Productos transgénicos siembran disensos entre EEUU y la UE

El Gobierno de EEUU recibió hoy el respaldo del Congreso a su demanda ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) para exigir la apertura del mercado europeo a los alimentos transgénicos.

Estados Unidos protagoniza junto a Canadá, Egipto y Argentina -apoyados por 9 países, incluido Uruguay- una disputa contra la Unión Europea (UE), por su moratoria de cinco años a la importación de productos estadounidenses que han sido modificados genéticamente.

Los nueve países que apoyaron como tercera parte la queja fueron, además de Uruguay, Australia, Chile, Colombia, El Salvador, Honduras, México, Nueva Zelanda y Perú.

"México tiene interés en que se asegure que ningún miembro de la OMC, incluyendo EEUU, pueda imponer medidas semejantes en el futuro en detrimento del sistema multilateral de comercio", dijo Miguel Monterrubio, portavoz de la Embajada mexicana en Washington.

Durante una rueda de prensa, líderes demócratas y republicanos de ambas cámaras del Congreso, la secretaria de Agricultura, Ann Veneman, y el representante de Comercio Exterior de EEUU, Robert Zoellick, calificaron de "inaceptable" la moratoria de 1998 del bloque comercial europeo.

Aunque no se trata del primer roce entre EEUU y la UE en materia comercial, todos coincidieron hoy en que "cinco años es mucha espera" y que "ya era hora" de que Washington presentara una queja formal ante la OMC.

La decisión de EEUU pone en marcha una serie de discusiones pacificadoras entre Washington y Bruselas antes de que la OMC se vea forzada a iniciar una investigación del asunto.

La Unión Europea considera que la queja de EEUU no es necesaria, no tiene fundamentos legales o económicos y sólo crea más tensiones en las relaciones bilaterales.

Pero el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Dennis Hastert, culpó al veto europeo de bloquear la entrega de alimentos nutritivos "a gente que se muere de hambre" en muchos países en vías de desarrollo.

Para Hastert, cuyo distrito electoral incluye a algunos de los principales productores de maíz y de semillas de soja, la prohibición europea ha ocasionado a los agricultores de EEUU pérdidas anuales de más de 300 millones de dólares sólo en las exportaciones de maíz.

Además, el recelo de los europeos sobre lo saludable de los productos modificados causó una baja significativa de las exportaciones de maíz de EEUU a la Unión Europea, de 63 millones de dólares en 1998 a unos 12,5 millones el año pasado.

Tanto los congresistas como Zoellick enfatizaron que los productos transgénicos son seguros y que lo único que EEUU pide es que sean los propios consumidores en Europa y el resto del mundo los que den el veredicto final.

La Casa Blanca, fuertemente presionada por el Congreso y por el sector agrícola de EEUU, postergó cualquier decisión sobre la demanda ante la OMC mientras recababa apoyo internacional para su invasión en Irak.

El portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, declaró que "al bloquear estas importaciones sin un fundamento científico, la UE impide el uso de productos alimenticios que son sanos y que pueden ayudar a atajar el hambre mundial, mejorar la nutrición y beneficiar al medio ambiente".

La controversia sobre el uso de semillas manipuladas -comunes en los supermercados de EEUU desde la década de los años noventa- se arrastra desde hace años y ha suscitado un sinnúmero de libros y documentales.

Se calcula que el cultivo de productos transgénicos ocupó en el 2002 un total de 58 millones de hectáreas en todo el mundo, aunque EEUU es el líder en el sector del maíz, el algodón y la soja modificados.

La disputa con EEUU no terminaría aun si la UE decide levantar la moratoria, porque ese bloque comercial podría aplicar nuevas restricciones en el etiquetado de los productos estadounidenses modificados, lo que desataría nuevas acusaciones de proteccionismo y competencia desleal. EFE

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