FABIAN MURO
La visita del director polaco Krzysztof Zanussi a Montevideo es uno de los acontecimientos cinematográficos del año, ya que se trata de uno de los más prestigiosos directores europeos de las últimas décadas, con una filmografía que incluye títulos como Iluminación, Espiral y Constante, entre muchos otros.
La Cinemateca Uruguaya organiza, con el apoyo de la Embajada de Polonia, una retrospectiva de Zanussi, que comienza este domingo en La Linterna Mágica y que contará con la presencia del propio realizador. En una conversación con El País, el director y guionista se muestra gratamente sorprendido por la invitación a Montevideo y el tributo en forma de retrospectiva. "Nunca antes había venido a esta ciudad, aunque estuve varias veces en Buenos Aires", dice en un español al que le falta un poco de práctica para ser del todo fluido pero que de todas formas permite una comunicación sin necesidad de traductor.
Al preguntársele el por qué cree que el cine polaco en general y su trayectoria en particular han recogido adeptos en el Río de la Plata, Zanussi responde que "tal vez tenga que ver que ustedes, como nosotros, saben lo que es vivir bajo un régimen totalitario. Además el cine polaco —Wajda, Munk, Polanski, Kieslowski, Holland— muchas veces apeló a temas universales y con una fuerte carga de pasión. Y eso creo que trasciende toda barrera idiomática o política".
También agrega que "en el Río de la Plata persiste una idea de la alta cultura y su valor, que ha desaparecido incluso en Europa. Cuando he visitado Argentina, me ha sorprendido el contraste social: por una parte, una elite conformada por personas que muy a menudo son jóvenes, muy bien informados y con grandes inquietudes culturales. Por el otro, elementos de corrupción y violencia que asustan. Cultura y barbarie, de la misma forma que en la Europa del siglo XIX".
La larga trayectoria de Zanussi —debutó en el largo en 1969— le da una visión privilegiada para relatar cómo ha cambiado el papel del artista y del intelectual en su país luego del derrumbe del "socialismo real" y cómo eso se ha reflejado en su manera de filmar. "Antes que nada, hay que decir que en Polonia, el cine desde el comienzo tuvo un papel preponderante para la sociedad. Como que heredó el papel de los poetas, que en Polonia siempre fueron muy importantes. A mí me tocó desarrollar la mayor parte de mi carrera bajo el régimen comunista y eso hizo que, como otros cineastas, mi voz tuviera una fuerte resonancia social. Dentro de Polonia, los directores de cine teníamos un gran prestigio. Porque ¿dónde iba a encontrar el pueblo una ampliación simbólica de sus aspiraciones, una voz que fuese auténtica? Ciertamente no en la política, dominada exclusivamente por el Partido Comunista. Por eso me parece que el lenguaje del arte es el lenguaje supremo, porque cuando a la gente no le queda otra opción para expresarse, recurre a él. Además, ese lenguaje es el que toca los temas más profundos y los más difíciles de articular del ser humano".
TRANSFORMACIONES. Hoy, con una democracia liberal, el papel del intelectual o el artista no es el mismo: "Hoy sé que mi película puede exibirse en televisión entre dos telenovelas, pero no hay que lamentar la pérdida de ese prestigio porque no era natural. Teníamos esa posición porque faltaban alternativas y era un arte de elites. Hoy la competencia es mucho mayor y esto es un fenómeno que se da en toda Europa. O sea, yo veía las películas de Fellini en la televisión, en el horario central. Hoy...bueno, si pasan una de Fellini en la TV es algo bastante insólito en sí mismo. Claramente, se ha producido una pérdida de aspiraciones culturales en toda Europa".
Pero Zanussi tampoco se limita a una crítica cerrada de la pantalla chica: "Ha democratizado el acceso a la cultura y yo obtuve un gran éxito en Polonia con la colección de mediometrajes Weekend stories. Se trata de ocho historias que exploran distintos dilemas morales. Cuando se exhibieron, tuvieron niveles de rating muy altos. No eran temas fáciles para tratar en la televisión, pero se puede hacer ese tipo de planteos en la pantalla chica. No todo tiene que ser entretenimiento. De todas formas debo decir que uno puede simplificar su estilo narrativo hasta cierto punto. Luego de alcanzar ese límite, ya no es posible simplificar más porque se estaría traicionando a sí mismo, sería una falsificación".
RETOS. Con todo, Zanussi reconoce que su estilo y sus temas —de una densa carga filosófica— nunca fue fácil de hacer, por ser un cine de elites: "Sin embargo, encuentro que siempre tengo mejor recepción entre el público joven. Los jóvenes son más osados y no le temen a las preguntas y los cuestionamientos. Una de las razones por las que hice Weekend stories para la televisión fue que quería reencontrarme con mi antiguo público, que ya no va al cine. Siempre es más difícil movilizar a esa parte de la clase media que ya tiene su lugar en la sociedad confirmado, porque se siente incómoda ante una expresión artística cuestionadora. Yo estoy convencido de que muchas veces comparto audiencia con la última de Harry Potter, por ese elemento juvenil en el público, que es, en definitiva, el que va al cine".
El Papa, la religión, el arte
La religión católica y la figura del Papa han sido temas centrales en la vida y en la obra de Zanussi, como lo atestiguan varias de sus películas, particularmente De un país lejano, sobre la vida de Juan Pablo II. Hoy, que ya va un cuarto de siglo de papado, Zanussi cree ver un cambio en el papel que ha jugado Karol Wojtyla a lo largo de ese período: "Creo que sigue siendo un referente mundial. Pero ahora es uno de los abuelos de la humanidad, mientras que hace veinte años era el padre. Y, como se sabe, un padre siempre es más cuestionado. Creo que ha cumplido un papel importante y lo ha hecho de forma excelente. En una época dominada por los medios masivos de comunicación, el papado de Karol ha sido más que apropiado. No olvidemos que se trata de un actor, de un comunicador profesional".
La charla deriva hacia la radical postura del Papa en contra de la guerra contra Irak. "Estoy seguro de que ninguno de nosotros tenemos elementos de información para juzgar si fue una guerra justificada o no. Ni yo, ni tú y tal vez ni siquiera el Papa. Porque no se puede confiar en los medios. Estos han manipulado constantemente al público, apelando a las emociones. Como cineasta, me pareció ver la puesta en escena de un guión. Pero yo interpreto su posición no como un rechazo a la guerra, sino a la noción de que esta fue una guerra entre religiones, entre el cristianismo y el Islam. Eso fue, a mi entender, contra lo que reaccionó".
incertidumbre. El catolicismo, que siempre tuvo un fuerte arraigo en la sociedad polaca, sigue siendo esencial para Zanussi: "Como dijo un crítico de literatura, el arte deja de ser trascendente si no se pregunta por Dios. Es un poco difícil hablar de estos temas en una entrevista, no me gusta hablar de mi fe así nomás. Lo que puedo decir es que incluso los místicos, aludiendo a la gente más avanzada religiosamente, todos ellos y sin importar la religión que profesaban, dudaron y expresaron esas dudas acerca de su fe de una forma muy fuerte e inspiradora para el arte. También creo que si uno alcanza el estado al que los místicos aspiran, ya no es posible la comunicación. Yo, por mi parte, considero que esa incertidumbre, el intento por llegar a articular ese estado, es el motor del arte", termina afirmando el director de Iluminación.
Tiempos de despertares
En medio de una programación empobrecida, el aficionado cinematográfico uruguayo va perdiendo contacto con un material calificado que solía llegar de países periféricos en el mapa de la industria del cine. Junto a Japón, Hungría, la India, España o Australia, en esa geografía figuró durante años la Polonia de post-guerra, imponiendo la presencia de realizadores que fueron conquistando un sitio en la estima del público uruguayo, desde Wajda o Munk hasta Kawalerowicz. Dentro de ese panorama del talento polaco, Krzysztof Zanussi ocupó un lugar aparte.
Ello obedeció durante la década del 70 y el 80 al papel que la inteligencia jugaba en el cine del realizador, cuyas líneas anecdóticas parecieron siempre un mero hilván para habilitar a Zanussi el ingreso en el torrente de las ideas. Todo lo que el director proponía era necesario descifrarlo por transparencia, a través de la engañosa apariencia de los comportamientos y las cosas. Porque Zanussi apostó como pocos al sobreentendido, a la mágica huella de las casualidades que salpican la vida, al significado penetrante que podía flotar por detrás de situaciones exteriormente menores. De ese entramado fue enriqueciéndose el estilo expresivo de un realizador que ahora pasa en persona por Montevideo, mientras Cinemateca exhibe una serie de sus películas incluyendo las últimas que nunca se estrenaron en esta ciudad.