Las Intendencias

La crisis que afecta al país ha golpeado severamente a las administraciones municipales del Interior del país y las ha golpeado en un doble sentido. Primero porque ha resentido seriamente sus ingresos en tanto el porcentaje de morosidad en las dos principales fuentes de recursos que tienen las comunas, contribución inmobiliaria y patente de rodados, supera en promedio el cincuenta por ciento en ambos rubros. Segundo, porque los efectos sociales negativos que la crisis necesariamente acarrea las ha obligado a asumir competencia en áreas reservadas al gobierno central y a los organismos autónomos, sin la correspondiente atribución de recursos que financie dicha acción.

En efecto, las menguadas recaudaciones tributarias de los últimos 24 meses no solamente son un dato de la realidad nacional; han afectado también a los municipios que no han tenido, a diferencia del gobierno nacional, la posibilidad de recurrir a fuentes alternativas de recursos a través de nuevos tributos.

A su vez las carencias con que los Organismos Estatales de inversión social desarrollan su acción, fundamentalmente en la salud y enseñanza pública, las ha obligado a prestar su apoyo para que los efectos perniciosos de la crisis no peguen tan duramente en los sectores más carenciados de la población.

También en materia de mantenimiento de fuentes laborales, las Intendencias han hecho un esfuerzo singular. El mal llamado clientelismo político que en muchos casos —no todos, aclarémoslo— injustamente se les endilga, no es otra cosa que la necesidad de no cerrar alternativas laborales cuando existen tan altas tasas de desempleo que se verían incrementadas si éstas procedieran a un ajuste de personal que, también en muchos casos, son conscientes que deben llevar a la práctica pero no lo implementan porque las circunstancias se los impiden.

De todas estas vicisitudes son conscientes los habitantes de los departamentos del Interior, que tienen una imagen y una opinión de sus comunas mucho más positiva de la que se percibe en Montevideo respecto a las mismas, precisamente porque palpan a diario la importancia de la presencia solidaria de los gobiernos departamentales en la protección de los sectores sociales de menos ingresos.

Las autoridades de la enseñanza y de la salud pueden dar testimonio acabado de lo que venimos de razonar. Buena parte de las escuelas del país cuentan con funcionarios municipales "en comisión" que cubren los requerimientos de limpieza y manutención de dichos centros normativos. Lo mismo se repite en la salud llegando incluso al extremo que muchas Intendencias administran sus propias policlínicas con personal médico y de enfermería propio, y con medicamentos financiados por las mismas.

De allí que corresponde tener mucho cuidado al momento de calificar la acción que desarrollan los gobernantes municipales, especialmente del Interior del Uruguay. La ligereza y desprecio con que muchas veces opinan quienes en el transcurso de los últimos tiempos se han convertido en sus principales detractores, responde fundamentalmente a la falta de conocimiento directo y real de la labor que se implementa.

Desde luego que varias de esas administraciones tienen mucho por mejorar, y todos aspiramos como seguramente aspirarán los propios Intendentes, a que parámetros de eficiencia y buena administración impregnen cada vez más sus gestiones, no solamente para el desarrollo de la acción social sino también, y muy especialmente, para el fiel cumplimiento de sus verdaderos cometidos.

Pero no las juzguemos bajo la óptica del "deber ser", porque la realidad de hoy golpea muy duramente su accionar.

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