Atracción en la línea del "out-ball"

Nadie que se ubique en un ángulo imparcial para comentar sobre fútbol, dejará de reconocer que los brasileños son los auténticos ídolos del mundo. Podrán perder algún partido jugando mal (¡cómo no!... también hubo una vez en que Lawrence Olivier se olvidó de la letra en una obra de Shakespeare) pero, en abrumadora mayoría, sus presentaciones son, además de victoriosas, espectaculares.

Ahora, la "torcida" no sólo aplaude a sus favoritos, sino que la admiración se extiende a los costados de la cancha donde actúan los jueces de línea. Las miradas convergen sobre Ana Paula de Oliveira, que recorre, con gracia de gacela, la raya destinada a los auxiliares del árbitro, e impone su conocimiento de las reglas para señalar las infracciones a fin de facilitar la labor referil.

Si uno se pone a pensar en esta incursión femenina para compartir el contralor de un match, terminará admitiendo la lógica del asunto; porque ¿quién mejor que la mujer para considerar la intencionalidad con que manejan las manos los jugadores que merodean por la zona de definición? ¿quién podría superarla en experiencia al momento de opinar si un "player" está o no en posición prohibida para meter la bola en la red? ¿quién se animaría a protestarle un "out-ball al bajar el banderín pera penar a Fulano, porque se fue afuera con pelota y todo?... Y quién, por último, podría conseguir que al denunciar a un salvaje por pegar una patada incalificable, recibiera de él un piropo: "Bien, bombón: lo que Vd. diga, bien está".

Ana Paula sabe muy bien cómo debe actuar en cada incidencia, y los jueces manifiestan que es una excelente colaboradora. Pero la cosa va más allá de los límites del field. Desde que en el Siglo XV, Gutenberg —gran visionario— le dijo a su socio : "¿Por qué, en vez de darle tanto a la Biblia, no imprimimos una revista porno?... las publicaciones de tal género vienen masacrando el "coco" de los editores que, permanentemente, procuran novedades. En esa búsqueda, Anita ya recibió tentadoras ofertas para posar en traje de Eva, y deleitar así a los millones de aficionados que la ven protagonizar su "show; el último de los cuales tuvo por escenario al mismísimo coloso de Maracaná, cuando Flamengo y Curitiba empataron en un gol. Pero a la escultural morena no le entusiasma la idea, ni siquiera al conocer por adelantado el título pensado para su foto de tapa: Ana Paula, la chica de la raya. Ella prefiere continuar con su short cortito y ajustado, su remera abotonada hasta el cuello y su banderín en mano : esto último hasta que suba un escaloncito más en su carrera y ascienda al arbitraje, instancia crucial en que colgará el banderín para tomar el pito.

Por Rebar

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