"Es bueno que Damiani trabaje solo, con su familia"

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JOSE MASTANDREA

Sereno, distendido, aunque terminaba de atender en su celular la llamada número 50 a lo largo de una jornada que lo tuvo como protagonista. El Dr. Julio Luis Sanguinetti, en el amplio despacho que el Foro Batllista ocupa en el Palacio Legislativo, habló de su renuncia, de los encuentros y desencuentros con la conducción del Cr. José Pedro Damiani y del futuro de un Peñarol que navega en medio de una tormenta. "No encontramos el respaldo necesario. Se prefirió respaldar a (Eugenio) Figueredo y no a Sanguinetti. Esa es la realidad", dijo mientras se remangaba y se desabrochaba el primer botón de su camisa blanca para aflojar, a su vez, el nudo de una corbata de seda azul. Ensilló y cebó un mate del que no se separó mientras duró la entrevista. Dijo no tener "un espíritu golpista" y que el paso al costado era "por el bien de Peñarol", para que el presidente dirija a su parecer al club. "Es bueno que el presidente trabaje solo, con su familia".

—Al final, el tema de la habilitación de Sebastián Abreu terminó siendo un "boomerang" para la dirigencia de Peñarol.

—No, no es así. La lucha de Peñarol en este último mes y medio fue una lucha por la legalidad del fútbol uruguayo, por los estatutos, por los reglamentos y por las garantías que tiene que tener cada justa deportiva para las instituciones que compiten en ella. La equidistancia y los estamentos del fútbol garantizándole a todos los integrantes de esa Asociación que van a disputar los campeonatos desde el mismo punto y en las mismas condiciones.

—Pero fue el detonante, al menos.

—El tema de Abreu es una demostración clara que eso fue violentado, que ese equilibrio se rompió. Peñarol, el Consejo Directivo de Peñarol, y el vicepresidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, particularmente Juan Pedro Damiani, me pidieron que me encargara de este tema. Llevamos el tema adelante. Definimos una estrategia, delineamos las consecuencias que esa estrategias podía tener. Estuvimos todos de acuerdo en que los caminos a recorrer eran esos, y bueno... desgraciadamente, cuando el tema terminó en un órgano político, en ese órgano político, que es el Tribunal de Conciliación, Nacional tiene dos miembros de los tres, que es parte del equilibrio roto. El tema tenía que haber sido resuelto por la Mesa Ejecutiva, termina en el Tribunal de Conciliación, y termina la AUF amparando a un futbolista en sus derechos, no diciendo que el futbolista tiene razón sino diciendo que la Asociación Uruguaya de Fútbol está omisa. Quiere decir que las irregularidades, las ilegalidades y las omisiones en las que ha incurrido administrativa y políticamente la Asociación Uruguaya de Fútbol, nos llevaban a pensar que el órgano político, que es el rector del fútbol uruguayo, tenía que poner, por lo menos, sus cargos a disposición. Nadie lo ha hecho. Y bueno, entendíamos que Peñarol, para retornar esos equilibrios a sus justos términos, para darle garantías al campeonato que estamos disputando, no teníamos más remedio que quitarle el apoyo al Consejo Ejecutivo, en particular al presidente (Eugenio) Figueredo. Nunca estuvieron en cuestión los dos miembros políticos, el Cr. Humberto Capote, que ya no está, ni el vicepresidente Juan Pedro Damiani.

—¿Pensaron en quienes los votaron?

—Sí. Y pienso que lo que es importante para los hinchas de Peñarol es sentir que tienen dirigentes que no están atornillados a sus sillones. Que si mañana por una cuestión de principios o porque el destino de Peñarol y de la institución están en juego y no están debidamente protegidos, van a renunciar, van a volver al llano sin nada que reclamarle al club y sin una cuenta pendiente dentro de la institución.

—Pero estas diferencias con la conducción de Damiani no son nuevas.

—No. Pero hay otro punto importante. La lista que llevó a Damiani a la presidencia y a mí a la vicepresidencia, fue una lista de unidad. Fue un grupo político que se constituyó tratando de unir a las dos grandes corrientes que gobernaron al club durante cuarenta años. Va de suyo que esas corrientes tienen ópticas diferentes de las cosas, piensan de diferente manera, pero priorizan o por lo menos priorizaron, la unidad del club, entendiendo que la unidad y la coherencia del Consejo Directivo de la institución son una condición sine qua non para el éxito deportivo. Llega la instancia en la cual tenemos que decir si le quitamos el apoyo a Figueredo o no, básicamente no tanto como para obligarlo a una renuncia, porque no estábamos buscando una renuncia, simplemente, estábamos tratando de que Figueredo obligara al Tribunal de Conciliación a decidir según su justo saber y entender y no según su camiseta. Y creíamos que el único mecanismo que teníamos era quitarle el respaldo. Que fue, en definitiva, lo que hizo Nacional en su momento. Había mayoría dentro de la directiva de Peñarol para quitarle el respaldo. Pero esa mayoría estaba conformada por algunos dirigentes de la Lista 10 y por todos los dirigentes de la Lista 4. Nosotros nos cansamos de repetirlo en la justa electoral: nunca íbamos a votar en contra del presidente. Se da una mayoría coyuntural, no se llega a una votación porque decidimos no dejar al presidente en minoría. En virtud de ello y dadas las circunstancias, nos pareció lógico dar un paso al costado, hacer renunciar a nuestros respectivos suplentes para que el presidente pueda llenar las vacantes dejadas por nosotros con gente de su particular confianza, de su grupo político, que le dé, de alguna manera, coherencia a Peñarol en la dirección. Nosotros cumplimos con nuestro acuerdo electoral de nunca dejar al presidente solo, en minoría, y por eso mismo renunciamos. Sobre todo porque no somos nosotros quienes no estamos cumpliendo con el crédito que nos dio la directiva para llevar este tema adelante.

"Empezó con Recoba"

—En el tema con (Francisco) Casal nosotros siempre fuimos partidarios de hacer una planificación a largo plazo, de sentarnos a hacer números, pagar si teníamos que pagar, que nos pagaran si nos tenían que pagar, tener una relación sensata, racional, de planificación, de equilibrio. Casal siente más que nadie el peso, porque al ser hincha de Peñarol tiene que mantener un equilibrio lógico en la contratación de jugadores. Y Peñarol o su presidente lo enfrentó y se perdió ese equilibrio. Creo que Peñarol está en inmejorables condiciones para negociar con Casal y no al final no negociar con Casal y firmar contratos que muchas veces no estábamos de acuerdo. Y yo tengo que decir hoy, que estoy afuera de Peñarol, que los contratos que tuve que firmar porque el presidente no quiso firmarlos, los firmé porque el presidente me mandó firmarlos. Y estaba convencido que algunos montos y algunos futbolistas no tenían que ser contratados. El problema es que no negociamos ni nos sentamos a hablar con Casal. Hay jugadores que quieren venir a jugar a Peñarol y otros que quieren irse. Pero tienen que irse de una manera decorosa y es indecoroso que nosotros hablemos de lo que ganan los jugadores y de lo que rinden, en la audición partidaria. Y después nos preocupamos si no rinden. Y hay una situación en particular, un muchacho que es un gran jugador de Peñarol que en vez de quitarle el apoyo y decir públicamente cuánto gana, tendríamos que llamarlo por teléfono a la casa y decirle que lo apoyamos, que estamos con él. Lo que digo es: no me pareció coherente la política que se ha manejado con Casal porque creo que ha sido perjudicial con Peñarol. El primer diferendo que tuve con Damiani fue por el pase de (Alvaro) Recoba. Cuando arregló el acuerdo con Casal para que Recoba jugara en Peñarol, sabía que ya estaba negociado a Italia y que Peñarol ya tenía una ganancia asegurada. Ese fue el primer enfrentamiento. Después vinieron otros. Pero son ópticas diferentes de ver el fútbol. Y Damiani tiene su derecho de hacer primar su criterio porque es el presidente y porque es el que paga las cuentas. ¿La deuda? Es manejable si nos sentamos a conversar con los acreedores y Casal. Porque Peñarol y casi todas las instituciones del medio viven de la venta de jugadores. El déficit se termina con la colocación de jugadores. Quiere decir que si nos peleamos con el vendedor cuasi monopólico del fútbol uruguayo, después no podemos quejarnos que no tenemos recursos. Porque la televisión no puede pagar todo. Y es razonable....

"La audición no le hizo bien a Peñarol"

—Como dirigentes pertenecientes a la corriente que inspiró toda su vida Washington Cataldi, somos unos convencidos de que es mejor una mala paz que una buena guerra. Creemos que los trapos sucios se lavan en casa. Creemos que hay que conversar, que hay que negociar. La audición ("Peñarol Verdad") que encabezó el presidente y el secretario general durante largo tiempo, enfrentaron a Peñarol con todos los estamentos del fútbol. Nos enfrentaron con otras instituciones, con la empresa que tiene los derechos de la televisión, con el grupo que administra la gran mayoría de los pases de nuestro país, con los árbitros, con los órganos políticos de la Asociación Uruguaya de Futbol y con los periodistas. No somos Hércules como para derrotar a todos... y no siempre tenemos razón. También nos equivocamos porque somos humanos. Y precisamente, como somos humanos y nos equivocamos, siempre creemos en una mesa de negociación. Esas son las cosas que nos han diferenciado con el presidente, creo que la audición nunca le hizo bien. En determinado momento fue imprescindible para ganar el quinquenio pero a partir de allí perdió vigencia. El quinquenio se ganó hace cinco años, no hace dos días... hace mucho tiempo. Y las cosas no son buenas en sí mismas. Son buenas según las circunstancias, el momento, la oportunidad y quién la lleve adelante y quién la sepa aplicar.

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