrada Pedro El Grande, el zar que fundó San Petersburgo en 1703.
RECONSTRUCCION. Las delegaciones de los miembros de la Unión Europea serán alojadas en mansiones especialmente construidas en el parque del Palacio Konstantinovski, que hoy será inaugurado oficialmente como residencia presidencial en San Petersburgo tras una costosa reconstrucción de las ruinas en que había quedado tras la II Guerra Mundial.
Cada jefe de delegación, en la mayoría de los casos presidentes o primeros ministros, dispone de una elegante mansión con el nombre y decorado propios de una ciudad rusa y similar a la que ocupa Putin mismo, quien se aloja en la "San Petersburgo".
La reconstrucción del Palacio Konstantinovski y de las 40 hectáreas de parque, junto con los canales de acceso al Golfo de Finlandia, las mansiones de los huéspedes VIP y el hotel para el presidente estadounidense George W. Bush y su comitiva, le ha costado a Rusia 200 millones de dólares.
La cifra es repetida con indignación por los habitantes de la ciudad, que consideran un derroche la restauración de "unos cuantos palacios" mientras barrios enteros necesitan con urgencia la reparación de la infraestructura urbana y las carreteras.
Los jóvenes no ocultan su descontento por la prohibición del festival de rock que debía celebrarse estos días en San Petersburgo.
La irritación ciudadana alcanzó su punto máximo el miércoles, cuando se ensayó el espectáculo de fuegos artificiales y luz láser que Putin ofrecerá hoy a sus invitados.
Las autoridades no previeron la concurrencia de un millón de personas para los ensayos y muchos sólo pudieron regresar a sus casas a la mañana siguiente, por falta de transporte público.
Para horror de muchos peterburgueses, 85 años después de que el líder bolchevique Vladimir Lenin trasladara la capital a Moscú, la gran metrópolis boreal ha recuperado así parte de su protagonismo mundial. AP y EFE