JORGE ABBONDANZA
Murió en Montevideo el actor Juan Carlos Carrasco, una figura teatral de larga y destacada trayectoria. Sin embargo su fallecimiento, ocurrido a los 82 años de edad, no tuvo en estos días el eco que merecía: Carrasco estaba retirado de la actividad desde hace algún tiempo y había llevado últimamente una existencia apartada, lo cual explica el hecho de que su desaparición pasara desapercibida. Hay que remediar ese silencio, empero, porque este actor que se mantuvo activo durante seis décadas de desempeño artístico, conoció períodos de protagonismo y brillo personal que ahora corresponde recuperar.
Por su físico, Carrasco fue siempre un actor indicado para papeles de carácter, aún en su juventud. Integraba la hueste de Teatro del Pueblo, que desde fines de la década del 30 fue el primero de los grandes grupos de la escena independiente en el ámbito montevideano. El auge de esa institución le permitió levantar su propia sala en pleno centro, sobre la calle Yaguarón, recinto que desgraciadamente se incendiaría pocos años después. Fue en Teatro del Pueblo donde Carrasco alcanzó la etapa inicial de su prestigio y su afianzamiento como figura teatral de primer orden. Con ese elenco protagonizó algunas puestas de duradero recuerdo, desde una remotísima versión de Pelo de zanahoria de Renard hasta un paseo por el gran repertorio que incluiría en años siguientes El avaro de Molière, Liliom de Molnar, Volpone de Jonson y Wozzeck de Büchner, obteniendo marcados elogios de la crítica y la noción generalizada de que debía ubicárselo entre los mejores actores de la escena nacional.
Todo eso ocurrió en la década del 50, que fue un lapso de expansión del movimiento independiente, época en que Carrasco convivió en su bastión con colegas de lustre ascendente como Nelly Goitiño, Leonor Alvarez y Ruben Yáñez, entre otros. Luego el actor figuraría por un tiempo en las filas del Teatro de la Ciudad de Montevideo, donde integró de manera destacada los repartos de A pico seco y La mandrágora. Pero Carrasco se movería asimismo en otros elencos, incluyendo Teatro Circular y La Gaviota, sin olvidar su presencia en la Compañía China Zorrilla, con la que compuso notablemente al padre senil de El tobogán de Langsner. En etapas más recientes figuraría por ejemplo en una versión de Los cuernos de Don Friolera ofrecida por La Candela y en un doble programa Gorostiza que se tituló Dos por tres, junto a Enrique Martínez Pazos y Susana Groisman, espectáculo con el que recorrió buena parte del país.
Ultimamente asomó en el copioso reparto de los shows de la nueva Troupe Ateniense reclutada por Luis Trochón, cerrando así una trayectoria tan dilatada, tan gratificante y entusiasta. En varios momentos de esa carrera, Carrasco apareció en ciclos teatrales por televisión y hasta figuró en elencos cinematográficos de dos o tres películas uruguayas y argentinas. Al cabo de todo ello, y de la vieja notoriedad que acompañó su tarea, parece desconsolador que su muerte no haya sido acompañada por la debida resonancia pública.