Por Rebar
El último romance trascendido de Zulemita Menem lo coprotagonizaba con un millonario brasileño —Pedro da Silveira Valente— que conoció al borde de la piscina del Hotel Majestic de Miami, donde ambos se hospedaban. El hombre —karateka de probadas condiciones dentro y fuera de la pileta— enamoró de tal manera a la Zule, que ésta se le prendió del cinturón negro y pasó a llamarlo MI QUERIDO TIBURON. Nadaban hacia el casamiento estilo pecho —con lucimiento especial de la Menem— y sólo faltaba que Cecilia Bolocco confirmara el rumor de su embarazo, para fijar la fecha de la boda y opacar la repercusión de la noticia de la madrastra.
Extrañó que cuando la chilena hizo tal anuncio, Zulemita guardara silencio. Se pensó que había cambiado de táctica, quizás para no mezclar al brasileño en sus planes de venganza contra la usurpadora de bienes y patillas del riojano padre. Ahora se sabe qué ocurrió.
Al considerarse inminente la invasión a Irak, el millonario agarró una changuita: adiestrar en artes marciales a los marines yanquis que participarían de la operación bélica. Con ese cometido marchó a Los Angeles; y los diablos que siempre andan alrededor de Zulemita se quedaron con ella en Miami, para consolarla de la ausencia del brasileño. Entre los que se le acercaron con intenciones de entretenerla y divertirla, se anotó otro millonario: un italiano —Paolo Bertoldi— empresario dedicado a la exportación de fideos secos, aceite de oliva y vino... (y, al parecer, agregó al vino, mujeres y canto). El tano le entonó la canzonetta a la hija del Rey de La Rioja, y le mandó rosas al por mayor y cartitas con pormenores que facilitaron el diálogo. Esto, día tras día, se cambió por una excitante noche tras noche con fondo musical de ópera ligera —ligerísima— en que los capelettis a la Caruso y los canelones a la Rossini marchaban rociados con el "chianti", en un jolgorio digno del brindis de La Traviata.
Zulemita —que gusta de innovar hasta en expresiones tradicionales—dice que éste no ha sido un amor a primera vista, sino un enamoramiento a primera pasta. Así, mientras el brasileño Pedro se daba mamporrazos entrenando marines, ella jugaba al fideo fino con el tano Paolo: y tanto va la pasta a la fuente, que al fin se come: la pareja agendó su enlace para el 14 de junio próximo; sólo resta decidirse por el escenario.
Podría ser Miami o Portofino... y también se cita a Verona, la ciudad donde Romeo y Julieta popularizaron al balcón como sede del amor escalado. Se comenta que Paolo —que tiene pasta de poeta— se inclina por la romántica Verona, y está afinando el borrador de un poema que le dedicará a la novia en testimonio de su pasión. Aunque quiso apartarse de Shakespeare, no pudo escapar a su sortilegio, y en el estilo del bardo de Stratfort escribió:
"Oh, Zulemita... Distingamos los ruidos/el mágico lenguaje de los sonidos/Eso que tú y yo, abrazados oímos/cual gorjeos del amor que sentimos/era la alondra, la mensajera de la mañana/no el camión de reparto de mi factura/Mira, corazón mío, cómo luce en tu ventana/mi botella de aceite, de oliva pura.../ Déjame acariciar tu larga cabellera/ con cabellos de ángel que caen en cascada.../Te ofrezco, de alma, mi gruesa billetera/para inaugurar, dichosa, tu vida de casada.