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Los días "D"
El país se juega una parada trascendente con el resultado final de la operación canje de títulos de deuda que se define en la corriente semana.

Nos vamos acercando a lo que serán los dos días "D" de la semana entrante, por la trascendencia que tendrá para el país lo que ocurra entre el 14 y el 15 de mayo, cuando venzan los plazos para que los tenedores de títulos de deuda pública uruguaya definan o no su aceptación a la oferta de canje, a la renegociación que propone el gobierno. Si se consigue lo primero en el porcentaje necesario como lo señalábamos recientemente habremos zafado en lo inmediato del temido "default", se aliviará sensiblemente el apretado calendario de pagos que tiene por delante el país en el corto plazo, se afirmará la confianza, mejorará el precio de los bonos públicos, se incrementarán los depósitos bancarios, se cumplirá con la condición necesaria para la liberación de fondos comprometidos por organismos internacionales y por efecto reflejo operará en forma automática una cierta reactivación productiva. Que nadie espere, por supuesto, que pasaremos de la noche a la mañana de la fase de recesión económica a la de la multiplicación de los peces y de los panes. Pero que tampoco se diga que por ello el éxito de la propuesta, que será del buen criterio, del buen manejo por la conducción económica de una negociación compleja a la que quiso tirarle barro un inconsciente que quiere fervientemente tener razón cuando afirma que el país está fundido y se relame con ello, no da para que todos los uruguayos podamos sentirnos tranquilos y por qué no, optimistas. Es que si así no fuera, las durísimas reglas de juego nos dejarían en situación de incumplimiento, no contaríamos con los fondos prontos para conceder previstos en el acuerdo "stand by", no podríamos emitir bonos en el mercado porque sería imposible absorber una tasa de interés exorbitante, y quedaría comprometido el pago de sueldos, pasividades, créditos de los proveedores del Estado hasta que se recupere la confianza en el país lo que demandaría un tiempo imprevisible para renegociar la deuda, en un clima, además, de desconfianza, que podría tener consecuencias negativas en varios órdenes que son obvias, al tiempo que nos despediríamos también por un buen tiempo, de ser atracción para los inversores.

¿Nos va la vida en el asunto? ¿Es cuestión de vida o muerte? No. ¿Es la recuperación o el desastre? En el corto plazo, podría ser. Pero claramente la cuestión es entre el oxígeno y la asfixia, de la cual, para salir necesitaríamos al frente del Estado, en la conducción de las empresas y fuentes de trabajo, y en el manejo de las economías familiares, a un Winston Churchill redivivo.

Las señales son buenas. Por lo pronto, los contextos regionales ayudan. La opción que tiene por delante Argentina no muestra una confrontación en las políticas económicas de los dos posibles gobiernos, y se nota una tendencia a la estabilidad, y a la baja del dólar, lo que nos viene de perillas. Del otro lado Lula maneja con firmeza un esquema de economía general de mercado netamente liberal, apunta al estricto cuidado del gasto público, enfatiza que el saneamiento macroeconómico es presupuesto —o sea prioritario— a la fase de crecimiento, y les pasa por encima a quienes salen a enfrentarlo con estupideces dentro del P.T. Ello contribuyó aquí para que bajara el riesgo país, subiera la cotización de los bonos, y se aplaudiera, reconociéndolo abiertamente, el esfuerzo del gobierno desde el FMI, por parte de su Director del Departamento de Hemisferio.

Tengamos confianza pues en nuestro futuro, a pesar de Tabaré Vázquez y su mesa política, a excepción de Astori. El país habrá de superar esta instancia crucial, y de allí en adelante, en lo que depende del gobierno habrá que cuidar la conducta fiscal. Lo demás lo tendremos que poner en parte todos y cada uno de nosotros, y la suerte del destino de Argentina, porque Brasil va muy bien encarrilado.

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