Curiosa despedida la de Duhalde entre indultos y nuevos ministros

Resulta bastante difícil de interpretar uno de los últimos actos de Duhalde antes de dejar el sillón presidencial que ocupara durante 73 semanas. El indulto decretado para dos hombres, un sedicioso y un militar, extremistas políticos ambos, responsables de sendos episodios que dejaron un tendal de muertos, no significó dar respuesta a un clamor popular. Por el contrario, según las encuestas de opinión, el 87% estaba en contra y sólo un 9% a favor del perdón. Seineldín, ex jefe carapintada, estaba condenado a cadena perpetua por haber liderado una asonada el 3 de diciembre de 1990, con idea de resolver una crisis política interna del Ejército. El enfrentamiento por él impulsado, dejó 14 muertos además de numerosos heridos y grandes daños. Además, este mismo Seineldín, ya había sido indultado en 1988 por el alzamiento de Villa Martelli y lo mismo que el otro, no da señales de estar arrepentido de sus acciones.

Por su parte, el ex dirigente del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y cabeza del MTPP (Movimiento Todos por la Patria), Gorriarán Merlo, lideró aunque sin exponerse personalmente, el ataque a los cuarteles de la Tablada, donde murieron 39 personas. Esta despedida de Duhalde que deja tanto que desear, no parece explicarse como un favor a su sucesor, ya que éste se manifestó abiertamente contrario a la medida. Si bien el Presidente actuó dentro de sus potestades, el indulto es una medida que se debe aplicar con gran parsimonia y hay que tener mucho cuidado en no actuar de manera que dé la sensación de estar socavando a la Justicia y al imperio de la ley, ya que en cierta medida, con estas medidas se desvirtúan las sentencias judiciales de los tribunales. El argumento utilizado por el presidente saliente, de que se trata de una forma de pacificar y clausurar una etapa porque en "Argentina ya no existe la política de armas en la mano", carece del suficiente peso, porque ello se debe a la maduración del pueblo argentino y a una fortalecida vocación por vivir bajo un Estado de Derecho.

BREVE. El breve pasaje por la Presidencia de Duhalde será mejor valorarlo tomando cierta distancia, pero por ahora hay dos apreciaciones que pueden hacerse al respecto. Asumió en medio de una tormenta económica, política y social a la cual no estuvo del todo ajeno, según declaraciones del propio De la Rúa y una percepción generalizada, pero logró traer de vuelta la calma al país. Acortó su período después de las muertes de unos piqueteros, lo que cambió la agenda electoral perjudicando las chances de algunos adversarios de partidos nuevos, como López Murphy, pero el fin de un gobierno provisional puede tener ciertas ventajas. También neutralizó a la figura política más importante de la década pasada, Carlos Menem, aunque con maniobras "non sanctas" y se aleja de la Casa Rosada dejando al país con una aparente recuperación.

Sin embargo, el modelo productivo del cual se denomina propulsor, está sustentado sobre pilotes bastante endebles. La devaluación ha generado un aumento de la pobreza en forma masiva y si bien ha habido un impulso hacia el turismo y una reactivación industrial a través de la sustitución de importaciones, no sucede lo mismo con las exportaciones, sector al que se exprime de forma sostenida, mientras a las necesidades sociales se les responde mediante un clientelismo y un manejo de las dádivas públicas muy peligroso. Tres millones de planes Jefa y Jefe de Hogar se repartían discrecionalmente, al tiempo que transcurría la campaña electoral. La educación, la infraestructura y las instituciones tampoco puede decirse que se hayan vigorizado.

ETAPA. Mañana domingo comienza la etapa Kirchner y al nuevo presidente habrá que darle su tiempo. Por el momento, lo que se ha conocido es la formación del gabinete que lo acompañará en su gestión, al cual tuvo que refrendar, puesto que ya corría el rumor de que se trataba de un equipo de transición. Si bien el nuevo mandatario afirmó que no había sufrido ninguna imposición por parte del Presidente que se va, en su configuración hay una evidente, y a la vez lógica, influencia duhaldista. Haría mal el nuevo titular de la Casa Rosada, en olvidarse que es un producto de Duhalde, por más méritos que tuviera por sus gestión de Gobernador, en una provincia de 180.000 habitantes, regada por el petróleo, con una enorme cantidad de gente que trabaja en el sector público. Aunque para ser justos, hay que reconocer que el anterior gobierno provincial, la había dejado en bancarrota.

Cuatro ministros de la actual Administración seguirán en sus puestos, otras cuatro carteras han sido puestas en mano de gente cercana al gobierno provincial de Kirchner y hay también dos independientes, como Gustavo Béliz que fue parte del gobierno de Menem, hasta que se retiró por discrepar con él y que se postulaba para la Capital. Se ha borrado de esta carrera y ha sido asignado como Ministro de Justicia, aunque sus credenciales no lo indicaban como el más apto para esa misión, aunque sí para Seguridad, que ha sido incorporado a esa cartera, ya que ha trabajado en esa área en el gobierno de la ciudad. A ese puesto se creía que iría el jurista Bielza, que del Frepaso se fue con Kirchner hace algún tiempo (buen olfato), y que ha sido nombrado Canciller.

Si bien se trata de una persona muy preparada, entre los operadores de Comercio Exterior el nombramiento produjo ciertos resquemores y consideraciones tales como que esperan que por debajo de la figura del Ministro se designe a alguien que tenga un buen conocimiento de las tratativas comerciales que ha llevado y lleva adelante el país. Pero el que más se destaca es el Ministro de Economía, que seguirá siendo Lavagna. Se da la paradoja que éste tendrá que lidiar en el futuro próximo con muchos de los problemas que no se resolvieron en la gestión precedente, encabezada por él mismo. Sin ir más lejos, el urticante tema de la renegociación de la deuda con los acreedores privados, con el Fondo Monetario y el complejo asunto de las empresas de servicios públicos privatizados, más la recomposición de las tarifas, cuya dilatación en el tiempo ya se deja notar en desperfectos que se traducen, por ejemplo, en la vuelta de los apagones. Porque al cobrar en pesos, tener deudas en dólares y no poder ajustar lo que cobran a los usuarios, naturalmente se resienten las inversiones y el mantenimiento. Aunque este sector ha sido retirado de la órbita de Economía, a la que se agregó el de la Producción y se ha pasado a otra secretaría.

Por Julia Rodríguez Larreta

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